Como
muchos animales, el ser humano requiere para vivir aire, agua y alimento
(vegetal, animal y mineral pues es de los pocos que es omnívoro) y proteger su
cuerpo y comunicarse con los demás (Michael Pollan, El dilema del omnívoro / en busca de la comida perfecta, 2006, p.
410). Jugar a hacer comidas, vestidos y casas eran diversiones de los niños en
muchas culturas hasta mediados del siglo XX, los que además no paran de hablar.
Con el tiempo el aire se llenó de aromas, el agua indujo a alegres bebidas, el
fuego convirtió los simples alimentos en sabrosas comidas, aparecieron ropas y
abrigos, y se buscó refugio en las cuevas o se los recortó en el bosque, lo que
llevó a la arquitectura y las ciudades.
Hoy, aparte del peligro de un conflicto
nuclear (Marcos Peckel, El País, 08/03/2017), la contaminación del aire con gases
de efecto invernadero trastorna el clima, cada vez hay menos agua dulce en el
mundo, y la comida industrializada provoca obesidad y otros males (Pollan, p.
79). El vestir se volvió una moda frívola, la arquitectura comercial o sólo
espectáculo acaba con la imagen de las ciudades, la sobrepoblación obliga a su
rápido crecimiento pues ya no es posible vivir todos en campo, la globalización
liquida las tradiciones, y en las “redes sociales” prima la desinformación (Umberto
Eco, De la estupidez
a la locura / Crónicas para el futuro que nos espera,
2016, pp. 100 a 102, 131 y 366).
Para comenzar a enderezar este
peligroso rumbo, ya que poco podemos hacer contra una guerra nuclear, aparte de
protestar, igualmente hay que hacerlo y muy duro contra la corrupción de los
políticos y empresarios, votar en todas las elecciones y si no hay por quién,
hacerlo en blanco, apoyar las eventuales propuestas acertadas. Informarse en
los medios mas independientes y ojalá en varios para verificar lo dicho y
escuchar diferentes opiniones, como igualmente evitar la adicción a los
teléfonos “inteligentes” la que a muchos los puede llevar a perder la atención,
la memoria y la creatividad (Peligrosa
obsesión, revista Semana, Bogotá 05/02/2017, p. 72).
Desde luego también hay que
racionalizar en todas las viviendas el consumo de agua potable, y no generar
desperdicios o reciclarlos en el sitio, y en las ciudades almacenar la de las
lluvias y reciclar todas las aguas servidas. Usar mas el transporte público, y
las bicicletas y sobre todo caminar mucho mas, para lo cual en lugar de comprar
vivienda hay que alquilarla cerca al trabajo como al centro de las ciudades, y
en consecuencia exigir andenes y prioridad para los peatones. Y preferir, dado
el caso, habitar en ciudades intermedias, las que, la mayoría de ellas, tienen
mucho mejor calidad de vida en términos de seguridad, movilidad, funcionalidad,
confort y economía, que las grandes urbes.
Igualmente hay que escoger en lo
posible bebidas y alimentos locales, frescos y orgánicos; vestirse bien, es
decir de acuerdo con el clima y no con las modas de afuera; evitar las
viviendas en serie y mal diseñadas repetidas ad nauseam; y conservar lo mejor y
aun pertinente de las tradiciones de cada lugar. Y sobre todo reproducirse
menos y mas responsablemente si es que de verdad se piensa con optimismo en el
futuro de las siguientes generaciones. Algunos de todos estos temas se han
tocado en columnas anteriores pero no sobra repetirlos y vincularlos con
algunos nuevos. Se trata del Aire, el Agua y los Alimentos mas la Protección de
los humanos, su Cobijo, y la Comunicación entre ellos.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 30.03.2017
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