A la memoria de Antonio María Valencia
En 1935 el Municipio de Cali invitó a los
ingenieros y arquitectos activos en la ciudad a participar en un concurso para
el diseño de las instalaciones definitivas del Conservatorio, fundado pocos
años antes por el maestro Antonio María Valencia quien veía en la arquitectura
de la sede un avance real en la promoción de las nuevas formas artísticas en
general. Pero solo tuvieron 27 días para “formular, pensar, estudiar, madurar y
dibujar el anteproyecto..." (Relator, 7 de Junio de 1935). Al no llegarse
a ninguna decisión, al año siguiente Valencia impulsó desde Bogotá, y con el
apoyo del Ministerio de Educación Nacional, el que sería el proyecto
definitivo, del ingeniero antioqueño Gabriel Villa Hausler de la firma Gómez
& Villa. La construcción del edificio, calculado por el ingeniero Arturo
Yusti, atravesó enormes dificultades, pero el empeño puesto por el maestro
Valencia consiguió que fuera finalmente terminado y dotado en 1939 por el
Departamento, entonces bajo la progresista y culta gobernación de Demetrio
García Vásquez, al que se había trasladado la iniciativa del proyecto.
Conocido por todos en como el Conservatorio, a
secas, es el primer edificio moderno público importante de la ciudad, y el
primero que se levantó por fuera de su casco tradicional. El arquitecto e
historiador Carlos Niño considera que su "indudable tono moderno y
racionalista" fue muy temprano en comparación con la generalidad de la
producción arquitectónica colombiana. Por su parte el arquitecto y crítico
Francisco Ramírez bien dice que era innovador en muchos aspectos. “No solo
dejaba la estructura a la vista sino que técnicamente era muy atrevido con
losas en grandes voladizos muy delgadas, a la manera de marquesinas y cáscaras
de hormigón en la cubierta que proveían de iluminaciones cenitales a muchos de
los espacios [en realidad unos pocos].
En el último piso donde se disponían los talleres de artes plásticas la
fachada remataba en una semi-bóveda de bloques de vidrio [hoy desaparecida],
la que se repetía en la parte posterior de estos, sobre el gran auditorio”.
La parte semicircular que da al rió, en su forma
original, como se puede ver en el libro de Alberto Lenis Burckardt
(Retrospectiva fotográfica del Valle del Cauca), recuerda el tratamiento de
“pilotis” de la Ville Savoye de Le Corbusier de 1928. Seguramente al maestro
Valencia no habría aprobado el que se eliminara el aporticado y se eliminaran
sus ventanas, ignorando lo peculiar de la estética del edificio, para obtener
mas espacio “útil” o pretendiendo “actualizarlo”. Por lo contrario, el bello
cuerpo lateral que antes le había agregado el arquitecto Heladio Muñoz le dio
al conjunto la imagen total que mal que bien aun conserva pese a algunas de las
modificaciones que posteriormente se hicieron. Pero lo mas grave fue sin duda
que el Municipio le robara su antejardín, para ampliar la calle 8ª y su curva
con la Av. 4ª N, la que quedó pasando justo por debajo de la esquina del muevo
bloque.
Seria interesante que el maestro Mario Gómez
Vignes, biógrafo de Valencia, nos ilustrara mas sobre sus gustos en
arquitectura, pero desde luego es comprensible, después de oír su bella música,
que se decidiera por la moderna pese ha estar en una ciudad que no había salido
aun del eclecticismo moderno-historicista con el que marcó a inicios del siglo
XX su paso de población todavía colonial a pequeña pero pujante capital,
gracias a la creación del Departamento del Valle del Cauca y la apertura del
Canal de Panamá y posterior llegada del tren desde Buenaventura. Es seguro que
el maestro Valencia estaría profundamente molesto con las circunstancias
actuales del Instituto Departamental de Bellas Artes, al que se pretende
recortarle de un día para otro una importante parte de su presupuesto de
funcionamiento. Que decepción que después de haber regresado de París, en donde
estudió y fue reconocido como talentoso pianista, para ayudar a convertir esta
ciudad de comerciantes y terratenientes en una tambien culta, viera como Cali
es cada vez mas grande pero menos educada.
Columna publicada en el diario El País de Cali
14.11.2002