30.03.2017 Enteremonos

Como muchos animales, el ser humano requiere para vivir aire, agua y alimento (vegetal, animal y mineral pues es de los pocos que es omnívoro) y proteger su cuerpo y comunicarse con los demás (Michael Pollan, El dilema del omnívoro / en busca de la comida perfecta, 2006, p. 410). Jugar a hacer comidas, vestidos y casas eran diversiones de los niños en muchas culturas hasta mediados del siglo XX, los que además no paran de hablar. Con el tiempo el aire se llenó de aromas, el agua indujo a alegres bebidas, el fuego convirtió los simples alimentos en sabrosas comidas, aparecieron ropas y abrigos, y se buscó refugio en las cuevas o se los recortó en el bosque, lo que llevó a la arquitectura y las ciudades.

         Hoy, aparte del peligro de un conflicto nuclear (Marcos Peckel, El País, 08/03/2017), la contaminación del aire con gases de efecto invernadero trastorna el clima, cada vez hay menos agua dulce en el mundo, y la comida industrializada provoca obesidad y otros males (Pollan, p. 79). El vestir se volvió una moda frívola, la arquitectura comercial o sólo espectáculo acaba con la imagen de las ciudades, la sobrepoblación obliga a su rápido crecimiento pues ya no es posible vivir todos en campo, la globalización liquida las tradiciones, y en las “redes sociales” prima la desinformación (Umberto Eco, De la estupidez a la locura / Crónicas para el futuro que nos espera, 2016, pp. 100 a 102, 131 y 366).

         Para comenzar a enderezar este peligroso rumbo, ya que poco podemos hacer contra una guerra nuclear, aparte de protestar, igualmente hay que hacerlo y muy duro contra la corrupción de los políticos y empresarios, votar en todas las elecciones y si no hay por quién, hacerlo en blanco, apoyar las eventuales propuestas acertadas. Informarse en los medios mas independientes y ojalá en varios para verificar lo dicho y escuchar diferentes opiniones, como igualmente evitar la adicción a los teléfonos “inteligentes” la que a muchos los puede llevar a perder la atención, la memoria y la creatividad (Peligrosa obsesión, revista Semana, Bogotá 05/02/2017, p. 72).

         Desde luego también hay que racionalizar en todas las viviendas el consumo de agua potable, y no generar desperdicios o reciclarlos en el sitio, y en las ciudades almacenar la de las lluvias y reciclar todas las aguas servidas. Usar mas el transporte público, y las bicicletas y sobre todo caminar mucho mas, para lo cual en lugar de comprar vivienda hay que alquilarla cerca al trabajo como al centro de las ciudades, y en consecuencia exigir andenes y prioridad para los peatones. Y preferir, dado el caso, habitar en ciudades intermedias, las que, la mayoría de ellas, tienen mucho mejor calidad de vida en términos de seguridad, movilidad, funcionalidad, confort y economía, que las grandes urbes.


         Igualmente hay que escoger en lo posible bebidas y alimentos locales, frescos y orgánicos; vestirse bien, es decir de acuerdo con el clima y no con las modas de afuera; evitar las viviendas en serie y mal diseñadas repetidas ad nauseam; y conservar lo mejor y aun pertinente de las tradiciones de cada lugar. Y sobre todo reproducirse menos y mas responsablemente si es que de verdad se piensa con optimismo en el futuro de las siguientes generaciones. Algunos de todos estos temas se han tocado en columnas anteriores pero no sobra repetirlos y vincularlos con algunos nuevos. Se trata del Aire, el Agua y los Alimentos mas la Protección de los humanos, su Cobijo, y la Comunicación entre ellos.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 30.03.2017

04.03.2017 El proyecto

Rasmus Waern y Gert Wingärdh en ¿Qué es la arquitectura? y 100 preguntas más, 2016, desde luego también hablan de los arquitectos, y al respecto recuerdan como con la arquitectura moderna “resultaba sencillo estar de acuerdo con [sus] comodidades aunque no con su estética [y] debido a que cada uno parecía que tenía su propia idea de lo que era belleza, el enfoque más racional consistió en ignorar el tema” (p. 10), y por supuesto el problema es que “la arquitectura extraordinaria exige habilidades extraordinarias (p. 11) y que no toda debe serlo: de hecho la mayoría.

“En la época en la que todo el mundo conocía las reglas […] resultaba más sencillo conseguir que todo el mundo marchara al mismo paso [y] cualquier buen estudiante era capaz de producir una buena arquitectura [y] el hecho de que esta fórmula desapareciera no significa que no pueda volver a imponerse [pues] estuvo presente durante más de mil años” (p. 11) y el punto es que ”reutilizar una solución antigua es una forma de renovar la arquitectura [pero] no existe motivo para inventar algo si no va constituir una mejora ” (p. 15). U otra alternativa, cabe pensar.

“¿Los arquitectos deben pensar en todo? Si. Eso es exactamente la arquitectura [y] en contraposición con los problemas técnicos, los defectos artísticos rara vez pueden corregirse más tarde” (p. 11). “El arte plantea preguntas; la arquitectura las responde” (p. 22). Es precisamente lo que diferencia la arquitectura de las otras artes y por eso “los edificios, o al menos su reputación, a menudo sobreviven a sus creadores” (p. 21) y de ahí que “conseguir que se publique el propio trabajo es la única forma que tienen los arquitectos o los edificios de forjarse un nombre” (p. 26).

“Antes que [Imhotep, siglo XXVII a. EC.] hubo también otros arquitectos [basta imaginar] el momento en que las primeras pieles de animales se colocaron en el suelo” (p. 41). “La arquitectura es un selfie colectivo” (p. 50). “La arquitectura contemporánea se halla, por tanto, vinculada de una manera inseparable a los concursos arquitectónicos, del mismo modo que la sociedad contemporánea esta relacionada con la competición por sí misma” (p. 53). Para bien y para mal, habría que anotar, pues infortunadamente siempre dependen de las bases y sobre todo de los jurados.

Al fin de cuentas “lo que importa son el clima, el terreno y la sociedad” (p. 58). “Sin edificios, ninguna civilización, ni siquiera la de especie humana, puede sobrevivir” (p. 71). “Cada época tiene su propia moral: la sostenibilidad es la más importante en la nuestra” (p.75). La arquitectura “tiene poca relación con los cálculos [y sus ] parámetros más importantes […] son el hombre y sus sentidos” (p. 89). “¿No pueden los arquitectos hacerlo bien desde el principio? No. Diseñar es aprender” (p. 90), y sin duda “la incerteza puede ser la esencia del proceder creativo” (p. 91).

Y, finalmente, responden al título de su pequeño libro: “¿Que es un arquitecto? Un constructor jefe” (p. 94). El caso, pues, es que la palabra arquitecto viene del latín architectus, y este de Architéktön, del griego clásico arkhé (mando) y téktön (obra), y designa a ese personaje, mezcla de artista y técnico, que proyecta edificios y espacios urbanos para el ser humano atento a su correcta construcción posterior, además de que, como lo señalan Waern y Wingärdh, “deben perfeccionar su diseño de los detalles” (p. 67).

Artículo publicado en la revista virtual Caliescribe.com 04.03.2017