26.12.2002 Los toros en Cali

"Que en las funciones de fiestas salgan los encierros de toros y a capitanear con ellos a los matachines" recuerda Gustavo Arboleda (Historia de Cali ) que se decía en la Colonia, pues la fiesta llegó aquí con Sebastián de Belalcázar y los toros mismos no mucho después.

En la Plaza Mayor, además del mercado, habría ocasionalmente y acorde con la pobreza de la villa, cabalgatas, procesiones, desfiles, contradanzas, remates, edictos y ­presentación de armas. Para las fiestas se cercaba con madera su contorno, se levantaban palcos y, en medio de coloridos vestidos, banderas y gallardetes, se rezaba el Tedeum y caballeros montando a la jineta quebraban cañas y corrían toros. Estos fueron en la Nueva Granada la parte galante de las festividades civiles y religiosas. Con ellos se celebraban coronaciones de reyes y nacimientos de infantes, se festejaban los santos pa­trones y se agasajaban presidentes y obispos. Fue una fiesta integradora que caló hondo, dice Pablo Rodríguez (Los toros en la colonia ), y en la que cada uno demostraba el lugar que ocupaba en la sociedad. En los toros, anota, se ve la particularidad de las colonias: mientras en España se los prohibía, aquí reviven y los indígenas llegaron a desarrollar formas particulares de lidia.

El uso festivo de la Plaza Mayor, que implicaba un espacio abierto, luminoso, llano y vacío para diversas actividades, se suprimió con la Independencia, como dice Edgar Vásquez (Historia del desarrollo urbano de Cali ). Su arquitectura colonial (mudéjar americana) fue abandonada casi un siglo después por la llamada republicana (un modernismo historicista), primero, y, luego, por la moderna. Su nombre se cambió por el de Plaza de la Constitución, se sacó el mercado semanal y se prohibieron las fiestas, las carreras de caballos y las corridas de toros. Para realizarlas se adecuaron provisionalmente algunos lotes en Santa Rosa. Más tarde la plaza, a pesar de haber sido convertida en parque, se llamó Plaza de Caicedo (como está en el pedestal del prócer), y las corridas tuvieron lugar en un primer coso, en Juanambú, frente al hoy tradicional "café de los turcos", en donde permanece aún su portada. Esta fue reproducida hace unos años en la Plaza de Cañaveralejo, que carece de una verdadera entrada, que fue la que en 1957 se construyó en cambio de la prevista detrás del hipódromo de San Fernando en el "Plano del Cali futuro" de Wiener y Sert, realizado poco antes.

Las Ferias de Cali se iniciaron ese año, tras la caída de Rojas Pinilla. El evento se centró, como siempre a lo largo de la historia de la ciudad, en las fiestas populares y los toros, como anota Cesar Castillo (El Arte y la Sociedad en la historia de Cali ). Ya son 45 años de temporadas ininterrumpidas en Cañaveralejo, toda una tradición. Pero lamentablemente la arquitectura de la plaza (Camacho y Guerrero, y González), cuya estructura contundente le mereció ser declarada Monumento Nacional en 1994, no es la mejor para un espacio que necesita mayor intimidad. Su ligero tejadillo, como de estación de tren, y su excesivo ruedo, pese a las dos nuevas filas con toldos como de café barato que se improvisaron cuando acertadamente se redujo su diámetro, lo impiden. Sus alrededores son decepcionantes. Para peor de males se retrasó el inicio del espectáculo, dizque para que puedan almorzar sin afanes los aficionados, con el resultado de que al cuarto toro ya no hay sol, y con el se van las sombras y los ramalazos intensos de luz en el público y en los rostros señeros e inclinados de los toreros que buscan así evitarlo; al quinto los trajes de luces se vuelven como de cabaret con el resplandor de los reflectores, y ya en la oscuridad son muy molestos sus reflejos.

Como dice Antonio Caballero, se necesitan toros, toreros y públicos para una buena corrida; pero tambien buenas plazas para conseguir un ambiente adecuado. En él, el recogimiento y la luz del sol juegan un papel primordial; dos condiciones, además de la lluvia, que en el trópico son diferentes a las de la Península Ibérica. Tal vez por eso los toros en Cali siempre serán distintos

Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002

12.12.2002 El sueño de Doña Rosita

Sin duda debemos estar agradecidos y mucho por los árboles que ella sembró y cuidó con pasión en La Recta, entre Cali y Palmira, principalmente en el separador pero tambien a los lados, a lo largo de muchos años. Fue una tarea ardua pues la banca de la carretera no era el mejor suelo para ellos y no contó casi con ayuda; por lo contrario, una vez hasta la asaltaron. Pero lamentablemente no se asesoró con expertos en autopistas (a lo mejor ni siquiera los había en esa época aquí) o simplemente con conocedores del tema, y se empeñó en sembrarlos muy cerca de los bordes de las calzadas aunque del entonces Ministerio de Obras Públicas le advirtieron su inconveniencia cuando todavía era oportuno. Paradójicamente la tenacidad que le permitió sembrarlos le impidió hacerlo debidamente.

Cuando los árboles crecieron comenzaron a afectar la base de la carretera y a ser golpeadas sus ramas repetidamente por los camiones dañándolos y ocasionando accidentes cuando la lluvia descuelga aun mas las ramas. Muy complicados de podar sin interrumpir parcialmente el tráfico, poco a poco los golpes fueron formando un “túnel” verde cada vez mas cerrado y monótono que angosta el espacio de las calzadas y las llena de sombras pequeñas y seguidas, y por eso molestas, disminuyendo no tanto la seguridad de la circulación (que se debería garantizar con bardas metálicas) sino la sensación de amplitud, imprescindible para los conductores en una vía que algún día, cuando sea una verdadera autopista, será rápida (su límite actual de 80 kilómetros que nadie cumple es ridículo) y tendrá tres carriles en cada sentido.

Por supuesto, la solución es quitar los árboles que están justo al lado de las calzadas y algunos de los que están muy juntos en el centro del separador pues es conveniente, igualmente por seguridad, que no esté totalmente oculto el tráfico en sentido contrario. Además no son indispensables para interceptar las luces de los carros por la noche pues el separador es suficientemente ancho y, en donde no lo es, es mejor taparlas con bardas metálicas. La realidad es que los pocos trayectos en donde hay menos árboles y están mas separados, permitiendo ver el paisaje detrás de ellos y a ambos lados de la vía, son sin duda mucho mas agradables y seguros y deberían tomarse como ejemplo para el resto.

Simplemente habría que ver como son las autopistas en otras partes y dejar de improvisar. En las verdaderas el tráfico se mueve a velocidades uniformes en calzadas de pavimento continuo con amplias zonas totalmente despejadas, curvas y pendientes suaves. Su seguridad está no tanto en limitar la velocidad máxima sino en establecer una mínima; por eso únicamente están autorizadas a vehículos que la puedan sostener, los que solo pueden parar en las bermas derechas en caso de daño, y por eso hay que evitar cualquier clase de obstáculos en la vía. Son estas las razones por las que imperativamente deben ser cerradas. Conducir por una autopista debe ser plácido no solo por el placer sino por la seguridad. Por eso existen bermas a ambos lados (y no solo la derecha para parar) y deben ser amplias sus cunetas y con el mínimo de objetos; a duras penas las señales verticales. Los árboles deben estar después, suficientemente retirados.

En La Recta hay que quitar, pues, los árboles que sea necesario quitar pero ni uno mas. No solo embellecen la vía sino que ya están allí y con mucho esfuerzo. Pensar en reemplazarlos por otros, como se ha dicho, deja la preocupación de si no estarán pensando en las maticas y florecitas que se encuentran en algunas partes del separador de la doble calzada de Buga a Tulua. De sus concesionarios no se puede esperar nada bueno como lo indica el hecho, que debería ser escandaloso, de que hayan iniciado nuevos trabajos pese a que irresponsablemente no han terminado muchos de los acometidos años atrás. Es como si no fuéramos capaces de mejorar las cosas sin dañar, destruir o abandonar lo que ya existe. Que vergüenza que no seamos capaces de hacer nuestro el sueño verde de Rosa Cadavid de Arboleda ahora que ya no está para defenderlo

Columna publicada en el diario El País de Cali 12.12.2002

14.11.2002 Bellas Artes

A la memoria de Antonio María Valencia

En 1935 el Municipio de Cali in­vitó a los ingenieros y arquitectos ac­tivos en la ciudad a participar en un concurso para el diseño de las instalaciones definitivas del Conservatorio, fundado pocos años antes por el maestro Antonio María Valencia quien veía en la arquitectura de la sede un avance real en la promoción de las nuevas formas artísticas en general. Pero solo tuvieron 27 días para “formular, pensar, estudiar, madurar y dibujar el anteproyecto..." (Relator, 7 de Junio de 1935). Al no llegarse a ninguna decisión, al año siguiente Valencia impulsó desde Bogotá, y con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional, el que sería el proyecto definitivo, del ingeniero antioqueño Ga­briel Villa Hausler de la firma Gómez & Villa. La construcción del edificio, calculado por el ingeniero Arturo Yusti, atravesó enormes dificultades, pero el empeño puesto por el maestro Valencia consiguió que fuera finalmente terminado y dotado en 1939 por el Departamento, entonces bajo la progresista y culta gobernación de Demetrio García Vásquez, al que se había trasladado la iniciativa del proyecto. 

Conocido por todos en como el Conservatorio, a secas, es el primer edi­ficio moderno público importante de la ciudad, y el primero que se levantó por fuera de su casco tradicional. El arquitecto e historiador Carlos Niño considera que su "indudable tono mo­derno y racionalista" fue muy temprano en comparación con la genera­lidad de la pro­ducción arquitectónica colombiana. Por su parte el arquitecto y crítico Francisco Ramírez bien dice que era innovador en muchos aspectos. “No solo dejaba la estructura a la vista sino que técnicamente era muy atrevido con losas en grandes voladi­zos muy delgadas, a la manera de marquesinas y cáscaras de hormigón en la cubierta que proveían de iluminaciones cenitales a muchos de los espacios [en realidad unos pocos].  En el último piso donde se disponían los talleres de artes plásticas la fachada remataba en una semi-bó­veda de bloques de vidrio [hoy desaparecida], la que se repetía en la parte posterior de estos, sobre el gran audi­torio”. 

La parte semicircular que da al rió, en su forma original, como se puede ver en el libro de Alberto Lenis Burckardt (Retrospectiva fotográfica del Valle del Cauca), recuerda el tratamiento de “pilotis” de la Ville Savoye de Le Corbusier de 1928. Seguramente al maestro Valencia no habría aprobado el que se eliminara el aporticado y se eliminaran sus ventanas, ignorando lo peculiar de la estética del edificio, para obtener mas espacio “útil” o pretendiendo “actualizarlo”. Por lo contrario, el bello cuerpo lateral que antes le había agregado el arquitecto Heladio Muñoz le dio al conjunto la imagen total que mal que bien aun conserva pese a algunas de las modificaciones que posteriormente se hicieron. Pero lo mas grave fue sin duda que el Municipio le robara su antejardín, para ampliar la calle 8ª y su curva con la Av. 4ª N, la que quedó pasando justo por debajo de la esquina del muevo bloque.

Seria interesante que el maestro Mario Gómez Vignes, biógrafo de Valencia, nos ilustrara mas sobre sus gustos en arquitectura, pero desde luego es comprensible, después de oír su bella música, que se decidiera por la moderna pese ha estar en una ciudad que no había salido aun del eclecticismo moderno-historicista con el que marcó a inicios del siglo XX su paso de población todavía colonial a pequeña pero pujante capital, gracias a la creación del Departamento del Valle del Cauca y la apertura del Canal de Panamá y posterior llegada del tren desde Buenaventura. Es seguro que el maestro Valencia estaría profundamente molesto con las circunstancias actuales del Instituto Departamental de Bellas Artes, al que se pretende recortarle de un día para otro una importante parte de su presupuesto de funcionamiento. Que decepción que después de haber regresado de París, en donde estudió y fue reconocido como talentoso pianista, para ayudar a convertir esta ciudad de comerciantes y terratenientes en una tambien culta, viera como Cali es cada vez mas grande pero menos educada.

Columna publicada en el diario El País de Cali 14.11.2002

10.10.2002 Los mellizos de Luxor

Mohamed Ali, Virrey de Egipto, buscando el soporte de los franceses, le regaló en 1829 a Carlos X uno de los mellizos ordenados por Ramenesses II El Grande para precidir los pilonos exteriores del templo de Luxor, aunque allá dicen (criticando el asunto) que lo cambió por el reloj de la Mezquita de Alabastro de El Cairo. De 220 toneladas, 25 metros de altura y 3.300 años de antigüedad, llegó a París cuatro años después, ya en tiempos de Louis Philipe, junto con dos de las seis estatuas que los acompañaban. Fue instalado en la Plaza de la Concordia, rebautizada así después de que El Terror había guillotinado allí 1.343 cabezas a partir de 1793. A Inglaterra, buen diplomático que era, le dio el llamado “Aguja de Cleopatra”, del templo de Heliopolis y ordenado en realidad por Tuthmosis III, cuyos 20.88 metros con toda seguridad ocultó a los ingleses, que lo instalaron en Londres en el Thames Embankment.

El obelisco, uno de los primeros símbolos de la arquitectura del antiguo Egipto  (R. H. Wilkinson: The Complete Temples of Ancient Egypt), se originó en la adoración del sol en Heliopolis, culto que posteriormente se extendío a todo el país. Muy comunes en el Nuevo Reino, eran de un solo bloque de granito, engalanados con oro y eregidos con frecuencia por parejas a la entrada de los templos, aunque tambien los hay en los ejes centrales de los mismos, con ocasión de los jubileos reales, las victorias y otros eventos notables, para demostrar la piedad de sus donantes. Hay varias hipótesis pero no se sabe con certeza como eran levantados.

De los doce grandes que existen, solo permanecen en Egipto el de Hatshepsut, único en su sitio de los cuatro que la Reina donó al Gran Templo de Amun en Karnak, de 29.56 metros, pues dos desaparecieron y el otro está en el suelo; el mellizo que aun preside el Templo de Luxor, de 22.50; el de Senwosret I, en Heliopolis, de 20.41, y el de Tuthmosis I en Karnak, de 19.50, el más pequeño de los grandes. Además de los de París y Londres, quedan cuatro en Roma: uno de Tuthmosis III, de 32.18 metros, en Piazza S. Giovanni; otro, del que se desconoce quien lo ordenó, de 25.37, en Piazza S. Pietro; el de Sethos I y Ramenesses II, de 23.20, en Piazza del Popolo, y el de Psammetichus II, en Monte Citorio, de 21.79; dos más, ordenados tambien por Tuthmosis III, están, uno en Estambul, originalmente de 28.95 metros, y otro, de 21.21, en Nueva York, en Central Park.

Este pillaje cultural, antiguo como la humanidad, lo inicio el rey asirio Ashurbanipal, quien se llevó dos a Ninive, lo continuaron los emperadores romanos y, en el siglo XIX, alemanes, franceses e ingleses salvaron así muchísimos restos arqueológicos que de otra manera habrían posiblemente desaparecido o deteriorado aun más. La UNESCO ha planteado (con escasísimos resultados, entre ellos el Guernica de Picasso) que hay que devolver a sus países de origen las obras de arte, y sin duda habría que iniciar una campaña mundial para juntar de nuevo los mellizos de Luxor, como se ven en un grabado de principios del XIX en uno de los 36 volúmenes de Description de l’Egipte. En la Plaza de la Concordia pueden poner en su reemplazo uno de acero y vidrio, materiales tan caros a los arquitectos franceses de hoy (aunque no siempre con éxito) después del acierto indudable de la pirámide del Nuevo Louvre, del arquitecto sinoaméricano I. M. Pei.

Los mas altos del mundo están, como no, en Estados Unidos. El de San Jacinto, de 1936, no es monolitico, tiene173,7 metros de altura y conmemora la victoria estadounidense de 1836 en dicha Batalla. Y el Monumento a Washington, en la capital, diseñado precisamente en1836 por Robert Mills (1792-1855) y construido entre 1848 y 54. Tiene 170 metros de altura y es de granito blanco, y, claro, tampoco es de una sola pieza: fue levantado no erigido. El de Buenos Aires, a pesar de ser argentino, apenas mide 67 metros. En Chihuahua hay varios en la ciudad y sus alrededores que no se sabe que hacen alli. Cali tambien tuvo uno en donde terminaba la Avenida Colombia; era de cemento y ladrillos y pequeñito y no estaba dedicado a ningún culto pero ahí se daba la “vuelta del beso” y se miraba a lo lejos el “charco del burro”. Nadie se lo llevó para ninguna parte ni lo cambiamos por nada: nosotros mismos lo destruimos avergonzados de su antigüedad.

Columna publicada por el diario El País de Cali 10.10.2002

19.09.2002 Buenas noticias

Allí estaba, escondidita en el interior del periódico: el gobierno colombiano iniciará una campaña para contrarrestar el alarmante crecimiento de embarazos de adolescentes, el mas alto de América Latina. Ciegos y sordos por prejuicios políticos, sociales o religiosos, oscurantistas e hipócritas, hemos por años intentado tapar lo grave que ha sido para el país su desbordada demografía, que si bien había disminuido fuertemente, últimamente ha vuelto a aumentar.

Sus cantidades cada vez mayores generaron a mediados del siglo XX una acelerada migración del campo, pueblos y pequeñas ciudades a las más grandes, a las que la gente vino en busca de trabajo, seguridad, educación, recreación y libertad, con el resultado de que, al contrario de hace medio siglo, ya casi el 80% vivimos en ellas, y el 17% en la capital. Pero no sabemos vivir juntos, nadie nos lo ha enseñado ni hemos tenido suficiente tiempo para aprender solos; olvidamos los comportamientos del campesino, que solo está con los demás en el mercado, las celebraciones y las mingas, pero no adquirimos los del ciudadano sino los violentos de los suburbios marginados. No respetamos el derecho de los otros, nos abrimos paso como podamos pero no hacemos caminos al andar sino que destruimos las calles que nos encontramos, hacemos lo que nos viene en gana cuando nos viene en gana. Carecemos de educación ciudadana.

Bogotá ha demostrado que eso puede cambiar pero no será completamente mientras sigan sin resolver los problemas sociales y económicos, como lo demuestra, por ejemplo, el incremento reciente del vandalismo allá. Además las inercias culturales son tenaces, y la nuestra es una cultura no solo de mestizos sino híbrida, como lo ha anotado Néstor García Canclini (Culturas híbridas / Estrategias para entrar y salir de la modernidad), en la que el afán de modernidad de la clase dirigente la llevó a recurrir al perverso y sumario procedimiento de que si no podíamos ser sufientemente modernos al menos había que arrasar con lo tradicional. Su principal blanco fue, entonces, el escenario de la cultura: la ciudad; con todo lo que la desaparición del patrimonio urbano y arquitectónico implica para la convivencia al eliminar la identidad de las distintas generaciones entre sí y con sus calles, barrios o poblaciones.

Este tema crucial, el del espacio público, además de otros relacionados con él como la educación, la seguridad y los medios de comunicación, fue tratado por un grupo grande de caleños auspiciado por la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle, la Secretaría de Gobierno y los medios de comunicación. Fue solo un inicio y por tanto sus conclusiones necesariamente tienden ha ser incompletas y no suficientemente elaboradas, y preocupa que esos caleños preocupados por su ciudad, aunque comienzan a hablar, permanecen ciegos y sordos: ni una palabra sobre su ruido creciente y embrutecedor -al menos en lo que salió en el periódico- y lo que proponen para sus parques es como si nunca hubieran visto la lobería, mal gusto y torpeza de las intervenciones que se han hecho en el espacio público desde los Juegos Panamericanos; algo de memoria tambien les hace falta.

Pero pusieron nuevamente a gentes comunes a hablar de su ciudad (en el pasado hubo otros intentos en esta dirección), iniciativa indispensable y complementaria de los foros de especialistas y lideres que se han hecho, ya que estos eventos solo servirán cuando se vuelvan permanentes y abiertos y en eso los medios de comunicación juegan un papel vital, pues no se trata apenas de reuniones y agendas (y buena voluntad) sino que hay conformar una cultura ciudadana amplia y crítica que se exprese polémicamente en los periódicos, la radio y la TV; y sobre todo en la acertada elección de alcaldes y concejales. La Agenda Ciudadana que le proponen a la Administración Municipal, mas que guía para este gobierno y los siguientes, como pretenden (eso es trabajo de los funcionarios y no de sus electores), sí puede ser, completada desde luego, una plataforma para la escogencia del próximo alcalde; Cali lo necesita urgentemente.

Columna publicada en el diario El País de Cali 19.09.2002


12.09.2002 Las embajadas de los países nórdicos

Una de las obras mas interesantes y bellas de las muchas que se han realizado en Berlín en los últimos años, ahora que es nuevamente capital de Alemania, es un largo y alto muro, quebrado como solía hacerlo el gran arquitecto finlandés Alvar Aalto, conformado por grandes persianas de bronce verde, al lado del Tiergarten, el gran parque de la ciudad, en un barrio en donde había antes de la Guerra diversas embajadas, entre ellas las de Finlandia y Suecia, las que cedieron sus lotes adyacentes para el proyecto. Adentro están, formando una plazuela y separadas por evocadores espejos de agua, los edificios de cinco pisos de las misiones de Islandia, Noruega, Finlandia, Suecia y Dinamarca, mas un edificio de servicios comunes y un parqueadero en el sótano. El conjunto fue el resultado de un concurso entre arquitectos de la Unión Europea, que ganaron Alfred Berger y Tina Parkinen; y cada una de las embajadas, el de otros entre arquitectos del respectivo país.

Interesante ejemplo para los concursos de arquitectura en Colombia éste concurso, a varias vueltas y escalonado. Fue similar al empleado en la Potsdamer Platz, también en Berlín, en donde, a pesar de que hasta ahora no ha sido tan exitoso, arquitectónicamente, ha producido mejores resultados que los insípidos edificios de vidrio que rodean la Biblioteca Nacional de Francia y que terminaron por quitarle todo ímpetu a sus cuatro torres tambien de vidrio, que hoy, desde el centro de la ciudad, ya no se destacan en el paisaje parisino, al lado del Sena, como fue su propósito. Los concursos de arquitectura bien realizados han producido desde que existen importantes edificios, pero en Colombia, en lugar de mejorarlos los hemos ido dañando, al punto de que ahora los deciden más los abogados que los arquitectos.

Pero lo mas importante es que ya se ha establecido en Europa una manera diferente –civilizada- de intervenir arquitectónicamente en las ciudades. La información previa y con suficiente tiempo sobre las obras que se piensa acometer, la polémica ciudadana, la participación de profesionales calificados, los concursos bien hechos y para todo, las reglamentaciones edilicias claras y pertinentes, el respecto por el patrimonio construido e incluso por la simple huella de lo anterior, la limpieza del paisaje urbano retirando cada vez mas la publicidad del espacio público y el mantenimiento oportuno de lo que se hace, contrastan con la atarbanería, la ignorancia y mal gusto con que seguimos tratando a Cali, muchas veces con la mejor voluntad.

Muy buenas todas las embajadas de los países nórdicos, sin embargo la mejor es la de Finlandia, de Rauno Lehtinen, Pekka Mäki y Toni Peltola. Recién graduados, era su primer concurso importante, fue su primer trabajo y ya han recibido varios premios internacionales. El edificio, llamado “Kannel”, una variación de “kantele”, un instrumento musical, cuenta con apenas 1.860 metros cuadrados y, como los otros, es muy sencillo y evocador. Fue inaugurado en octubre de 1999. Está construido principalmente con vidrio, metal y piedra en varias formas, y madera, mucha madera, que alude al paisaje, los bosques y la arquitectura tradicional finlandesa, y por supuesto concreto estructural.

Magnífico ejemplo, este, para los cinco países bolivarianos o para los cuatro que formaron la Gran Colombia, o al menos para Colombia y Panamá, que podrían tener una sola sede en Berlín o, incluso, una única embajada ante la Unión Europea y consulados generales en sus distintos países. No en vano compartimos la lengua, la religión, la arquitectura y en general la cultura y los paisajes andinos, como tambien a Bolívar, y su bandera (con excepción de Panamá y Perú), y casi que la moneda pues ya Panamá y Ecuador funcionan con dólares americanos. Pero tal vez sería demasiado ahorro, y Venezuela ya tiene su embajada ante Alemania en un bello palacete en Postdam, a poco más de media hora del Reichstag; y de todas maneras no sería en Berlín sino en Estrasburgo; y qué embajador querrá irse para allá, al fin y al cabo tambien compartimos el subdesarrollo, que, como se sabe, es un problema mental.

Columna publicada en el diario El País de Cali 12.09.2002

04.07.2002 Los primeros, ve

Los caleños siempre queremos estar adelante. Al entrar o salir de los ascensores nos agolpamos para ser los primeros y todos tratamos de estar junto a la puerta; incluso nos subimos (de primeros, claro) aunque el ascensor vaya para el sótano y nosotros para el ultimo piso. Nos bajamos a las calzadas antes de mirar si podemos cruzar la calle; y no esperamos a llegar a la esquina sino que lo hacemos por la mitad, y para llegar de primeros lo hacemos corriendo. En los semáforos todos queremos emular a Motoya y procuramos la "pol position"; incluso siempre hay alguno que arranca mucho antes de la partida y todos los demás lo hacemos cuando la luz se pone amarilla para la otra calle. Nos estacionamos lo mas adelante que podamos aun cuando bloquiemos la entrada a donde vamos. Nos bajamos de los buses antes de que paren y nos subimos cuando ya han arrancado, pero de primeros. En las "colas" de los bancos, cines y sitios similares, nos agolpamos enfrente de las taquillas y pasamos documentos por encima de los que nos ganaron la delantera y preguntamos sin importar que el funcionario este ocupado con otro; en fin, le respiramos en la nuca al que se atreve a estar adelante. Todos queremos tener la música mas alta de la cuadra. Invadimos los antejardines para que nuestras casas queden lo mas adelante posible; despues invadimos los andenes, y como son tan pequeños pues las calles mismas.

Pero la realidad es que los caleños llegamos tarde a todo y cada vez estamos mas atrás. Nunca hemos tenido un presidente (Sanclemente era bugueño) y solo de vez en cuando un candidato o un ministro. Nos contentamos con viceministros. No hay un sindicato vallecaucano como el de Antioquia. Jorge Isaacs, amargado por sus coterráneos, no quiso saber nada mas de su terruño. A Edgart Negret no lo consideramos caleño porque nació en Popayan, lo mismo, tal parece, pasa con Eladio Muñoz. A Jaime Aparicio cada vez lo olvidamos mas. Aquí nunca hubo un Rodolfo Llinas y si lo hay no lo reconocemos. Tumbamos las casas de Borrero Zamorano y Giovanelli y pintarrajamos sus edificios (eso si, menos mal, con colores pasteles) pese a que son de la mejor arquitectura moderna de mediados del siglo XX en el país. La Universidad del Valle dejo ir a Jorge Orlando Melo y a Alvaro Camacho, entre otros, y German Colmenares se hubiera ido tambien si no se muere antes. El periodico El Pueblo se acabó y con él se fue Daniel Samper. Dejamos solos a Maritza Uribe y Enrique Buenaventura. Y así. Las industrias y cadenas hoteleras internacionales emigran y los ingenios azucareros cada vez pertenecen menos a Cali. Pero ¡que maravilla! tenemos dos Mac Donals, siempre "open" como en Miami y un Trasmilenio, como en Bogotá, aunque sea de mentiras.

¿Por que no nos damos por enterados de lo que esta pasando en nuestras narices? La falta de liderazgo en esta ciudad es abrumadora: los líderes en ciernes no los seguimos o dejamos solos o rápidamente se desbaratan, corrompen, enloquecen, aburren, terminan en la cárcel o se van para Bogotá en donde se bogotanisan apenas dejan de comer "pam". ¿A que se debe nuestra apatía? A nadie parece importarle, por ejemplo, quien va a ser el próximo alcalde o gobernador. Margarita Londoño desapareció como deshojando margaritas, Gustado de Roux se callo como si Cali ya no lo necesitara, y Gustavo Alvarez Gardeazabal ahora solo sueña con su montón de votos que se le desvanecieron en el humo. En La Sagrada Familia, de Marx y Engels, hay una frase ejemplar: "Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces, hay que formar las circunstancias humanamente." Es precisamente lo que no hacemos; por lo contrario entregamos la ciudad y la región a los mediocres o corruptos; dejamos que la cultura del narcotráfico, y con ella su pavorosa estética, las penetraran obcenamente por todas partes. Entre nosotros lo primero que se deja ver es que no somos los primeros sino los últimos; pero aqui nadie lo ve...tal vez por eso nos vemos de primeros; al fin y al cabo gano el América,ve.

Columna publicada en el diario El País de Cali 04.07.2002

20.06.2002 Ud. está a favor o en contra (o todo lo contrario) de:

La educación ciudadana y artística para todos. El deporte aficionado. La educación bilingüe y mixta. La investigación científica, técnica e histórica. La búsqueda de inteligencia extraterrestre.

La legalización del aborto, las drogas, el suicidio y la muerte digna. La ingeniería genética. La donación y clonación de órganos. El seguro médico obligatorio para todos los trabajadores.

La unión libre. El control de la natalidad. Las uniones bisexuales. La separación total de la (s) iglesia (s) y el estado.

La cadena perpetua. El aumento de las penas a los reincidentes. El castigo fuerte del vandalismo, el desacato a las señales de transito, y para el que da y no sólo para el que recibe. La casa por cárcel pero con chip localizador. El fortalecimiento y desmilitarización de la policía.

Las zonas de libre comercio con moneda y pasaporte únicos. Las medidas radicales anti monopolio. La simplificación y generalización de los impuestos. El aumento del número de los ciudadanos que los pagan.

El pago del trabajo por horas. El salario integral. La abolición de los festivos y de su salario triple. El reemplazo del derecho de huelga por las decisiones de un tribunal de arbitramiento. El aumento del salario mínimo. El subsidio de desempleo. La orientación a los desempleados hacia otros tipos de trabajo. La bolsa nacional de empleos.

La expropiación de los terrenos que rodean las ciudades. Las zonas metropolitanas. La ciudad-región. La no "urbanización" del campo. El aumento considerable de los parques naturales. La eliminación total (progresiva) de la contaminación atmosférica, visual y auditiva. La ecoeficiencia obligatoria. La abolición de la división por estratos de la vivienda. El transporte masivo rápido seguro y agradable. La ampliación y arborización adecuada de los andenes. La semaforización de las esquinas para los peatones y no solo para los carros. La restricción de su uso en los centros de las ciudades. La prohibición de los vidrios oscuros y del pito salvo casos de emergencia. El seguro obligatorio de robo y accidente.

La prohibición de los edificios innecesariamente altos y de las culatas de cualquier altura. La prohibición de los antejardines abiertos y los voladizos corridos. La paramentación obligatoria y las alturas uniformes por sectores. La recuperación de las plazas como plazas y los parques como parques. La arquitectura sin barreras.

La abolición de los privilegios de las minorías, salvo ancianos, embarazadas, sordos, invidentes y discapasitados. La prohibición de la discriminación racial, de genero y sexual (pues no es lo mismo), y de nacionalidad u origen (que tampoco lo es), o por creencias o edades.

La actualización de la división político administrativa. La reelección de alcaldes y concejales. El aumento del periodo del presidente y los gobernadores. La reducción del senado, cámara, asambleas y concejos. La no reelección de congresistas y diputados. La paridad de género en los cargos públicos. El voto solo para los que pagan impuestos, y por internet.

La prohibición de industriales y financistas en los medios de comunicación. El derecho de rectificación en las mismas condiciones de la noticia falsa o incompleta.

La abolición del ridículo "doctor (a)", menos para los que de verdad lo son, y la adopción del Sra., Srta y Sr. para todos los demás. La abolición definitiva de la corbata (y las corbatas). El buen uso alternativo de escotes delanteros y traseros, minifaldas, pantaloncitos calientes y descaderados. La disminución de las tetas. La prohibición del uso en público de shorts en hombres peludos de más de 25 años y hasta menos, sobre todo si son bogotanos en tierra caliente picados por los zancudos y rojos por el sol.

El uso único y generalizado del sistema internacional de medidas y la simplificación de la ortografía, el calendario y el "ellos", para seguir designando tambien a ellas.

Columna publicada en el diario El País de Cali 20.06.2002

06.06.2002 El taller internacional de Cartagena

Hace 15 años este pequeño taller de verano, bajo la dirección de Ernesto Moure, se ocupaba del patrimonio de la ciudad ampliando estudios hechos por la Universidad de los Andes. Difícil imaginar que se convertiría en un experimento impresionante que, con otros tambien ideados por su decano de entonces, Carlos Morales, transformarían la enseñanza de la arquitectura en Colombia. En su ultima edición, en julio del año pasado y bajo la dinámica dirección (ya hace varios años) de Carlos Campuzano, 132 estudiantes, la mitad de ellos de países vecinos, venciendo diferencias de formación, estudios, lengua y por supuesto personales, lograron en cuatro semanas frenéticas 32 complicados proyectos, más interesantes y completos que los comunes de un semestre en las escuelas, y aprendieron más y también de otras cosas.

Allí se enseña, aprende y forma vitalmente con autodiciplina, tensión y placer. Nada es obligatorio pero todo es a tiempo. Las visitas a obras, los debates, seminarios, conferencias y correcciones con profesores de reconocido prestigio y de diferentes generaciones y origen, y la presencia de historiadores y arquitectos que han participado antes, lo convierten en todo un foro internacional. Las enseñanzas de Rogelio Salmona, invitado permanente, aunque poco vaya, rondan el taller indicando caminos propios a seguir. El tema no es el patrimonio construido sino el por construir: edificios de nueva planta dentro de la ciudad amurallada. La arquitectura como parte de la ciudad y no como objeto escultórico autónomo. Varios programas en diferentes lotes multiplican los problemas que implican nuevos usos y viejas tradiciones, gentes nuevas y contextos urbanos antiguos, y su historia, clima y paisaje.

Las propuestas reflejaron la procedencia de los estudiantes que tomaron la incitativa en el diseño, evidenciando las influencias y el estado de la arquitectura y su enseñanza en sus países y ciudades de origen. Aunque muchos propusieron edificios algo grandes y aparatosos, fueron sin duda muy útiles para el debate sobre cual debe ser hoy nuestra arquitectura. Inquieta que la referencia común en Iberoamericanos sean solo las revistas españolas, a pesar de las muy buenas que hay en estos países, pero que son prácticamente desconocidas por estudiantes, arquitectos y profesores. Y ni hablar del desconocimiento de la arquitectura diferente a la del mundo llamado desarrollado, pese a compartir con ella antiquisimas tradiciones, climas, paisajes y recursos. Además, poco se estudian planos y raramente se conoce la implantación de los edificios en las ciudades respectivas. Solo se ven imágenes fotográficas muchas de ellas trucadas. No buscamos las variaciones pertinentes a nuestras circunstancias sino que seguimos dócilmente las formas que nos llegan de las metrópolis. Entre nosotros es arduo indicar salidas sensatas pues estamos acostumbradas a que casi todo viene de afuera. Producto de la transculturación, difícilmente la entendemos. Afortunadamente hay prometedoras excepciones, como precisamente se ventilaron en el taller de Cartagena.

Es previsible este julio el taller sea aun mejor, que deje trabajos importantes para la ciudad, como al principio, al tiempo que estimulantes propuestas y reflexiones. Que crezca incluyendo estudiantes y profesores de más ciudades y países hasta donde quepan mesas de dibujo en el larguisimo salón republicano del segundo piso del Museo Naval del Caribe, sede del evento, al lado de la muralla. De Cali solo asistieron hace un año dos estudiantes de la Universidad del Valle; uno becado por los Andes (otro tambien lo fue hace años), y otro pagando. Ojalá ahora vayan más. Allí, profesores, visitantes y estudiantes se dedican con pasión pero con humor a la magia de imaginar edificios maravillosos en ese portento de ciudad. Da esperanzas el que tantas personas encuentren tanto placer en la arquitectura y las ciudades. En julio Cartagena será una fiesta; que bueno que algo de ella al menos se oyera en Cali.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 06.06.2002

23.05.2002 Los candidatos y las ciudades

Uribe sabe que para reactivar la construcción hay que devolverle capacidad adquisitiva a la economía. Cree que la vivienda facilita que los pobres accedan a la propiedad. Propone 400.000, cuyo costo no exceda de inflación más seis puntos. Aun cuando apenas son el 26% de la demanda, piensa que son muchas porque en 2000 solo se construyeron 19.000. Las cajas de compensación, que manejarán los subsidios para la población más pobre, deberán reducir sus costos de funcionamiento mediante alianzas. Extenderá la exención tributaria a la clase media para aumentar los recursos, ampliar los plazos y reducir los intereses. Canalizará las participaciones de las regiones a través de los bancos para bajar los intereses, y dará estímulos tributarios al crédito en materiales de construcción y a la construcción de vivienda para arrendamiento con opción de compra. Permitiría más crédito a más plazo y buscará que el subsidio favorezca a los que hoy no cumplen con los requisitos existentes.

Serpa promete 500.000. Para ello fortalecería los subsidios con el concurso de la nación, los departamentos, los municipios y las cajas de compensación familiar. Extendería su beneficio a los ciudadanos pobres, hoy excluidos, para dotarlos de activos representados en viviendas que incluyan talleres o locales. Propone una intervención más decidida del Estado frente al problema de miles de familias para cumplir con sus compromisos financieros de su vivienda. Actuaría sobre la viabilidad de los instrumentos financieros establecidos para darle al crédito hipotecario de vivienda más dinámica. Cree que la titularización de créditos de vivienda tiene la enorme ventaja de poder reducir substancialmente los costos para los deudores, pero asegurando una adecuada rentabilidad para inversionistas e intermediarios. Se trataría por este medio de reducir substancialmente las márgenes de intermediación. Cree que la informalidad de los títulos de los poseedores de predios urbanos y rurales es un factor de marginalidad social. Se compromete a triplicar el numero de títulos de propiedad que se han entregado desde 1995.

Garzón dice que mientras no se cambie la desregulación financiera actual es imposible la solución del problema. Cree que su financiamiento debe tener un tratamiento especial y no puede ser visto simplemente como un negocio financiero. Propone un sistema especializado, con recursos subsidiados, que le permitiría a cualquiera comprar su vivienda en condiciones adecuadas, lo que reactivaría la construcción, principal fuente de empleo a corto plazo. Con solo refinanciar una parte de la deuda pública piensa que contaría con recursos suficientes.

La construcción sería uno de los pilares de un gobierno de Noemí. Y un nuevo urbanismo y la vivienda sus ejes dinamizadores. Piensa en un millón, la mitad de interés social, en cinco años, que representarían el mismo porcentaje dedicado a la construcción en los periodos de boom económico. Para lograrlo propone un nuevo esquema financiero, tributario y de intervención del espacio público. Un crédito hipotecario eficiente para llegar a mas gente a menos costo, orientado a mejores desarrollos urbanos y sistemas de propiedad colectiva que representen una mejor calidad de vida. Propone, además, la intervención del espacio público con el fin de abaratar la disponibilidad de lotes con servicios y facilitar su uso eficiente.

Entre todos hacen un buen programa (ver: M. C. Alvarez: Los candidatos frente a la  construcción ): Uribe es consciente del impacto social de una vivienda digna; Serpa ve un hogar y no solo un techo para sobrevivir; Garzón señala que es responsabilidad de cualquier gobierno y un derecho social; e Ïngrid Betancourt (que sigue secuestrada) constata que sin ingresos no hay vivienda. Pero solo Noemí se preocupa algo por las ciudades; ojalá esté en el gobierno de Uribe (si el tiempo se lo permite ) pues aquí pocos parecen darse cuenta de que el problema no es el muy mal medido déficit de viviendas sino la precariedad muy ignorada de las ciudades.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 23.05.2002

14.03.2002 ¿También botó su voto?

Había montones de "propuestas" de los aspirantes al Congreso de la República. La mayoría imbéciles pero algunas de buena voluntad o hasta interesantes (patéticas las colgadas grotescamente de los postes de las calles de Cali)  pero ninguna concretamente sobre las ciudades. Los políticos colombianos parecen ignorar que en ellas ya vive casi el ochenta por ciento de los ciudadanos del país, precisamente, y por lo tanto casi la totalidad de sus eventuales electores. Igual que a la supuesta subversión, no les interesa lo urbano ni la calidad de la vida urbana ni son sensibles a su estética, ni siquiera al atardecer que es cuando todas las ciudades (incluyendo Cali) son bellas, como dijo tan pertinentemente el poeta ruso americano Joseph  Brodsky. Que diferencia con Pericles que lideró el homenaje que los ciudadanos de Atenas levantaron  en lo alto de su polis como símbolo de su poder creciente y su casi perfecta democracia -cada uno se representaba a sí mismo- después de vencer al absolutismo persa.

Solo parece interesarles, a la mayoría al menos, la tajada que puedan sacar de unas obras públicas que las más de las veces acaban con lo que de ciudades tenían nuestras ciudades. Por eso les debe parecer ridículo preocuparse por sus espacios públicos y poco les importa que las cretinadas que proponen en sus propagandas, que parecen dirigidas a un electorado que deben pensar estúpido, no lleven a nada diferente a la fijación de una imagen para que sus clientelas puedan chulear el voto, comprometido previamente a cambio de cualquier cosa o ilusionado en las falsas promesas que se reiteran desvergonzadamente en cada nueva elección.

Es un electorado que no se piensa como ciudadano, ni en su sentido político ni en el urbano. Democracia y ciudad tienen un origen común en la Grecia clásica. En la Edad Media se decía que el aire de las ciudades liberaba. El Renacimiento lo es de las ciudades. La revolución Francesa fue un levantamiento urbano. Imposible pensar las democracias modernas sin las ciudades. La gran reforma urgente que precisa este país es la de sus ciudades y ya no tanto la agraria. La educación que demanda es la enderezada a formar ciudadanos y no solo (malos) académicos. Y la política urbana que requiere es la verdadera democracia participativa -pero culta, en el sentido no solo del conocimiento sino de la tradición- a nivel  de barrios y sectores de las ciudades; la nacional tiene que ser representativa.

Al no existir políticos interesados en las ciudades, el control de los ciudadanos sobre ellas es difícil. Los elegidos nada hacen por la seguridad, limpieza, orden,  silencio y  estética de las calles de sus electores. Las reglamentaciones cambian permanentemente, sin que los directamente afectados sean consultados ni advertidos, para la conveniencia de algún propietario vivo que quiere exprimir su lote sin que le importen los demás. Nadie está seguro de que su barrio permanezca como tal o solo cambie con el consentimiento de sus vecinos. Las calles de todos se usan para los carros de unos pocos. El derecho fundamental de caminar es violado permanentemente. Se cobran valorizaciones a todos por obras que la gran mayoría no usa ni  necesita, y que se diseñan mal y se construyen peor, y que casi siempre se dejan tiradas pues su propósito es solo el repartir contratos y serruchos para las clientelas de esos concejales, diputados, representantes y senadores que se eligen con esos votos comprados, comprometidos o simplemente ignorantes como los del domingo pasado.

Pero por supuesto los peores votos son los de los que ni siquiera votan: son irresponsables y peor de egoístas. Sólo cuando el voto de opinión llegue también a la elección de concejos, asambleas y congreso, además de presidente, habrá alguna posibilidad de que nuestra deficientísima democracia mejore; y con ella, nuestras ciudades y la vida en ellas.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 

30.01.2002 Trabajos en La Recta

Hubiera sido mejor una segunda calzada en la carretera Palmira-Buga o, desde luego, en la congestionada y peligrosa carretera Cali-Florida (ni siquiera tiene bermas) que hacer un tercer carril y una nueva berma en cada una de las calzadas de La Recta. Es evidente que la doble calzada Cali-Palmira no está congestionada y que es posiblemente la carretera menos peligrosa del Departamento. Si, por cualquier motivo extraño, de esos que abundan en el país, se tenía que hacer esa inversión solo ahí, es claro que lo correcto hubiera sido, ante todo, terminar las obras que se emprendieron hace un par de años cuando se ampliaron sus bermas. Por ejemplo, acabar el ensanche de sus puentes, o al menos retirar las grandes vigas que se prefabricaron con ese propósito pero que se abandonaron en las bermas recién construidas con gran peligro para la circulación. Al menos se hubiera podido terminar la demarcación y señalamiento de la vía, que hace años nunca la ha tenido completa.

Probablemente hubiera sido menos costoso terminar esos trabajos y hacer el cerramiento, de la vía, para convertirla en una autopista, que construir dos nuevos carriles y dos nuevas bermas a todo su largo. Pero al menos se ha debido aprovechar esta nueva obra para aumentar el radio de las curvas que se dispusieron en su diseño inicial, hace medio siglo, cuando se pensaba que no eran convenientes las largas rectas y se consideraba que sus escasos 28 kilómetros eran una barbaridad. También se hubiera podido aprovechar para rediseñar algunos trayectos para que no quedaran demasiado cerca de los bordes de la zona de la carretera, como va a pasar ahora, y para bajar la alta banca de la vieja vía, y no tener que rellenar más, ya innecesaria después de la construcción de Salvajina. Y desde luego, habría que haber remodelado las sorpresivas curvas que se inventaron a la entrada del CIAT y quitado las inexplicables construcciones que allí insistieron en terminar contra toda lógica y autoridad.

Con solo algunos de estos cambios, y por lo tanto con una inversión menor, hubiera sido posible aumentar la velocidad de la vía y con ella su capacidad, si este hubiera sido el problema.  Pero lo único que falta es que tampoco logren terminar estos terceros carriles cuya construcción se acaba de comenzar. Y quien sabe cuantos años más tocara esperar para que se resuelva el gran cuello de botella que son los puentes sobre el Cauca, uno de ellos, el colgante, ya hace años insuficiente. Por supuesto estas cosas a nadie interesan y vacas y burros seguirán pastando a lo largo de La Recta, y toda clase de animales de dos o cuatro patas y vehículos insospechados seguirán circulando por ahí como si fuera un Camino Real. Es como si las autoridades, los ingenieros, los conductores y los contribuyentes no hubieran circulado jamás por una autopista de verdad, o como si creyeran que a estas cosas solo tienen derecho los ciudadanos de otras partes. Como si nos contentáramos solo con las apariencias.

Muchos estarán orgullosos de esas calzadas de tres carriles, únicas en Colombia en esa longitud, pero que no pasarán de ser una seudo autopista incompleta y mal construida, como se puede deducir desde ahora de la actual capa de rodamiento, la que ya tuvieron que remendar, y mal, apenas un año después de que se hiciera casi toda de nuevo. Con la indisciplina de los conductores colombianos y la falta de controles por parte del tránsito, no es difícil prever que La Recta, con seis carriles, no será más rápida, pues aunque muchos no lo respeten continuará el ridículo tope de 80 kilómetros, ni tendrá mayor capacidad, pues no se harán completos, pero si que será más insegura. Si con la ampliación de las bermas aumentaron considerablemente los vehículos y animales en contravía ¿cómo será con tres carriles, previsiblemente sin demarcar totalmente, además de las bermas?

Columan publicada en el diario El País de Cali. 30.01.2002

10.01.2002 ¿Celebraciones?

Los hinchas del América tenían el derecho a festejar el campeonato de su equipo como se les diera la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás. De la celebración pasaron a la agresión. Al vandalismo, el saqueo, puñaladas y tiros. Se sabía lo que iba a pasar pero las autoridades no estaban suficientemente preparadas para evitarlo. Hubo un muerto, varios heridos, carros destrozados, robos.

Los que van a la cabalgata tiene todo el derecho hacerlo como les dé la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás. Pero lo único que se les ocurre a las autoridades es variar su recorrido cada año impidiendo que se cree una tradición y que los ciudadanos sepan que va a pasar y en donde para escoger si van o no y si viven cerca o prefieren hacerlo en otras calles y barrios. Y lo mismo vale para la Maratón del Río Cali, los circuitos ciclísticos y demás.

La gente tiene derecho a rezar como lo considere. A lo que no tienen derecho los creyentes es a imponérselo a los demás. A difundir sus cánticos a todo volumen en cualquier parte de la ciudad. Igualmente todos tienen derecho a hacer sus celebraciones familiares como quieran. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás; a que los vecinos tengan que soportarlas hasta mucho después de media noche: no nos interesan, ni tampoco sus equipos de sonido, ni su gusto musical, ni sus chistes, ni mucho menos sus risotadas escandalosas que no entendemos.

Los que son felices comiendo en las llamadas tascas tienen por supuesto todo el derecho a hacerlo. A lo que no tienen derecho sus organizadores es a imponérselo a los demás. A molestar con su ruido y su repentina presencia masiva a los que viven cerca ni a interferir el tráfico. Pero lo único que se les ocurrió a las autoridades ante la justificada protesta de los vecinos de Normandía fue mover el problema a otra parte. Como Simón el bobito.

Qué maravilla las ciclo vías pero que mal que se altere radicalmente el tráfico normal de las vías principales de la ciudad. ¿Cómo no se dan cuenta las autoridades que en la Calle Quinta, por ejemplo, solo es posible cerrarla los domingos, sin molestar a nadie, apenas en su largo trayecto en el sur en donde cuenta con cuatro calzadas? Estupenda la "calle del arte" en San Antonio si se limita a ciertas calles en donde no moleste la circulación ni los garajes y no se perturbe con su innecesario escándalo el barrio entero.

En Cali todos se toman el derecho a hacer lo que se les da la gana (lo que está muy bien)  pero se sienten con el derecho -como si fuera un deber- de imponérselo a los demás (lo que está muy pero muy mal), ante la impotencia de las autoridades para garantizar un mínimo de orden que permita la convivencia de los ciudadanos que las eligen y pagan precisamente para eso. En esta ciudad, aparte de tener que aguantar las celebraciones de los damas, no hay ante quien quejarse con esperanzas de un respuesta efectiva. Similar a la de años anteriores, esta vez fueron 16 muertos a puñal o bala y 30 heridos celebrando la noche de Navidad, noche de paz.

Crear tradiciones y mantenerlas es imprescindible: permiten a los demás saber a qué atenerse. Si a uno no le gustan los reinados pues no va (o se va de) a Cartagena. Y así. Se ha dicho que el derecho del individuo llega hasta donde comienza el de los otros, pero este solo es un límite claro cuando obedece a una costumbre, una tradición. Por eso es tan delicado establecer de pronto nuevos acontecimientos y por eso tan necesario volverlos pronto tradicionales. Pero las tradiciones evolucionan, rebasando sus límites, o si no se acaban. Por eso el hombre civilizado inventó la Ley, para que todos sepan hasta donde pueden ejercer su libertad, y también inventó las Autoridades, para que velen por que se cumpla la Ley.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002