22.12.2012 No más políticos (corruptos y clientelistas)

Siguiendo a Adrian Pierce Rogers (1931- 2005) pastor estadounidense, que sostenía que así como lo que recibe una persona sin haber trabajado para obtenerlo, otra deberá haberlo producido sin recibirlo,los politiqueros no puede entregar nada, si antes no se lo ha quitado a otro, pues no se puede multiplicar la riqueza dividiéndola. Y por su parte los narcopoliticos apenas se reparten la parte del león entre ellos dejándoles espejitos de colores y migajas a los que votaron por ellos.

Pero lo peor de la demagogia de dar servicios “gratis” y ni se diga casas, es que cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, es el fin de cualquier nación, dice Rogers. Y que es, precisamente, lo que ha generalizado la cultura mafiosa en el país.

De ahí que sea urgente la reforma a fondo de Congreso, Asambleas y Concejos, para que se entienda la participación en ellos como un honor y un deber, no como una carrera proclive a la corrupción y el clientelismo. De ahí que los congresistas, diputados y concejales deben cumplir sus mandatos por no más de dos legislaturas y después buscar otro empleo. Y por supuesto deben cumplir las mismas leyes que el resto de los colombianos, por lo que debe cesar su fuero.

Se ha propuesto también que sean unos asalariados mas, con su respectiva jubilación exclusivamente de su mandato. Que contribuyan a la Seguridad Social como todo el mundo. Que el fondo de jubilación del Congreso pase al régimen vigente de la Seguridad Social y que los congresistas participen de sus beneficios como todos los demás ciudadanos. Y que no tengamos que oír jamás el cinismo del “usted no sabe quien soy yo ni con cuantos votos me eligieron”.

Igualmente, que el fondo de jubilación no pueda ser usado para ninguna otra finalidad, y que los congresistas paguen su plan de jubilación, como todos los colombianos. Que no puedan votar su propio aumento de salario, y que participen del mismo sistema de salud que los demás colombianos. Y deberían tener sus propios vehículos y pagar la gasolina que consuman, o movilizarse en el transporte publico como todo el mundo, untándose de los problemas de todos.

Finalmente, así como solo hay un Concejo para cada ciudad y una Asamblea para cada departamento, debería haber un Congreso unicameral para el país, y la única forma de lograrlo es votar en blanco: solo elegir senadores o representare, habría que escoger cuales, pues nunca el actual Congreso se auto reformaría. Y no creer, siguiendo a Rogers, que sea posible que los criminales se auto condenen por mas arrepentidos que estén y mas promesas que nos hagan.

Como se viene diciendo hace años, al país se lo están robando, y ya comenzamos a gritar que cojan al ladrón, pero seguimos votando por ellos. De ahí la importancia del voto en blanco, pero tendríamos que comprarlos, como se compran los otros votos, pero no con un bulto de cemento o una promesa falsa, sino con criticas e ideas. Lo único que queda, aprovechando que el mundo no se acabó el viernes pasado, es educar, lo que nos iguala, para que, precisamente, no acabemos con él.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 22.12.2012

02.12.2013 Columnas

Las columnas de prensa son, no sobra repetirlo, artículos, firmados, en un periódico o revista, impresos o por Internet, que se renuevan cada cierto tiempo, siendo diarias (aquí no las hay como tales), semanales, quincenales o mensuales, ofreciendo una opinión o punto de vista sobre un tema de actualidad. Pero igualmente se debe considerar en ellas al menos también su oportunidad, escritura, brevedad y humor además de la pertinencia del tema.

Es decir, además de su conveniencia de tiempo y lugar, como lo son cada ocho días las columnas de Antonio Caballero o Daniel Coronell en la revista Semana, siempre pertinentes. Pero igualmente son oportunas las que dicen cosas nuevas de viejos sucesos, como las de Héctor Abad en El Espectador, y desde luego las que hablan de otros lugares y cosas como las de Umberto Eco en El Espectador o Jorge Ramos en El País, por ejemplo.

Su asunto o materia es básico y, como dice el famoso columnista inglés Paul Johnson (Al diablo con Picasso, 1996), en las columnas de opinión no se deben tratar intimidades ni problemas personales ni familiares ¡hay quienes hasta dan informes sobre su salud! pero solo muy de vez en cuando es pertinente decir algunas cosas del autor. Sin embargo a veces sí que es necesario decir algo de las columnas mismas, y de ahí esta, precisamente.

Su redacción y estilo, su poesis (no su poesía, en la que no deben intervenir los correctores de estilo, igual que en el “exceso” de erudición), es clave como en las impecables columnas de Caballero, o las de Daniel Samper Pizano en El Tiempo. O las de Julio Cesar Londoño en El País o El Espectador, que se pueden leer por el puro placer de hacerlo pues son como buenos cuentos, y uno termina por enterarse de cosas buenas o malas y de las sesudas criticas que el autor les hace a esas cosas. Incluso algunas son puros cuentos (como, Ernesto Roth, de Londoño en El País, 25/10/2013).

Y está la extensión de las columnas: como se sabe, lo bueno si breve dos veces bueno. Pero desde luego se precisa de tiempo para escribir breve; ya lo dijeron Descartes, Pascal, George Bernard Shaw y Don Juan de Austria después de Lepanto para no cansar al Rey “con una misma lectura tantas veces”. Porque hay columnas que además de largas parecen aun mas largas, como las de William Ospina en El Espectador, quien parece que se tomara su tiempo no para hacerlas breves sino mas largas; como lo son todas las de los economistas así sean cortas.

Igualmente, la jovialidad y agudeza es indispensable en una buena columna, por lo que siempre deberían tener algo de humor. O mucho, como las de Klim, o ahora las de Daniel Samper Ospina, en las que uno se entera rápido de lo que pasa en Colombia y además se ríe. Columnas de humor las llaman, pero lo que son es con humor . Aunque a veces en las de politiquería, no queda sino la burla, y en temas como la arquitectura y el urbanismo sólo cabría el sarcasmo.

Finalmente, en las columnas sobre farándula, espectáculo, cine, moda, etiqueta o deportes -las mas leídas-, desde luego se debe también considerar tema, oportunidad, escritura, brevedad y humor; inclusive en las de sexo, que son pornografía disfrazada de erotismo, en las que el tema no es lo que saca la cara. Como eran de buenas esas en El Tiempo que comenzaban con tiernas preguntas como “¿Doctora, Ud. cree que hay algo malo en que les haga el amor y después me las coma?” “ No se preocupe -contestaba oronda la ilustrísima Dra. Lucía Náder- tome Alka Zelzer”.

Columna publicada en el portal de opinion www.programalallave.com. 02.12.2013