En
Colombia la violencia es la política por otros medios, similar a como dijo de
la guerra el general prusiano Carl von Clausewitz (De la guerra,
1832); y para los subversivos la política después
de la paz sería la guerra por otros medios. De otro lado, la sobrepoblación
hizo que nuestras ciudades crecieran mucho con los desplazados del campo por guerrillas
y paramilitares, o que buscan mas y supuestamente mejores oportunidades. Además
afrontamos crecientes problemas con el narcotráfico y con el eminente cambio
climático del planeta.
Adelantar
el proceso de paz sin considerar integralmente todo lo anterior es un error. Si
se firma, no se acabará la violencia pues se ha trasladado a las ciudades, y si
las FARC acceden a la política lo harían con una total ignorancia y falta de
experiencia en lo urbano y medioambiental. Y si el Gobierno continua la guerra
contra subversivos y narcotraficantes considerándola apenas un “conflicto
armado”, no la podrá ganar militarmente pronto, además de que a muchos no les
interesa, y seguirá dándoles largas a las ciudades y al medio ambiente.
Sun Tzu,
general chino que vivió alrededor del siglo V a.C., recomendaba
facilitar la retirada del enemigo (El
arte de la guerra). Pero, cómo lograr que encaremos la paz si no vemos que en
nuestras ciudades, donde ya habitamos cerca del 80% de los colombianos, la
inseguridad es su mayor problema, y donde las enormes ganancias del
narcotráfico han corrompido todo, y además con problemas medioambientales y de agua y movilidad. O como
ignorar que el campo ya no es dirigido desde el campo, como antes, sino desde
las ciudades y para las ciudades, como sucede con la industria agropecuaria y
minera.
Todo
esto tiene que ser analizado junto, y que aunque la paz con las FARC sin duda tiene
un gran efecto simbólico, lo preocupante es lo que sigue. Principalmente por que
la propiedad privada del suelo urbano imposibilita todo intento de
planificación, sostenibilidad, contextualidad, control y seguridad en las
ciudades. Manejadas, además, desde sus Concejos por politiqueros incultos,
clientelistas y corruptos, elegidos por un electorado aun sin tradición urbana
y democrática, que vende su voto o cree en las promesas falsas de los
candidatos.
Robert Greene (1558-1592), dramaturgo, poeta, ensayista y escritor inglés, nos recuerda que lo extraordinario se desprenda de
lo ordinario (Las 33 estrategias de la
guerra, 2006). En nuestro caso, de su geografía e historia, pues se
trata de la manera de sentir de gentes diversas pues, como se sabe, este es un
país de regiones separadas por altas cordilleras y anchos ríos, que por siglos
fueron sus principales vías de comunicación, y aun muy centralista cultural,
económica, política y administrativamente, y manejado desde la capital.
Política, violencia, sobrepoblación,
ausencia de lo urbano, narcotráfico y medioambiente son hechos ordinarios para
varias generaciones de colombianos. Lo extraordinario es ver integralmente sus
influencias reciprocas. Por ejemplo, que los accidentes de transito, delincuencia
común y narcotráfico matan mas gente que el conflicto armado y paramilitarisno juntos,
financiados, directa o indirectamente, por la prohibición impuesta e inútil de
las drogas. Son pues varias batallas simultaneas, casi todas urbanas, y una
sola guerra por la paz.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 21.05.2013