Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
26.12.2002 Los toros en Cali
"Que en las funciones de fiestas salgan los
encierros de toros y a capitanear con ellos a los matachines" recuerda
Gustavo Arboleda (Historia de Cali ) que se decía en la Colonia, pues la fiesta
llegó aquí con Sebastián de Belalcázar y los toros mismos no mucho después.
En la Plaza Mayor, además del mercado, habría
ocasionalmente y acorde con la pobreza de la villa, cabalgatas, procesiones,
desfiles, contradanzas, remates, edictos y presentación de armas. Para las
fiestas se cercaba con madera su contorno, se levantaban palcos y, en medio de
coloridos vestidos, banderas y gallardetes, se rezaba el Tedeum y caballeros
montando a la jineta quebraban cañas y corrían toros. Estos fueron en la Nueva
Granada la parte galante de las festividades civiles y religiosas. Con ellos se
celebraban coronaciones de reyes y nacimientos de infantes, se festejaban los
santos patrones y se agasajaban presidentes y obispos. Fue una fiesta
integradora que caló hondo, dice Pablo Rodríguez (Los toros en la colonia ), y
en la que cada uno demostraba el lugar que ocupaba en la sociedad. En los
toros, anota, se ve la particularidad de las colonias: mientras en España se
los prohibía, aquí reviven y los indígenas llegaron a desarrollar formas
particulares de lidia.
El
uso festivo de la Plaza Mayor, que implicaba un espacio abierto, luminoso,
llano y vacío para diversas actividades, se suprimió con la Independencia, como
dice Edgar Vásquez (Historia del desarrollo urbano de Cali ). Su arquitectura
colonial (mudéjar americana) fue abandonada casi un siglo después por la
llamada republicana (un modernismo historicista), primero, y, luego, por la
moderna. Su nombre se cambió por el de Plaza de la Constitución, se sacó el
mercado semanal y se prohibieron las fiestas, las carreras de caballos y las
corridas de toros. Para realizarlas se adecuaron provisionalmente algunos lotes
en Santa Rosa. Más tarde la plaza, a pesar de haber sido convertida en parque,
se llamó Plaza de Caicedo (como está en el pedestal del prócer), y las corridas
tuvieron lugar en un primer coso, en Juanambú, frente al hoy tradicional
"café de los turcos", en donde permanece aún su portada. Esta fue
reproducida hace unos años en la Plaza de Cañaveralejo, que carece de una
verdadera entrada, que fue la que en 1957 se construyó en cambio de la prevista
detrás del hipódromo de San Fernando en el "Plano del Cali futuro" de
Wiener y Sert, realizado poco antes.
Las
Ferias de Cali se iniciaron ese año, tras la caída de Rojas Pinilla. El evento
se centró, como siempre a lo largo de la historia de la ciudad, en las fiestas
populares y los toros, como anota Cesar Castillo (El Arte y la Sociedad en la
historia de Cali ). Ya son 45 años de temporadas ininterrumpidas en
Cañaveralejo, toda una tradición. Pero lamentablemente la arquitectura de la
plaza (Camacho y Guerrero, y González), cuya estructura contundente le mereció
ser declarada Monumento Nacional en 1994, no es la mejor para un espacio que
necesita mayor intimidad. Su ligero tejadillo, como de estación de tren, y su
excesivo ruedo, pese a las dos nuevas filas con toldos como de café barato que
se improvisaron cuando acertadamente se redujo su diámetro, lo impiden. Sus
alrededores son decepcionantes. Para peor de males se retrasó el inicio del
espectáculo, dizque para que puedan almorzar sin afanes los aficionados, con el
resultado de que al cuarto toro ya no hay sol, y con el se van las sombras y
los ramalazos intensos de luz en el público y en los rostros señeros e
inclinados de los toreros que buscan así evitarlo; al quinto los trajes de
luces se vuelven como de cabaret con el resplandor de los reflectores, y ya en
la oscuridad son muy molestos sus reflejos.
Como dice Antonio Caballero, se necesitan toros,
toreros y públicos para una buena corrida; pero tambien buenas plazas para
conseguir un ambiente adecuado. En él, el recogimiento y la luz del sol juegan
un papel primordial; dos condiciones, además de la lluvia, que en el trópico
son diferentes a las de la Península Ibérica. Tal vez por eso los toros en Cali
siempre serán distintos
Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali 26.12.2002
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