Columna publicada en el diario El País de Cali 29.12.2006
29.12.2006 “Colombianes”
Así como adolescentes se refiere tanto a las
“adolescentas” como a los “adolescentos”, “muchaches” se podría referir a tanto
a las muchachas como a los muchachos. Mucho mas sencillo que la @ propuesta y
de lejos menos ridículo e ineficiente que “las muchachas y los muchachos” que
las feministas fundamentalistas nos proponen para un lenguaje incluyente, que
tarde o temprano tendremos que asumir, y que muchos políticos, que adoran lo
políticamente correcto y la ridiculez les resbala, ya están adoptado
obedientemente pues no tienen problema alguno en hablar de ladrones y ladronas
o mentirosos y mentirosas pues ellos si saben de que se trata. Al principio el
“es” sonará feo en muchas palabras pero se ira encontrando su música. En
conclusión, tiene razón Héctor Abad en lo de la ridiculez de ellos y ellas y
Florence Thomas en lo de la necesidad de un lenguaje incluyente. Y proponer
salidas, que seguramente ya están propuestas, es al menos todo un divertimento
propio del 28.
Como caminar con ellas (las caleñas son como las
flores) al atardecer y en medio de la brisa por la Avenida Sexta (cuando se
podía), jugar ajedrez con ellos (todos son hombres) temprano en la noche en la
plaza de San Francisco, sentarse en los bancos del Paseo Bolívar junto a los
jubilados a mirar pasar la gente (las jubiladas trabajan), embolarse en la
Plaza de Caicedo (como está escrito en el pedestal del prócer) ojalá con las
emboladoras que solía haber allí, ir los domingos al Parque Panamericano (ya
invadido sin permiso por el Mio) a ver que se levanta, subir a la colina de San
Antonio a elevar cometas (en justicia “cometes”) o a pasear el perro o la perra
(o “les perres”), o caminar con la procesión dominguera que recorría hasta hace
poco las calles del barrio con su maravillosa banda desafinada de viejos (solo
hombres) y adolescentes en especial una bella y muy joven “adolescenta” y que
de pronto desapareció sin que nadie de razón (la banda y la “adolescenta”). Un
divertimento incluso como el ir a los centros comerciales (esas ciudades
artificiales) a discutir sobre los problemas de genero en el lenguaje que ha
puesto sobre el tapete la liberación femenina, y preguntarnos porque no hay “traquetas”. En fin, ir a Pance o al
club.
“Artistes”, “arquitectes”, “cientifiques”,
“deportistes” y “ciudadanes”, irán por el camino de encontrar su música, y “les
ejecutives” se lo merecen, mientras que jueces, senadores y alcaldes no tendrán
problema pero desde luego “juezos”, “senadoros” y “alcaldos” llevaran del bulto
pues jueza, senadora y alcaldesa ya existen. Ya hay caballos y yeguas, solo
faltan “caballes”, “tores”, “perres” y “gates” y demás animales de los que las
feministas se olvidan pues solo se ocupan de los hombres, en lo que por
supuesto tienen razón. Hombres (“hombros” y mujeres) que no le estamos metiendo
el hombro a la ciudad. El problema de que la hombro ya quiera decir otra cosa
no es relevante; podríamos cambiar “hombro” por “hombri”: “les hombres”, tanto
las mujeres como, especialmente, los “hombri”, estamos acabando con Cali.” Que
es de lo que nos deberíamos ocupar “les” “caleñes”, incluso en “les centres
comerciales”.
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