Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
26.12.2002 Los toros en Cali
"Que en las funciones de fiestas salgan los
encierros de toros y a capitanear con ellos a los matachines" recuerda
Gustavo Arboleda (Historia de Cali ) que se decía en la Colonia, pues la fiesta
llegó aquí con Sebastián de Belalcázar y los toros mismos no mucho después.
En la Plaza Mayor, además del mercado, habría
ocasionalmente y acorde con la pobreza de la villa, cabalgatas, procesiones,
desfiles, contradanzas, remates, edictos y presentación de armas. Para las
fiestas se cercaba con madera su contorno, se levantaban palcos y, en medio de
coloridos vestidos, banderas y gallardetes, se rezaba el Tedeum y caballeros
montando a la jineta quebraban cañas y corrían toros. Estos fueron en la Nueva
Granada la parte galante de las festividades civiles y religiosas. Con ellos se
celebraban coronaciones de reyes y nacimientos de infantes, se festejaban los
santos patrones y se agasajaban presidentes y obispos. Fue una fiesta
integradora que caló hondo, dice Pablo Rodríguez (Los toros en la colonia ), y
en la que cada uno demostraba el lugar que ocupaba en la sociedad. En los
toros, anota, se ve la particularidad de las colonias: mientras en España se
los prohibía, aquí reviven y los indígenas llegaron a desarrollar formas
particulares de lidia.
El
uso festivo de la Plaza Mayor, que implicaba un espacio abierto, luminoso,
llano y vacío para diversas actividades, se suprimió con la Independencia, como
dice Edgar Vásquez (Historia del desarrollo urbano de Cali ). Su arquitectura
colonial (mudéjar americana) fue abandonada casi un siglo después por la
llamada republicana (un modernismo historicista), primero, y, luego, por la
moderna. Su nombre se cambió por el de Plaza de la Constitución, se sacó el
mercado semanal y se prohibieron las fiestas, las carreras de caballos y las
corridas de toros. Para realizarlas se adecuaron provisionalmente algunos lotes
en Santa Rosa. Más tarde la plaza, a pesar de haber sido convertida en parque,
se llamó Plaza de Caicedo (como está en el pedestal del prócer), y las corridas
tuvieron lugar en un primer coso, en Juanambú, frente al hoy tradicional
"café de los turcos", en donde permanece aún su portada. Esta fue
reproducida hace unos años en la Plaza de Cañaveralejo, que carece de una
verdadera entrada, que fue la que en 1957 se construyó en cambio de la prevista
detrás del hipódromo de San Fernando en el "Plano del Cali futuro" de
Wiener y Sert, realizado poco antes.
Las
Ferias de Cali se iniciaron ese año, tras la caída de Rojas Pinilla. El evento
se centró, como siempre a lo largo de la historia de la ciudad, en las fiestas
populares y los toros, como anota Cesar Castillo (El Arte y la Sociedad en la
historia de Cali ). Ya son 45 años de temporadas ininterrumpidas en
Cañaveralejo, toda una tradición. Pero lamentablemente la arquitectura de la
plaza (Camacho y Guerrero, y González), cuya estructura contundente le mereció
ser declarada Monumento Nacional en 1994, no es la mejor para un espacio que
necesita mayor intimidad. Su ligero tejadillo, como de estación de tren, y su
excesivo ruedo, pese a las dos nuevas filas con toldos como de café barato que
se improvisaron cuando acertadamente se redujo su diámetro, lo impiden. Sus
alrededores son decepcionantes. Para peor de males se retrasó el inicio del
espectáculo, dizque para que puedan almorzar sin afanes los aficionados, con el
resultado de que al cuarto toro ya no hay sol, y con el se van las sombras y
los ramalazos intensos de luz en el público y en los rostros señeros e
inclinados de los toreros que buscan así evitarlo; al quinto los trajes de
luces se vuelven como de cabaret con el resplandor de los reflectores, y ya en
la oscuridad son muy molestos sus reflejos.
Como dice Antonio Caballero, se necesitan toros,
toreros y públicos para una buena corrida; pero tambien buenas plazas para
conseguir un ambiente adecuado. En él, el recogimiento y la luz del sol juegan
un papel primordial; dos condiciones, además de la lluvia, que en el trópico
son diferentes a las de la Península Ibérica. Tal vez por eso los toros en Cali
siempre serán distintos
Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
12.12.2002 El sueño de Doña Rosita
Sin duda debemos estar agradecidos y mucho por
los árboles que ella sembró y cuidó con pasión en La Recta, entre Cali y
Palmira, principalmente en el separador pero tambien a los lados, a lo largo de
muchos años. Fue una tarea ardua pues la banca de la carretera no era el mejor
suelo para ellos y no contó casi con ayuda; por lo contrario, una vez hasta la
asaltaron. Pero lamentablemente no se asesoró con expertos en autopistas (a lo
mejor ni siquiera los había en esa época aquí) o simplemente con conocedores
del tema, y se empeñó en sembrarlos muy cerca de los bordes de las calzadas aunque
del entonces Ministerio de Obras Públicas le advirtieron su inconveniencia
cuando todavía era oportuno. Paradójicamente la tenacidad que le permitió
sembrarlos le impidió hacerlo debidamente.
Cuando
los árboles crecieron comenzaron a afectar la base de la carretera y a ser
golpeadas sus ramas repetidamente por los camiones dañándolos y ocasionando
accidentes cuando la lluvia descuelga aun mas las ramas. Muy complicados de
podar sin interrumpir parcialmente el tráfico, poco a poco los golpes fueron formando
un “túnel” verde cada vez mas cerrado y monótono que angosta el espacio de las
calzadas y las llena de sombras pequeñas y seguidas, y por eso molestas,
disminuyendo no tanto la seguridad de la circulación (que se debería garantizar
con bardas metálicas) sino la sensación de amplitud, imprescindible para los
conductores en una vía que algún día, cuando sea una verdadera autopista, será
rápida (su límite actual de 80 kilómetros que nadie cumple es ridículo) y
tendrá tres carriles en cada sentido.
Por
supuesto, la solución es quitar los árboles que están justo al lado de las
calzadas y algunos de los que están muy juntos en el centro del separador pues
es conveniente, igualmente por seguridad, que no esté totalmente oculto el
tráfico en sentido contrario. Además no son indispensables para interceptar las
luces de los carros por la noche pues el separador es suficientemente ancho y,
en donde no lo es, es mejor taparlas con bardas metálicas. La realidad es que
los pocos trayectos en donde hay menos árboles y están mas separados,
permitiendo ver el paisaje detrás de ellos y a ambos lados de la vía, son sin
duda mucho mas agradables y seguros y deberían tomarse como ejemplo para el
resto.
Simplemente
habría que ver como son las autopistas en otras partes y dejar de improvisar.
En las verdaderas el tráfico se mueve a velocidades uniformes en calzadas de
pavimento continuo con amplias zonas totalmente despejadas, curvas y pendientes
suaves. Su seguridad está no tanto en limitar la velocidad máxima sino en establecer
una mínima; por eso únicamente están autorizadas a vehículos que la puedan
sostener, los que solo pueden parar en las bermas derechas en caso de daño, y
por eso hay que evitar cualquier clase de obstáculos en la vía. Son estas las
razones por las que imperativamente deben ser cerradas. Conducir por una
autopista debe ser plácido no solo por el placer sino por la seguridad. Por eso
existen bermas a ambos lados (y no solo la derecha para parar) y deben ser
amplias sus cunetas y con el mínimo de objetos; a duras penas las señales
verticales. Los árboles deben estar después, suficientemente retirados.
En La Recta hay que quitar, pues, los árboles
que sea necesario quitar pero ni uno mas. No solo embellecen la vía sino que ya
están allí y con mucho esfuerzo. Pensar en reemplazarlos por otros, como se ha
dicho, deja la preocupación de si no estarán pensando en las maticas y
florecitas que se encuentran en algunas partes del separador de la doble
calzada de Buga a Tulua. De sus concesionarios no se puede esperar nada bueno
como lo indica el hecho, que debería ser escandaloso, de que hayan iniciado
nuevos trabajos pese a que irresponsablemente no han terminado muchos de los
acometidos años atrás. Es como si no fuéramos capaces de mejorar las cosas sin
dañar, destruir o abandonar lo que ya existe. Que vergüenza que no seamos
capaces de hacer nuestro el sueño verde de Rosa Cadavid de Arboleda ahora que
ya no está para defenderlo
Columna publicada en el diario El País de Cali 12.12.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali 12.12.2002
14.11.2002 Bellas Artes
A la memoria de Antonio María Valencia
Conocido por todos en como el Conservatorio, a
secas, es el primer edificio moderno público importante de la ciudad, y el
primero que se levantó por fuera de su casco tradicional. El arquitecto e
historiador Carlos Niño considera que su "indudable tono moderno y
racionalista" fue muy temprano en comparación con la generalidad de la
producción arquitectónica colombiana. Por su parte el arquitecto y crítico
Francisco Ramírez bien dice que era innovador en muchos aspectos. “No solo
dejaba la estructura a la vista sino que técnicamente era muy atrevido con
losas en grandes voladizos muy delgadas, a la manera de marquesinas y cáscaras
de hormigón en la cubierta que proveían de iluminaciones cenitales a muchos de
los espacios [en realidad unos pocos].
En el último piso donde se disponían los talleres de artes plásticas la
fachada remataba en una semi-bóveda de bloques de vidrio [hoy desaparecida],
la que se repetía en la parte posterior de estos, sobre el gran auditorio”.
La parte semicircular que da al rió, en su forma
original, como se puede ver en el libro de Alberto Lenis Burckardt
(Retrospectiva fotográfica del Valle del Cauca), recuerda el tratamiento de
“pilotis” de la Ville Savoye de Le Corbusier de 1928. Seguramente al maestro
Valencia no habría aprobado el que se eliminara el aporticado y se eliminaran
sus ventanas, ignorando lo peculiar de la estética del edificio, para obtener
mas espacio “útil” o pretendiendo “actualizarlo”. Por lo contrario, el bello
cuerpo lateral que antes le había agregado el arquitecto Heladio Muñoz le dio
al conjunto la imagen total que mal que bien aun conserva pese a algunas de las
modificaciones que posteriormente se hicieron. Pero lo mas grave fue sin duda
que el Municipio le robara su antejardín, para ampliar la calle 8ª y su curva
con la Av. 4ª N, la que quedó pasando justo por debajo de la esquina del muevo
bloque.
Seria interesante que el maestro Mario Gómez
Vignes, biógrafo de Valencia, nos ilustrara mas sobre sus gustos en
arquitectura, pero desde luego es comprensible, después de oír su bella música,
que se decidiera por la moderna pese ha estar en una ciudad que no había salido
aun del eclecticismo moderno-historicista con el que marcó a inicios del siglo
XX su paso de población todavía colonial a pequeña pero pujante capital,
gracias a la creación del Departamento del Valle del Cauca y la apertura del
Canal de Panamá y posterior llegada del tren desde Buenaventura. Es seguro que
el maestro Valencia estaría profundamente molesto con las circunstancias
actuales del Instituto Departamental de Bellas Artes, al que se pretende
recortarle de un día para otro una importante parte de su presupuesto de
funcionamiento. Que decepción que después de haber regresado de París, en donde
estudió y fue reconocido como talentoso pianista, para ayudar a convertir esta
ciudad de comerciantes y terratenientes en una tambien culta, viera como Cali
es cada vez mas grande pero menos educada.
Columna publicada en el diario El País de Cali 14.11.2002
En 1935 el Municipio de Cali invitó a los
ingenieros y arquitectos activos en la ciudad a participar en un concurso para
el diseño de las instalaciones definitivas del Conservatorio, fundado pocos
años antes por el maestro Antonio María Valencia quien veía en la arquitectura
de la sede un avance real en la promoción de las nuevas formas artísticas en
general. Pero solo tuvieron 27 días para “formular, pensar, estudiar, madurar y
dibujar el anteproyecto..." (Relator, 7 de Junio de 1935). Al no llegarse
a ninguna decisión, al año siguiente Valencia impulsó desde Bogotá, y con el
apoyo del Ministerio de Educación Nacional, el que sería el proyecto
definitivo, del ingeniero antioqueño Gabriel Villa Hausler de la firma Gómez
& Villa. La construcción del edificio, calculado por el ingeniero Arturo
Yusti, atravesó enormes dificultades, pero el empeño puesto por el maestro
Valencia consiguió que fuera finalmente terminado y dotado en 1939 por el
Departamento, entonces bajo la progresista y culta gobernación de Demetrio
García Vásquez, al que se había trasladado la iniciativa del proyecto.
Columna publicada en el diario El País de Cali 14.11.2002
10.10.2002 Los mellizos de Luxor
Mohamed Ali, Virrey de Egipto, buscando el
soporte de los franceses, le regaló en 1829 a Carlos X uno de los mellizos
ordenados por Ramenesses II El Grande para precidir los pilonos exteriores del
templo de Luxor, aunque allá dicen (criticando el asunto) que lo cambió por el
reloj de la Mezquita de Alabastro de El Cairo. De 220 toneladas, 25 metros de
altura y 3.300 años de antigüedad, llegó a París cuatro años después, ya en
tiempos de Louis Philipe, junto con dos de las seis estatuas que los
acompañaban. Fue instalado en la Plaza de la Concordia, rebautizada así después
de que El Terror había guillotinado allí 1.343 cabezas a partir de 1793. A
Inglaterra, buen diplomático que era, le dio el llamado “Aguja de Cleopatra”,
del templo de Heliopolis y ordenado en realidad por Tuthmosis III, cuyos 20.88
metros con toda seguridad ocultó a los ingleses, que lo instalaron en Londres
en el Thames Embankment.
El
obelisco, uno de los primeros símbolos de la arquitectura del antiguo
Egipto (R. H. Wilkinson: The Complete
Temples of Ancient Egypt), se originó en la adoración del sol en Heliopolis,
culto que posteriormente se extendío a todo el país. Muy comunes en el Nuevo
Reino, eran de un solo bloque de granito, engalanados con oro y eregidos con
frecuencia por parejas a la entrada de los templos, aunque tambien los hay en
los ejes centrales de los mismos, con ocasión de los jubileos reales, las
victorias y otros eventos notables, para demostrar la piedad de sus donantes.
Hay varias hipótesis pero no se sabe con certeza como eran levantados.
De los doce grandes que existen, solo permanecen
en Egipto el de Hatshepsut, único en su sitio de los cuatro que la Reina donó
al Gran Templo de Amun en Karnak, de 29.56 metros, pues dos desaparecieron y el
otro está en el suelo; el mellizo que aun preside el Templo de Luxor, de 22.50;
el de Senwosret I, en Heliopolis, de 20.41, y el de Tuthmosis I en Karnak, de
19.50, el más pequeño de los grandes. Además de los de París y Londres, quedan
cuatro en Roma: uno de Tuthmosis III, de 32.18 metros, en Piazza S. Giovanni;
otro, del que se desconoce quien lo ordenó, de 25.37, en Piazza S. Pietro; el
de Sethos I y Ramenesses II, de 23.20, en Piazza del Popolo, y el de
Psammetichus II, en Monte Citorio, de 21.79; dos más, ordenados tambien por
Tuthmosis III, están, uno en Estambul, originalmente de 28.95 metros, y otro,
de 21.21, en Nueva York, en Central Park.
Este pillaje cultural, antiguo como la
humanidad, lo inicio el rey asirio Ashurbanipal, quien se llevó dos a Ninive,
lo continuaron los emperadores romanos y, en el siglo XIX, alemanes, franceses
e ingleses salvaron así muchísimos restos arqueológicos que de otra manera
habrían posiblemente desaparecido o deteriorado aun más. La UNESCO ha planteado
(con escasísimos resultados, entre ellos el Guernica de Picasso) que hay que
devolver a sus países de origen las obras de arte, y sin duda habría que
iniciar una campaña mundial para juntar de nuevo los mellizos de Luxor, como se
ven en un grabado de principios del XIX en uno de los 36 volúmenes de
Description de l’Egipte. En la Plaza de la Concordia pueden poner en su
reemplazo uno de acero y vidrio, materiales tan caros a los arquitectos
franceses de hoy (aunque no siempre con éxito) después del acierto indudable de
la pirámide del Nuevo Louvre, del arquitecto sinoaméricano I. M. Pei.
Los mas altos del mundo están, como no, en
Estados Unidos. El de San Jacinto, de 1936, no es monolitico, tiene173,7 metros
de altura y conmemora la victoria estadounidense de 1836 en dicha Batalla. Y el
Monumento a Washington, en la capital, diseñado precisamente en1836 por Robert
Mills (1792-1855) y construido entre 1848 y 54. Tiene 170 metros de altura y es
de granito blanco, y, claro, tampoco es de una sola pieza: fue levantado no
erigido. El de Buenos Aires, a pesar de ser argentino, apenas mide 67 metros.
En Chihuahua hay varios en la ciudad y sus alrededores que no se sabe que hacen
alli. Cali tambien tuvo uno en donde terminaba la Avenida Colombia; era de
cemento y ladrillos y pequeñito y no estaba dedicado a ningún culto pero ahí se
daba la “vuelta del beso” y se miraba a lo lejos el “charco del burro”. Nadie
se lo llevó para ninguna parte ni lo cambiamos por nada: nosotros mismos lo
destruimos avergonzados de su antigüedad.
Columna publicada por el diario El País de Cali 10.10.2002
19.09.2002 Buenas noticias
Allí estaba, escondidita en el interior del
periódico: el gobierno colombiano iniciará una campaña para contrarrestar el
alarmante crecimiento de embarazos de adolescentes, el mas alto de América
Latina. Ciegos y sordos por prejuicios políticos, sociales o religiosos,
oscurantistas e hipócritas, hemos por años intentado tapar lo grave que ha sido
para el país su desbordada demografía, que si bien había disminuido
fuertemente, últimamente ha vuelto a aumentar.
Sus cantidades cada vez mayores generaron a
mediados del siglo XX una acelerada migración del campo, pueblos y pequeñas
ciudades a las más grandes, a las que la gente vino en busca de trabajo,
seguridad, educación, recreación y libertad, con el resultado de que, al
contrario de hace medio siglo, ya casi el 80% vivimos en ellas, y el 17% en la
capital. Pero no sabemos vivir juntos, nadie nos lo ha enseñado ni hemos tenido
suficiente tiempo para aprender solos; olvidamos los comportamientos del
campesino, que solo está con los demás en el mercado, las celebraciones y las
mingas, pero no adquirimos los del ciudadano sino los violentos de los
suburbios marginados. No respetamos el derecho de los otros, nos abrimos paso
como podamos pero no hacemos caminos al andar sino que destruimos las calles
que nos encontramos, hacemos lo que nos viene en gana cuando nos viene en gana.
Carecemos de educación ciudadana.
Bogotá ha demostrado que eso puede cambiar pero
no será completamente mientras sigan sin resolver los problemas sociales y
económicos, como lo demuestra, por ejemplo, el incremento reciente del
vandalismo allá. Además las inercias culturales son tenaces, y la nuestra es
una cultura no solo de mestizos sino híbrida, como lo ha anotado Néstor García
Canclini (Culturas híbridas / Estrategias para entrar y salir de la
modernidad), en la que el afán de modernidad de la clase dirigente la llevó a
recurrir al perverso y sumario procedimiento de que si no podíamos ser
sufientemente modernos al menos había que arrasar con lo tradicional. Su
principal blanco fue, entonces, el escenario de la cultura: la ciudad; con todo
lo que la desaparición del patrimonio urbano y arquitectónico implica para la
convivencia al eliminar la identidad de las distintas generaciones entre sí y
con sus calles, barrios o poblaciones.
Este
tema crucial, el del espacio público, además de otros relacionados con él como
la educación, la seguridad y los medios de comunicación, fue tratado por un
grupo grande de caleños auspiciado por la Escuela de Comunicación Social de la
Universidad del Valle, la Secretaría de Gobierno y los medios de comunicación.
Fue solo un inicio y por tanto sus conclusiones necesariamente tienden ha ser
incompletas y no suficientemente elaboradas, y preocupa que esos caleños preocupados
por su ciudad, aunque comienzan a hablar, permanecen ciegos y sordos: ni una
palabra sobre su ruido creciente y embrutecedor -al menos en lo que salió en el
periódico- y lo que proponen para sus parques es como si nunca hubieran visto
la lobería, mal gusto y torpeza de las intervenciones que se han hecho en el
espacio público desde los Juegos Panamericanos; algo de memoria tambien les
hace falta.
Pero pusieron nuevamente a gentes comunes a
hablar de su ciudad (en el pasado hubo otros intentos en esta dirección),
iniciativa indispensable y complementaria de los foros de especialistas y
lideres que se han hecho, ya que estos eventos solo servirán cuando se vuelvan
permanentes y abiertos y en eso los medios de comunicación juegan un papel
vital, pues no se trata apenas de reuniones y agendas (y buena voluntad) sino
que hay conformar una cultura ciudadana amplia y crítica que se exprese
polémicamente en los periódicos, la radio y la TV; y sobre todo en la acertada
elección de alcaldes y concejales. La Agenda Ciudadana que le proponen a la
Administración Municipal, mas que guía para este gobierno y los siguientes,
como pretenden (eso es trabajo de los funcionarios y no de sus electores), sí
puede ser, completada desde luego, una plataforma para la escogencia del
próximo alcalde; Cali lo necesita urgentemente.
Columna publicada en el diario El País de Cali 19.09.2002
12.09.2002 Las embajadas de los países nórdicos
Una de las obras mas interesantes y bellas de
las muchas que se han realizado en Berlín en los últimos años, ahora que es
nuevamente capital de Alemania, es un largo y alto muro, quebrado como solía
hacerlo el gran arquitecto finlandés Alvar Aalto, conformado por grandes
persianas de bronce verde, al lado del Tiergarten, el gran parque de la ciudad,
en un barrio en donde había antes de la Guerra diversas embajadas, entre ellas
las de Finlandia y Suecia, las que cedieron sus lotes adyacentes para el
proyecto. Adentro están, formando una plazuela y separadas por evocadores
espejos de agua, los edificios de cinco pisos de las misiones de Islandia,
Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca, mas un edificio de servicios comunes y
un parqueadero en el sótano. El conjunto fue el resultado de un concurso entre
arquitectos de la Unión Europea, que ganaron Alfred Berger y Tina Parkinen; y
cada una de las embajadas, el de otros entre arquitectos del respectivo país.
Interesante
ejemplo para los concursos de arquitectura en Colombia éste concurso, a varias
vueltas y escalonado. Fue similar al empleado en la Potsdamer Platz, también en
Berlín, en donde, a pesar de que hasta ahora no ha sido tan exitoso,
arquitectónicamente, ha producido mejores resultados que los insípidos edificios
de vidrio que rodean la Biblioteca Nacional de Francia y que terminaron por
quitarle todo ímpetu a sus cuatro torres tambien de vidrio, que hoy, desde el
centro de la ciudad, ya no se destacan en el paisaje parisino, al lado del
Sena, como fue su propósito. Los concursos de arquitectura bien realizados han
producido desde que existen importantes edificios, pero en Colombia, en lugar
de mejorarlos los hemos ido dañando, al punto de que ahora los deciden más los
abogados que los arquitectos.
Pero
lo mas importante es que ya se ha establecido en Europa una manera diferente
–civilizada- de intervenir arquitectónicamente en las ciudades. La información
previa y con suficiente tiempo sobre las obras que se piensa acometer, la
polémica ciudadana, la participación de profesionales calificados, los
concursos bien hechos y para todo, las reglamentaciones edilicias claras y
pertinentes, el respecto por el patrimonio construido e incluso por la simple
huella de lo anterior, la limpieza del paisaje urbano retirando cada vez mas la
publicidad del espacio público y el mantenimiento oportuno de lo que se hace,
contrastan con la atarbanería, la ignorancia y mal gusto con que seguimos
tratando a Cali, muchas veces con la mejor voluntad.
Muy
buenas todas las embajadas de los países nórdicos, sin embargo la mejor es la
de Finlandia, de Rauno Lehtinen, Pekka Mäki y Toni Peltola. Recién graduados,
era su primer concurso importante, fue su primer trabajo y ya han recibido
varios premios internacionales. El edificio, llamado “Kannel”, una variación de
“kantele”, un instrumento musical, cuenta con apenas 1.860 metros cuadrados y,
como los otros, es muy sencillo y evocador. Fue inaugurado en octubre de 1999.
Está construido principalmente con vidrio, metal y piedra en varias formas, y
madera, mucha madera, que alude al paisaje, los bosques y la arquitectura
tradicional finlandesa, y por supuesto concreto estructural.
Magnífico ejemplo, este, para los cinco países
bolivarianos o para los cuatro que formaron la Gran Colombia, o al menos para
Colombia y Panamá, que podrían tener una sola sede en Berlín o, incluso, una
única embajada ante la Unión Europea y consulados generales en sus distintos
países. No en vano compartimos la lengua, la religión, la arquitectura y en
general la cultura y los paisajes andinos, como tambien a Bolívar, y su bandera
(con excepción de Panamá y Perú), y casi que la moneda pues ya Panamá y Ecuador
funcionan con dólares americanos. Pero tal vez sería demasiado ahorro, y
Venezuela ya tiene su embajada ante Alemania en un bello palacete en Postdam, a
poco más de media hora del Reichstag; y de todas maneras no sería en Berlín
sino en Estrasburgo; y qué embajador querrá irse para allá, al fin y al cabo
tambien compartimos el subdesarrollo, que, como se sabe, es un problema mental.
Columna publicada en el diario El País de Cali 12.09.2002
04.07.2002 Los primeros, ve
Los caleños siempre queremos estar adelante. Al
entrar o salir de los ascensores nos agolpamos para ser los primeros y todos
tratamos de estar junto a la puerta; incluso nos subimos (de primeros, claro)
aunque el ascensor vaya para el sótano y nosotros para el ultimo piso. Nos
bajamos a las calzadas antes de mirar si podemos cruzar la calle; y no
esperamos a llegar a la esquina sino que lo hacemos por la mitad, y para llegar
de primeros lo hacemos corriendo. En los semáforos todos queremos emular a
Motoya y procuramos la "pol position"; incluso siempre hay alguno que
arranca mucho antes de la partida y todos los demás lo hacemos cuando la luz se
pone amarilla para la otra calle. Nos estacionamos lo mas adelante que podamos
aun cuando bloquiemos la entrada a donde vamos. Nos bajamos de los buses antes
de que paren y nos subimos cuando ya han arrancado, pero de primeros. En las
"colas" de los bancos, cines y sitios similares, nos agolpamos
enfrente de las taquillas y pasamos documentos por encima de los que nos
ganaron la delantera y preguntamos sin importar que el funcionario este ocupado
con otro; en fin, le respiramos en la nuca al que se atreve a estar adelante.
Todos queremos tener la música mas alta de la cuadra. Invadimos los
antejardines para que nuestras casas queden lo mas adelante posible; despues
invadimos los andenes, y como son tan pequeños pues las calles mismas.
Pero
la realidad es que los caleños llegamos tarde a todo y cada vez estamos mas
atrás. Nunca hemos tenido un presidente (Sanclemente era bugueño) y solo de vez
en cuando un candidato o un ministro. Nos contentamos con viceministros. No hay
un sindicato vallecaucano como el de Antioquia. Jorge Isaacs, amargado por sus
coterráneos, no quiso saber nada mas de su terruño. A Edgart Negret no lo
consideramos caleño porque nació en Popayan, lo mismo, tal parece, pasa con
Eladio Muñoz. A Jaime Aparicio cada vez lo olvidamos mas. Aquí nunca hubo un
Rodolfo Llinas y si lo hay no lo reconocemos. Tumbamos las casas de Borrero
Zamorano y Giovanelli y pintarrajamos sus edificios (eso si, menos mal, con
colores pasteles) pese a que son de la mejor arquitectura moderna de mediados
del siglo XX en el país. La Universidad del Valle dejo ir a Jorge Orlando Melo
y a Alvaro Camacho, entre otros, y German Colmenares se hubiera ido tambien si
no se muere antes. El periodico El Pueblo se acabó y con él se fue Daniel
Samper. Dejamos solos a Maritza Uribe y Enrique Buenaventura. Y así. Las
industrias y cadenas hoteleras internacionales emigran y los ingenios
azucareros cada vez pertenecen menos a Cali. Pero ¡que maravilla! tenemos dos
Mac Donals, siempre "open" como en Miami y un Trasmilenio, como en
Bogotá, aunque sea de mentiras.
¿Por
que no nos damos por enterados de lo que esta pasando en nuestras narices? La
falta de liderazgo en esta ciudad es abrumadora: los líderes en ciernes no los
seguimos o dejamos solos o rápidamente se desbaratan, corrompen, enloquecen,
aburren, terminan en la cárcel o se van para Bogotá en donde se bogotanisan
apenas dejan de comer "pam". ¿A que se debe nuestra apatía? A nadie
parece importarle, por ejemplo, quien va a ser el próximo alcalde o gobernador.
Margarita Londoño desapareció como deshojando margaritas, Gustado de Roux se
callo como si Cali ya no lo necesitara, y Gustavo Alvarez Gardeazabal ahora
solo sueña con su montón de votos que se le desvanecieron en el humo. En La
Sagrada Familia, de Marx y Engels, hay una frase ejemplar: "Si el hombre
es formado por las circunstancias, entonces, hay que formar las circunstancias
humanamente." Es precisamente lo que no hacemos; por lo contrario
entregamos la ciudad y la región a los mediocres o corruptos; dejamos que la
cultura del narcotráfico, y con ella su pavorosa estética, las penetraran
obcenamente por todas partes. Entre nosotros lo primero que se deja ver es que
no somos los primeros sino los últimos; pero aqui nadie lo ve...tal vez por eso
nos vemos de primeros; al fin y al cabo gano el América,ve.
Columna publicada en el diario El País de Cali 04.07.2002
20.06.2002 Ud. está a favor o en contra (o todo lo contrario) de:
La educación ciudadana y artística para todos. El
deporte aficionado. La educación bilingüe y mixta. La investigación científica,
técnica e histórica. La búsqueda de inteligencia extraterrestre.
La
legalización del aborto, las drogas, el suicidio y la muerte digna. La
ingeniería genética. La donación y clonación de órganos. El seguro médico
obligatorio para todos los trabajadores.
La
unión libre. El control de la natalidad. Las uniones bisexuales. La separación
total de la (s) iglesia (s) y el estado.
La
cadena perpetua. El aumento de las penas a los reincidentes. El castigo fuerte
del vandalismo, el desacato a las señales de transito, y para el que da y no
sólo para el que recibe. La casa por cárcel pero con chip localizador. El
fortalecimiento y desmilitarización de la policía.
Las
zonas de libre comercio con moneda y pasaporte únicos. Las medidas radicales
anti monopolio. La simplificación y generalización de los impuestos. El aumento
del número de los ciudadanos que los pagan.
El
pago del trabajo por horas. El salario integral. La abolición de los festivos y
de su salario triple. El reemplazo del derecho de huelga por las decisiones de
un tribunal de arbitramiento. El aumento del salario mínimo. El subsidio de
desempleo. La orientación a los desempleados hacia otros tipos de trabajo. La
bolsa nacional de empleos.
La
expropiación de los terrenos que rodean las ciudades. Las zonas metropolitanas.
La ciudad-región. La no "urbanización" del campo. El aumento
considerable de los parques naturales. La eliminación total (progresiva) de la
contaminación atmosférica, visual y auditiva. La ecoeficiencia obligatoria. La
abolición de la división por estratos de la vivienda. El transporte masivo
rápido seguro y agradable. La ampliación y arborización adecuada de los
andenes. La semaforización de las esquinas para los peatones y no solo para los
carros. La restricción de su uso en los centros de las ciudades. La prohibición
de los vidrios oscuros y del pito salvo casos de emergencia. El seguro
obligatorio de robo y accidente.
La
prohibición de los edificios innecesariamente altos y de las culatas de
cualquier altura. La prohibición de los antejardines abiertos y los voladizos
corridos. La paramentación obligatoria y las alturas uniformes por sectores. La
recuperación de las plazas como plazas y los parques como parques. La
arquitectura sin barreras.
La
abolición de los privilegios de las minorías, salvo ancianos, embarazadas,
sordos, invidentes y discapasitados. La prohibición de la discriminación
racial, de genero y sexual (pues no es lo mismo), y de nacionalidad u origen
(que tampoco lo es), o por creencias o edades.
La
actualización de la división político administrativa. La reelección de alcaldes
y concejales. El aumento del periodo del presidente y los gobernadores. La
reducción del senado, cámara, asambleas y concejos. La no reelección de
congresistas y diputados. La paridad de género en los cargos públicos. El voto
solo para los que pagan impuestos, y por internet.
La prohibición de industriales y
financistas en los medios de comunicación. El derecho de rectificación en las
mismas condiciones de la noticia falsa o incompleta.
La
abolición del ridículo "doctor (a)", menos para los que de verdad lo
son, y la adopción del Sra., Srta y Sr. para todos los demás. La abolición
definitiva de la corbata (y las corbatas). El buen uso alternativo de escotes
delanteros y traseros, minifaldas, pantaloncitos calientes y descaderados. La
disminución de las tetas. La prohibición del uso en público de shorts en
hombres peludos de más de 25 años y hasta menos, sobre todo si son bogotanos en
tierra caliente picados por los zancudos y rojos por el sol.
El
uso único y generalizado del sistema internacional de medidas y la
simplificación de la ortografía, el calendario y el "ellos", para
seguir designando tambien a ellas.
Columna publicada en el diario El País de Cali 20.06.2002
06.06.2002 El taller internacional de Cartagena
Hace
15 años este pequeño taller de verano, bajo la dirección de Ernesto Moure, se
ocupaba del patrimonio de la ciudad ampliando estudios hechos por la
Universidad de los Andes. Difícil imaginar que se convertiría en un experimento
impresionante que, con otros tambien ideados por su decano de entonces, Carlos
Morales, transformarían la enseñanza de la arquitectura en Colombia. En su
ultima edición, en julio del año pasado y bajo la dinámica dirección (ya hace
varios años) de Carlos Campuzano, 132 estudiantes, la mitad de ellos de países
vecinos, venciendo diferencias de formación, estudios, lengua y por supuesto
personales, lograron en cuatro semanas frenéticas 32 complicados proyectos, más
interesantes y completos que los comunes de un semestre en las escuelas, y
aprendieron más y también de otras cosas.
Allí
se enseña, aprende y forma vitalmente con autodiciplina, tensión y placer. Nada
es obligatorio pero todo es a tiempo. Las visitas a obras, los debates,
seminarios, conferencias y correcciones con profesores de reconocido prestigio
y de diferentes generaciones y origen, y la presencia de historiadores y
arquitectos que han participado antes, lo convierten en todo un foro
internacional. Las enseñanzas de Rogelio Salmona, invitado permanente, aunque
poco vaya, rondan el taller indicando caminos propios a seguir. El tema no es
el patrimonio construido sino el por construir: edificios de nueva planta
dentro de la ciudad amurallada. La arquitectura como parte de la ciudad y no
como objeto escultórico autónomo. Varios programas en diferentes lotes
multiplican los problemas que implican nuevos usos y viejas tradiciones, gentes
nuevas y contextos urbanos antiguos, y su historia, clima y paisaje.
Las
propuestas reflejaron la procedencia de los estudiantes que tomaron la
incitativa en el diseño, evidenciando las influencias y el estado de la
arquitectura y su enseñanza en sus países y ciudades de origen. Aunque muchos
propusieron edificios algo grandes y aparatosos, fueron sin duda muy útiles
para el debate sobre cual debe ser hoy nuestra arquitectura. Inquieta que la
referencia común en Iberoamericanos sean solo las revistas españolas, a pesar
de las muy buenas que hay en estos países, pero que son prácticamente
desconocidas por estudiantes, arquitectos y profesores. Y ni hablar del
desconocimiento de la arquitectura diferente a la del mundo llamado
desarrollado, pese a compartir con ella antiquisimas tradiciones, climas,
paisajes y recursos. Además, poco se estudian planos y raramente se conoce la
implantación de los edificios en las ciudades respectivas. Solo se ven imágenes
fotográficas muchas de ellas trucadas. No buscamos las variaciones pertinentes
a nuestras circunstancias sino que seguimos dócilmente las formas que nos
llegan de las metrópolis. Entre nosotros es arduo indicar salidas sensatas pues
estamos acostumbradas a que casi todo viene de afuera. Producto de la
transculturación, difícilmente la entendemos. Afortunadamente hay prometedoras
excepciones, como precisamente se ventilaron en el taller de Cartagena.
Es
previsible este julio el taller sea aun mejor, que deje trabajos importantes
para la ciudad, como al principio, al tiempo que estimulantes propuestas y
reflexiones. Que crezca incluyendo estudiantes y profesores de más ciudades y
países hasta donde quepan mesas de dibujo en el larguisimo salón republicano
del segundo piso del Museo Naval del Caribe, sede del evento, al lado de la
muralla. De Cali solo asistieron hace un año dos estudiantes de la Universidad
del Valle; uno becado por los Andes (otro tambien lo fue hace años), y otro
pagando. Ojalá ahora vayan más. Allí, profesores, visitantes y estudiantes se
dedican con pasión pero con humor a la magia de imaginar edificios maravillosos
en ese portento de ciudad. Da esperanzas el que tantas personas encuentren
tanto placer en la arquitectura y las ciudades. En julio Cartagena será una
fiesta; que bueno que algo de ella al menos se oyera en Cali.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 06.06.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali. 06.06.2002
23.05.2002 Los candidatos y las ciudades
Uribe
sabe que para reactivar la construcción hay que devolverle capacidad
adquisitiva a la economía. Cree que la vivienda facilita que los pobres accedan
a la propiedad. Propone 400.000, cuyo costo no exceda de inflación más seis
puntos. Aun cuando apenas son el 26% de la demanda, piensa que son muchas
porque en 2000 solo se construyeron 19.000. Las cajas de compensación, que
manejarán los subsidios para la población más pobre, deberán reducir sus costos
de funcionamiento mediante alianzas. Extenderá la exención tributaria a la
clase media para aumentar los recursos, ampliar los plazos y reducir los
intereses. Canalizará las participaciones de las regiones a través de los
bancos para bajar los intereses, y dará estímulos tributarios al crédito en
materiales de construcción y a la construcción de vivienda para arrendamiento
con opción de compra. Permitiría más crédito a más plazo y buscará que el
subsidio favorezca a los que hoy no cumplen con los requisitos existentes.
Serpa
promete 500.000. Para ello fortalecería los subsidios con el concurso de la
nación, los departamentos, los municipios y las cajas de compensación familiar.
Extendería su beneficio a los ciudadanos pobres, hoy excluidos, para dotarlos
de activos representados en viviendas que incluyan talleres o locales. Propone
una intervención más decidida del Estado frente al problema de miles de
familias para cumplir con sus compromisos financieros de su vivienda. Actuaría
sobre la viabilidad de los instrumentos financieros establecidos para darle al
crédito hipotecario de vivienda más dinámica. Cree que la titularización de
créditos de vivienda tiene la enorme ventaja de poder reducir substancialmente
los costos para los deudores, pero asegurando una adecuada rentabilidad para
inversionistas e intermediarios. Se trataría por este medio de reducir
substancialmente las márgenes de intermediación. Cree que la informalidad de
los títulos de los poseedores de predios urbanos y rurales es un factor de
marginalidad social. Se compromete a triplicar el numero de títulos de
propiedad que se han entregado desde 1995.
Garzón
dice que mientras no se cambie la desregulación financiera actual es imposible
la solución del problema. Cree que su financiamiento debe tener un tratamiento
especial y no puede ser visto simplemente como un negocio financiero. Propone
un sistema especializado, con recursos subsidiados, que le permitiría a
cualquiera comprar su vivienda en condiciones adecuadas, lo que reactivaría la
construcción, principal fuente de empleo a corto plazo. Con solo refinanciar
una parte de la deuda pública piensa que contaría con recursos suficientes.
La
construcción sería uno de los pilares de un gobierno de Noemí. Y un nuevo
urbanismo y la vivienda sus ejes dinamizadores. Piensa en un millón, la mitad
de interés social, en cinco años, que representarían el mismo porcentaje
dedicado a la construcción en los periodos de boom económico. Para lograrlo
propone un nuevo esquema financiero, tributario y de intervención del espacio
público. Un crédito hipotecario eficiente para llegar a mas gente a menos
costo, orientado a mejores desarrollos urbanos y sistemas de propiedad
colectiva que representen una mejor calidad de vida. Propone, además, la intervención
del espacio público con el fin de abaratar la disponibilidad de lotes con
servicios y facilitar su uso eficiente.
Entre
todos hacen un buen programa (ver: M. C. Alvarez: Los candidatos frente a
la construcción ): Uribe es consciente
del impacto social de una vivienda digna; Serpa ve un hogar y no solo un techo
para sobrevivir; Garzón señala que es responsabilidad de cualquier gobierno y
un derecho social; e Ïngrid Betancourt (que sigue secuestrada) constata que sin
ingresos no hay vivienda. Pero solo Noemí se preocupa algo por las ciudades;
ojalá esté en el gobierno de Uribe (si el tiempo se lo permite ) pues aquí
pocos parecen darse cuenta de que el problema no es el muy mal medido déficit
de viviendas sino la precariedad muy ignorada de las ciudades.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 23.05.2002
14.03.2002 ¿También botó su voto?
Había
montones de "propuestas" de los aspirantes al Congreso de la
República. La mayoría imbéciles pero algunas de buena voluntad o hasta
interesantes (patéticas las colgadas grotescamente de los postes de las calles
de Cali) pero ninguna concretamente
sobre las ciudades. Los políticos colombianos parecen ignorar que en ellas ya
vive casi el ochenta por ciento de los ciudadanos del país, precisamente, y por
lo tanto casi la totalidad de sus eventuales electores. Igual que a la supuesta
subversión, no les interesa lo urbano ni la calidad de la vida urbana ni son
sensibles a su estética, ni siquiera al atardecer que es cuando todas las
ciudades (incluyendo Cali) son bellas, como dijo tan pertinentemente el poeta
ruso americano Joseph Brodsky. Que
diferencia con Pericles que lideró el homenaje que los ciudadanos de Atenas
levantaron en lo alto de su polis como
símbolo de su poder creciente y su casi perfecta democracia -cada uno se
representaba a sí mismo- después de vencer al absolutismo persa.
Solo
parece interesarles, a la mayoría al menos, la tajada que puedan sacar de unas
obras públicas que las más de las veces acaban con lo que de ciudades tenían
nuestras ciudades. Por eso les debe parecer ridículo preocuparse por sus
espacios públicos y poco les importa que las cretinadas que proponen en sus
propagandas, que parecen dirigidas a un electorado que deben pensar estúpido,
no lleven a nada diferente a la fijación de una imagen para que sus clientelas
puedan chulear el voto, comprometido previamente a cambio de cualquier cosa o
ilusionado en las falsas promesas que se reiteran desvergonzadamente en cada
nueva elección.
Es
un electorado que no se piensa como ciudadano, ni en su sentido político ni en
el urbano. Democracia y ciudad tienen un origen común en la Grecia clásica. En
la Edad Media se decía que el aire de las ciudades liberaba. El Renacimiento lo
es de las ciudades. La revolución Francesa fue un levantamiento urbano.
Imposible pensar las democracias modernas sin las ciudades. La gran reforma
urgente que precisa este país es la de sus ciudades y ya no tanto la agraria.
La educación que demanda es la enderezada a formar ciudadanos y no solo (malos)
académicos. Y la política urbana que requiere es la verdadera democracia
participativa -pero culta, en el sentido no solo del conocimiento sino de la
tradición- a nivel de barrios y sectores
de las ciudades; la nacional tiene que ser representativa.
Al
no existir políticos interesados en las ciudades, el control de los ciudadanos
sobre ellas es difícil. Los elegidos nada hacen por la seguridad, limpieza,
orden, silencio y estética de las calles de sus electores. Las
reglamentaciones cambian permanentemente, sin que los directamente afectados
sean consultados ni advertidos, para la conveniencia de algún propietario vivo
que quiere exprimir su lote sin que le importen los demás. Nadie está seguro de
que su barrio permanezca como tal o solo cambie con el consentimiento de sus
vecinos. Las calles de todos se usan para los carros de unos pocos. El derecho
fundamental de caminar es violado permanentemente. Se cobran valorizaciones a
todos por obras que la gran mayoría no usa ni
necesita, y que se diseñan mal y se construyen peor, y que casi siempre
se dejan tiradas pues su propósito es solo el repartir contratos y serruchos
para las clientelas de esos concejales, diputados, representantes y senadores
que se eligen con esos votos comprados, comprometidos o simplemente ignorantes
como los del domingo pasado.
Pero
por supuesto los peores votos son los de los que ni siquiera votan: son
irresponsables y peor de egoístas. Sólo cuando el voto de opinión llegue también
a la elección de concejos, asambleas y congreso, además de presidente, habrá
alguna posibilidad de que nuestra deficientísima democracia mejore; y con ella,
nuestras ciudades y la vida en ellas.
Columna publicada en el diario El País de Cali.
30.01.2002 Trabajos en La Recta
Hubiera
sido mejor una segunda calzada en la carretera Palmira-Buga o, desde luego, en
la congestionada y peligrosa carretera Cali-Florida (ni siquiera tiene bermas)
que hacer un tercer carril y una nueva berma en cada una de las calzadas de La
Recta. Es evidente que la doble calzada Cali-Palmira no está congestionada y
que es posiblemente la carretera menos peligrosa del Departamento. Si, por
cualquier motivo extraño, de esos que abundan en el país, se tenía que hacer
esa inversión solo ahí, es claro que lo correcto hubiera sido, ante todo, terminar
las obras que se emprendieron hace un par de años cuando se ampliaron sus
bermas. Por ejemplo, acabar el ensanche de sus puentes, o al menos retirar las
grandes vigas que se prefabricaron con ese propósito pero que se abandonaron en
las bermas recién construidas con gran peligro para la circulación. Al menos se
hubiera podido terminar la demarcación y señalamiento de la vía, que hace años
nunca la ha tenido completa.
Probablemente
hubiera sido menos costoso terminar esos trabajos y hacer el cerramiento, de la
vía, para convertirla en una autopista, que construir dos nuevos carriles y dos
nuevas bermas a todo su largo. Pero al menos se ha debido aprovechar esta nueva
obra para aumentar el radio de las curvas que se dispusieron en su diseño
inicial, hace medio siglo, cuando se pensaba que no eran convenientes las
largas rectas y se consideraba que sus escasos 28 kilómetros eran una
barbaridad. También se hubiera podido aprovechar para rediseñar algunos
trayectos para que no quedaran demasiado cerca de los bordes de la zona de la
carretera, como va a pasar ahora, y para bajar la alta banca de la vieja vía, y
no tener que rellenar más, ya innecesaria después de la construcción de
Salvajina. Y desde luego, habría que haber remodelado las sorpresivas curvas que
se inventaron a la entrada del CIAT y quitado las inexplicables construcciones
que allí insistieron en terminar contra toda lógica y autoridad.
Con
solo algunos de estos cambios, y por lo tanto con una inversión menor, hubiera
sido posible aumentar la velocidad de la vía y con ella su capacidad, si este
hubiera sido el problema. Pero lo único
que falta es que tampoco logren terminar estos terceros carriles cuya
construcción se acaba de comenzar. Y quien sabe cuantos años más tocara esperar
para que se resuelva el gran cuello de botella que son los puentes sobre el
Cauca, uno de ellos, el colgante, ya hace años insuficiente. Por supuesto estas
cosas a nadie interesan y vacas y burros seguirán pastando a lo largo de La
Recta, y toda clase de animales de dos o cuatro patas y vehículos insospechados
seguirán circulando por ahí como si fuera un Camino Real. Es como si las
autoridades, los ingenieros, los conductores y los contribuyentes no hubieran
circulado jamás por una autopista de verdad, o como si creyeran que a estas
cosas solo tienen derecho los ciudadanos de otras partes. Como si nos
contentáramos solo con las apariencias.
Muchos
estarán orgullosos de esas calzadas de tres carriles, únicas en Colombia en esa
longitud, pero que no pasarán de ser una seudo autopista incompleta y mal
construida, como se puede deducir desde ahora de la actual capa de rodamiento,
la que ya tuvieron que remendar, y mal, apenas un año después de que se hiciera
casi toda de nuevo. Con la indisciplina de los conductores colombianos y la
falta de controles por parte del tránsito, no es difícil prever que La Recta,
con seis carriles, no será más rápida, pues aunque muchos no lo respeten
continuará el ridículo tope de 80 kilómetros, ni tendrá mayor capacidad, pues
no se harán completos, pero si que será más insegura. Si con la ampliación de
las bermas aumentaron considerablemente los vehículos y animales en contravía
¿cómo será con tres carriles, previsiblemente sin demarcar totalmente, además
de las bermas?
Columan publicada en el diario El País de Cali. 30.01.2002
10.01.2002 ¿Celebraciones?
Los
hinchas del América tenían el derecho a festejar el campeonato de su equipo
como se les diera la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los
demás. De la celebración pasaron a la agresión. Al vandalismo, el saqueo,
puñaladas y tiros. Se sabía lo que iba a pasar pero las autoridades no estaban
suficientemente preparadas para evitarlo. Hubo un muerto, varios heridos,
carros destrozados, robos.
Los que van a la cabalgata tiene todo el derecho
hacerlo como les dé la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los
demás. Pero lo único que se les ocurre a las autoridades es variar su recorrido
cada año impidiendo que se cree una tradición y que los ciudadanos sepan que va
a pasar y en donde para escoger si van o no y si viven cerca o prefieren
hacerlo en otras calles y barrios. Y lo mismo vale para la Maratón del Río
Cali, los circuitos ciclísticos y demás.
La gente tiene derecho a rezar como lo
considere. A lo que no tienen derecho los creyentes es a imponérselo a los
demás. A difundir sus cánticos a todo volumen en cualquier parte de la ciudad.
Igualmente todos tienen derecho a hacer sus celebraciones familiares como
quieran. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás; a que los
vecinos tengan que soportarlas hasta mucho después de media noche: no nos
interesan, ni tampoco sus equipos de sonido, ni su gusto musical, ni sus
chistes, ni mucho menos sus risotadas escandalosas que no entendemos.
Los que son felices comiendo en las llamadas
tascas tienen por supuesto todo el derecho a hacerlo. A lo que no tienen
derecho sus organizadores es a imponérselo a los demás. A molestar con su ruido
y su repentina presencia masiva a los que viven cerca ni a interferir el
tráfico. Pero lo único que se les ocurrió a las autoridades ante la justificada
protesta de los vecinos de Normandía fue mover el problema a otra parte. Como Simón
el bobito.
Qué maravilla las ciclo vías pero que mal que se
altere radicalmente el tráfico normal de las vías principales de la ciudad.
¿Cómo no se dan cuenta las autoridades que en la Calle Quinta, por ejemplo,
solo es posible cerrarla los domingos, sin molestar a nadie, apenas en su largo
trayecto en el sur en donde cuenta con cuatro calzadas? Estupenda la
"calle del arte" en San Antonio si se limita a ciertas calles en
donde no moleste la circulación ni los garajes y no se perturbe con su
innecesario escándalo el barrio entero.
En Cali todos se toman el derecho a hacer lo que
se les da la gana (lo que está muy bien)
pero se sienten con el derecho -como si fuera un deber- de imponérselo a
los demás (lo que está muy pero muy mal), ante la impotencia de las autoridades
para garantizar un mínimo de orden que permita la convivencia de los ciudadanos
que las eligen y pagan precisamente para eso. En esta ciudad, aparte de tener
que aguantar las celebraciones de los damas, no hay ante quien quejarse con
esperanzas de un respuesta efectiva. Similar a la de años anteriores, esta vez
fueron 16 muertos a puñal o bala y 30 heridos celebrando la noche de Navidad,
noche de paz.
Crear tradiciones y mantenerlas es
imprescindible: permiten a los demás saber a qué atenerse. Si a uno no le
gustan los reinados pues no va (o se va de) a Cartagena. Y así. Se ha dicho que
el derecho del individuo llega hasta donde comienza el de los otros, pero este
solo es un límite claro cuando obedece a una costumbre, una tradición. Por eso
es tan delicado establecer de pronto nuevos acontecimientos y por eso tan
necesario volverlos pronto tradicionales. Pero las tradiciones evolucionan,
rebasando sus límites, o si no se acaban. Por eso el hombre civilizado inventó la
Ley, para que todos sepan hasta donde pueden ejercer su libertad, y también
inventó las Autoridades, para que velen por que se cumpla la Ley.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002
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