01.12.2016 Homo Deus

Breve historia del mañana es como subtitula inteligentemente el historiador Yuval Noah Harari (Kiryat Ata, Israel, 1976) su reciente libro, pero es mejor leer su primer capítulo, La nueva agenda humana, después del resto. O, si se insiste en comenzar por el principio, no aterrarse con lo que allí se descubrirá (a lo que ayuda lo ameno de su escritura) y continuar adelante para encontrar explicaciones, muchas preguntas pertinentes y mucha información al respecto, y en últimas mas conocimiento.

”¿ Cómo mueren exactamente los humanos?”, O, “¿Quiere […] saber cómo los “cíbors” [seres formados por materia orgánica y dispositivos tecnológicos que tienen por objetivo mejorar las capacidades de la parte orgánica] superinteligentes podrían tratar a los humanos […] corrientes?”, O, “¿Por qué los intentos de consumar el humanismo podrían suponer su ruina?”, O, “¿Quién dará sentido a la vida y nos protegerá del caos?”, “¿Sobre qué bases podríamos tomar decisiones?” , Y, entonces: “¿Adonde ha ido a parar todo el poder?”.

Que “cuanto mas sabemos, menos podemos predecir.” De lo que se sigue que “el conocimiento que no cambia el comportamiento es inútil”. Y por eso es que “Los historiadores estudian el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo”, y en consecuencia “imaginar destinos alternativos”. En conclusión “la única y mayor constante de la historia es que todo cambia”, y que “a menudo […] la modelan pequeños grupos de innovadores que miran hacia el futuro y no tanto masas que miran hacia el pasado”.

Que, sencillamente, un algoritmo “es un conjunto metódico de pasos que pueden emplearse para hacer cálculos, resolver problemas y alcanzar decisiones”, pero que “paradójicamente, el mismo poder de la ciencia puede aumentar el peligro, porque hace que los ricos sean complacientes”. O verdades como que: “La némesis [castigo o venganza] real de la economía moderna es el colapso ecológico”, o que: “El mayor de los descubrimientos científicos fue el de la ignorancia”, o que: “No hay justicia en la historia”,

Preguntas, informaciones y conocimientos sobre el futuro que les permitirá a muchos enfrentar un presente amenazado por un eventual desastre nuclear como por el evidente trastorno climático actual, precisamente para evitar su “némesis”. O discernimientos que les permitirán a muchos arquitectos, por ejemplo, enfrentar seriamente el problema climático, puesto que es debido en buena parte a los malos diseños de los edificios: a una mala arquitectura, lo que nos afecta a todos en las homines civitas.

Esta breve historia del mañana sin duda alguna hará historia en este caótico presente, pues no en vano el libro anterior de Harari, Sapiens. De animales a dioses, Una breve historia de la humanidad, 2013, del que ya se habló en esta columna (Preguntas, 28/05/2015), ha sido traducido a treinta idiomas y se ha vendido mas de un millón de ejemplares en tres años, según la editorial Debate, responsable de la edición en español.

Y al fin y al cabo Harai termina su nuevo libro preguntando “¿Qué es mas valioso: la inteligencia o la conciencia?” Y contesta a continuación con otra pregunta “¿Qué le ocurrirá a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana cuando algoritmos no conscientes pero muy inteligentes nos conozcan mejor que nosotros mismos? Aliste pues los $52.000.oo (USD 17) que cuesta el libro por que si que los vale: es como si fuera un algoritmo consciente.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 01.12.2016

19.11.2016 “Pensar” con el deseo

Acertó de nuevo Allan Lichman al indicar que ganaría Donald Trump (Semana 06/11/2016) y de nuevo se equivocaron las encuestas. Mientras que el primero se basa en un sistema de predicción sustentado en la personalidad de los candidatos como en la posibilidad de que el partido de gobierno pierda el poder, y no se ha equivocado desde que lo creó en 1984, las segundas se han equivocado cuando hacen preguntas y no análisis de hechos, o simplemente no las estudian bien.

Y peor cuando las preguntas son tendenciosas, como la del plebiscito pasado al revolver el anhelo de todos por la paz con la conveniencia o no del acuerdo (como se le dio la gana al Presidente), y llevan a que la gente responda con el deseo sin pensar mas allá. Y lo mismo sucede cuando se le pregunta a las personas si son felices y contestan lo que desean y no lo que evidentemente piensan cuando expresan sus quejas, la mayoría de ellas con toda la razón.

El deseo, anhelar que acontezca o deje de acontecer algo, obviamente no garantiza lo deseado, y confundir las dos cosas lleva a las mentiras; es decir, a manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa, y por lo tanto a inducir a los otros a cometer un error, emitir un concepto equivocado o a producir un juicio falso, o, mas grave aun, una acción desacertada y en últimas a no cumplir con lo que se debe. Como sucede permanentemente en esta ciudad tan deseada y tan poco pensada.

Como tituló Caliescribe.com “por eso nos duele que Gossain nos diga la verdad” verdad que es ineludible si se trata de verdad de resolver los varios problemas de la ciudad, los que paradójicamente no son tantos como las nuevas Secretarías creadas en la reciente reforma administrativa con el propósito de solucionarlos. Y de las que no se volvió a saber nada mas, como del jarillón o el Mio o del tren de cercanías o del nuevo acueducto para Cali, embelesados con las elecciones en USA y las películas que se ruedan en la ciudad.

El problema es que los dirigentes son elegidos siempre por una minoría pues mas de la mitad de los ciudadanos son 'idiotés' que no votan. Así llamaban los griegos a los que dejaban en las manos de otros los asuntos de su ciudad, lo que es inevitable en las enormes conglomeraciones actuales mas no en sus barrios tradicionales que son, o deberían ser, como las pequeñas ciudades de antes, en donde la democracia si es posible entre iguales como señalaba Friedrich Nietzsche (1844-1900) en Humano, demasiado humano, 1878 .

En estas ciudades dentro de la ciudad la falta de una verdadera autoridad local es su primer problema, ya que sin la cual es muy difícil resolver los otros inconvenientes que manifiesta la gente como su seguridad, movilidad y aseo, pues poco se preocupan por la destrucción de su patrimonio construido y natural, de su hábitat. Es decir, por las condiciones apropiadas para vivir en ese preciso lugar, mejorando su calidad de vida, y por lo que piensan de su deseo de morar allí y no en otra parte.

Es un problema de cultura y de entender que las ciudades son su escenario, como lo señaló Lewis Mumford en 1938 en La cultura de las ciudades y, precisamente, como dice Johan Huizinga (1872-1945) “…hay que crear cultura para conservarla” (Entre las sombras, 1935, pp. 35 a 47). Y por eso es un asunto político que implica la aspiración a que los ciudadanos deseen votar a favor de su ciudad a partir de su pensamiento sobre ella, y no por lo contrario de lo que se sabe. Mas primero hay que saberlo, claro; enterarse bien.

Artículo publicado en la revista virtual caliescribe.com. 19.11.2016

12.11.2016 Pasado imperfecto

Desde las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki en 1945, son varias las veces que se ha estado al borde de un desastre nuclear, como lo señala Noam Chomsky (¿Quién domina el mundo?, 2016, pp. 285 a 295), el que cada vez está mas cerca y que cada vez sería peor: el Apocalipsis lo llama Chomsky. Y mientras tanto el trastorno climático, como propone que se lo nombre el arquitecto Harold Martínez, sigue avanzando cada vez mas hacia un desastre climático.

Por otra parte Estados Unidos es el único país que ha utilizado armas atómicas, mas el peligro es que ya no es el único que las tiene, pues se le sumaron la Unión Soviética (ahora Rusia), Francia, el Reino Unido y China, los denominados Países Nucleares, y además hay otros estados poseedores de armas nucleares como India, Pakistán, Corea del Norte y muy probablemente Israel, o con las tecnologías necesarias para obtenerlas como Irán, e incluso Brasil ha intentado construir una bomba atómica.

Como es lo natural en la historia de la humanidad, es un futuro causado por un pasado inmediato dominado por Estados Unidos desde que salió triunfador en la Segunda Guerra Mundial. Gobernando siempre a partir de unos principios y valores centrados en proteger su sector empresarial, incluyendo el de las armas y el de los automóviles, tan vinculadas aquellas a la guerra y estos al trastorno climático, pues business is business y time is money. Pero que igualmente produce gentes valerosas como Noam Chomsky.

Un pasado que coincide con la aceleración del crecimiento demográfico en el planeta y por ende de las ciudades en el, y en consecuencia las mas amenazadas en el futuro inmediato pues en ellas esta concentrada mas de la mitad de los habitantes del mundo. Tanto, que como bien lo dice José Rodríguez Castro ante su acelerado crecimiento en todas partes cabe preguntar si el concepto continuara vigente pues sus funciones se han modificado o sustituido, escapando al escrutinio académico (www.ref.pemex.com/octanaje/27fut.htm).

Las ciudades son las primeras victimas del fundamentalismo, el terrorismo y las guerras actuales, como nos muestran todos los días en el caso de la del Oriente Medio, con Alepo cada vez mas destruida, la que contaba con cerca de 2.132.100 habitantes, es decir un poco menos que Cali. A lo que se suman los grandes monumentos de la humanidad igualmente destruidos y que la inútil ONU solo se contenta con calificarlos como “actos de guerra” (http://www.codigonuevo.com/19-preciosos-monumentos-destruidos-por-la-guerra/).

A la pregunta de Chomsky “¿qué principios y valores gobiernan el mundo?” (p. 318) Hilary Clinton ya contestó: mantendría los actuales acuerdos comerciales para incentivar una economía global, es decir, para lo mismo que propone Trump: la hegemonía de Estados Unidos. De hecho los TLC, tan del interés del gobierno colombiano y de ciertos empresarios para el “desarrollo” de las ciudades, son, como muchos productos del campo, a favor de Estados Unidos.

Y la realidad es que aquí ya se comenzaron a traer estrellas internacionales de la arquitectura, o ni siquiera, ya sin muchos encargos debido a la “burbuja inmobiliaria” pasando por alto que si hay algo que no se deba globalizar es la arquitectura, la que en primer lugar se debe a los diferentes climas, paisajes y tradiciones, tan bienvenidos en un pasado idílico pero cuyo futuro está cada vez mas amenazado, no quedando mas que pasar el día; CARPE DIEM decía Horacio (Odas, I, 11).

Artículo publicado en la revista virtual caliescribe.com. 12.11.2016

10.09.2016 ¿Algo es algo?

"El presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana" dijo el Presidente en Caracol Radio, y pregunta el plebiscito: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Evidentemente no es una pregunta sencilla ni clara, como sostiene el Presidente, pues se puede estar en contra del Acuerdo precisamente por querer la paz. El plebiscito es sobre el Acuerdo no sobre la paz, pues ¿quién no la prefiere aparte de los que negocian con armas? Porque otra cosa son los que buscan que los dejen en paz para seguir con sus muy rentables negocios ilegales y violentos.

El caso es que, al contrario de la premisa que plantea William Ospina (El Espectador 15/04/2016), quien afirma que “si hubo una guerra, todos delinquieron, todos cometieron crímenes, todos profanaron la condición humana, todos se envilecieron”, lo que parece evidente es que se trata de simple carencia de justicia (la gran mayoría de los colombianos no ha secuestrado, ni asesinado, ni hecho terrorismo) y de la corrupción que su ausencia genera, pues como cojea tanto tarda mucho o no llega. Como señala el abogado Fabio Humar (El País, Cali 23/06/2016) “no nos gusta aplicar la ley”; se acata pero no se cumple, se repite aquí desde la Colonia.

Si gana el SI, los votos por el NO serán un llamado de atención a la fiscalización de la puesta en práctica de lo acordado; pero si gana se podrá lograr un acuerdo mejor, sin tantos “sapos” ni “micos”, o las FARC volverán a sus andadas, como ya lo anunciaron, dejando en claro, ojala de una vez por todas, que las críticas al Acuerdo no son infundadas, y en las que ahondan Mauricio Vargas (El Tiempo 04/09/201016), Javier Ortiz (El Espectador (04/09/2016) y Luis Guillermo Restrepo y Rafael Nieto Loaiza (El País, 04/09/2016). Hay que pensarlo antes de votar con el deseo, pues peor que la “guerra”, que ni siquiera lo es de verdad, es una paz de mentiras, y por supuesto es prudente preguntarse si bastará con quitarles la armas a las FARC como concluye Antonio Caballero (Semana 04/09/2016).

Sobre todo qué será menos malo para las ciudades, de las que nada se dice en un Acuerdo que pretende abarcar todo el país. Un país que ha cambiado diametralmente desde que se inició la Violencia a mediados del siglo pasado, cuando la mayoría de los colombianos vivían en el campo, pero que hoy es justamente lo contrario: la mayoría viven en las ciudades. Será que, como decía Cicerón (107 a. C-43 a. C): "Tal y como son los que se dedican a la cosa pública así suelen ser los demás ciudadanos", porque lo grave es que unos y otros se han olvidado del campo, lo que se facilita en un país cuya historia ha estado tan dividida por su geografía.

En palabras del “forista” cuentosdeaguablanca (El (des) Acuerdo, El País 01/09/2016) “somos los mas alejados de la guerra y sus efectos quienes vamos a decidir si ella continua o no”. Y aunque no es una guerra propiamente dicha (la forma más grave de conflicto socio-político entre dos o más grupos humanos), es peor vivir por años en medio de una lucha que primero fue una revuelta subversiva que llevó al paramilitarismo y ahora está mezclada con la violencia que genera el narcotráfico, el temor es que el Acuerdo engendre mas conflictos. Pensaba Trotsky que “el fin puede justificar los medios en la medida en que exista algo que justifique el fin” y en este caso es la paz; “algo es algo” se suele repetir, pero ¿cual paz?

Artículo publicado en la revista virtual caliescribe.com. 10.09.2016 

01.09.2016 El (des) Acuerdo

Los que no lo lean completo, que lean a Mauricio Vargas que ya lo leyó (El Tiempo 28/08/2016) y advierte que mientras que “algunos de los peores criminales” van a librarse de la cárcel y terminen en el Congreso o en cargos de elección, las equivocaciones de un funcionario -o de un médico- son vistas como delitos y condenados a muchos años de cárcel. “Si es verdad que un castigo ejemplar disuade el delito, el perdón ejemplar lo estimula”, concluye. Y está la ambivalencia con los militares y policías. Como dice Marta Lucía Ramírez “esas 297 páginas que cambian la Constitución con la colaboración de las Farc merecen mucho análisis” (Semana 28/08/2016).
Tanta retórica, tantas páginas, tanto articulado, tantos incisos, tantas siglas, como ha señalado Carlos Jiménez (El País 25/08/2016), en lo que coincide Mauricio Pombo (El Tiempo 30/08/2016) enredarán aún más la justicia y propiciarán más corrupción, la que señala con razón Demetrio Arabia como el principal mal de este país (El País 29/08/2016). Culpables, precisamente, de que no se supere la desigualdad económica ni la discriminación social que hace más de medio siglo generaron la subversión campesina que después tomaría el nombre de Farc, pero que hace décadas se entregaron al secuestro, las vacunas, el terrorismo y cada vez más al narcotráfico.
¡Punto final a la guerra con las Farc! titula El País (26/08/2016) y lo dice casi todo: que los dejarán en paz para que sigan con el narcotráfico y la minería ilegal, que defenderán con las armas que no entreguen (hace un tiempo uno de sus frentes ya lo anunció) y con cuyas ‘ganancias’ comprarán votos para hacer política. Populista por supuesto, cuyos resultados son peores que los del neoliberalismo. Asuntos que apenas se podrán comprobar, o no, más adelante, y por tanto es ingenuo no considerarlos y votar en el plebiscito con sólo el deseo. O será que como afirma Chris Stone, presidente de Open Society “la cárcel no es la única alternativa a la impunidad” (El Espectador 27/08/2016).
Y Antonio Caballero recuerda que “ahí siguen ellos [el ELN] en su camino sin salida: sin otro propósito que el de seguir ahí. Encerrados en su convicción fanática, ajena a toda razón histórica, de que la paz es una derrota [pues] están convencidos de que la guerra es buena en si misma, independientemente de sus resultados” (Semana 28/08/2016). Pero también cabría preguntar si la paz es buena independientemente de sus resultados. De la Paz de Aquisgrán de 1748, que tanto le costó a Francia, les quedó el dicho “Bête comme la paix” y aquí, en esta mal llamada guerra, “bête” puede ser más que “tonto”.
“Este acuerdo nos da la oportunidad de construir un país mejor” afirma el Presidente. Mas nada de las ciudades, donde vive el 75% de los que van a votar, o no, pero donde todos tendrán que financiar con sus impuestos, directos o indirectos, lo acordado. Se entiende de las Farc, tan alejadas de las ciudades, no del Gobierno, que no sale de ellas, pero permite que lo privado prime sobre lo público. Sin embargo, como titula Semana: “El fin de la guerra con las Farc no es la paz total, pero es un paso enorme hacia ella”. Ojalá, pues, como acierta Jiménez, aquí se cree que “los problemas […] se resuelven exclusivamente legislando [y] la ley se obedece pero no se cumple”. Es el turno de la gente, llama Luis Guillermo Restrepo (El País 27/08/2016) pero como dice Héctor Abad “una de las cosas más difíciles […] es aprender a confiar” (El Espectador 27/08/2016).
Columna publicada en el diario El País de Cali. 01.09.2016

09.06.2016 Estadísticas

El ‘progreso’ se ha basado en el crecimiento continuo de la población, el fomento del consumo y la obsolescencia programada de toda clase de artículos y bienes, provocando más contaminación ambiental y la disminución de bosques, selvas, páramos y glaciares, agua dulce y biodiversidad, y el agotamiento de los recursos no renovables. Y lo que distintas fuentes informan es que la época más pacífica de la humanidad (lo demuestran las estadísticas) está amenazada, y no solo por el terrorismo.

La población del mundo (nacimientos menos muertes) es de más de una persona cada segundo, más de la mitad en las ciudades, y ayer a las 5 am era de 7.329.937.824 (http://www.census.gov/popclock/). Si el crecimiento continúa habría que aumentar las tierras agrarias en un 50% en los próximos 30 años. Pero como la gran mayoría de la tierra cultivable ya está en uso o ha sido degradada, para producir más comida tocaría primero recuperarla y recurrir a más fertilizantes, descuidando el medio ambiente.

El objetivo de la obsolescencia programada (incluyendo casas y edificios incluso de valor patrimonial) es, por su parte, el mero lucro, propósito único de un sistema económico y de producción que promueve el consumo creciente, sin considerar que los productos desechados constituyen un grave foco de contaminación cuando son tantos como sucede ahora. Además, países en vías de desarrollo están siendo usados como vertederos, generando en ellos destrucción del medio ambiente y el paisaje.

El consumismo, además, altera el equilibrio ecológico por el excesivo empleo de recursos naturales, cuya extracción y procesamiento en su gran mayoría genera más contaminación. Y la preferencia por productos innecesarios o fácilmente sustituibles, que son producidos en otra parte, ayuda a desequilibrar la balanza comercial entre las regiones, aumentando la mala distribución de la riqueza, ya que los consumidores son por lo general de un nivel socioeconómico inferior que sus productores.

Con respecto a la biodiversidad las estimaciones varían: entre muy pocas y hasta 200 especies extinguidas por día, pero el hecho es que miles se encuentran amenazadas de extinción en el mundo. Y todos los científicos reconocen que su desaparición es mayor que en cualquier otra época de la historia humana, y están de acuerdo en que las pérdidas se deben a la actividad humana, incluyendo la destrucción directa de plantas y su hábitat para la producción de alimentos, la urbanización o la minería.

No renovables son el carbón, el petróleo, los minerales, los metales, el gas natural, los depósitos de agua subterránea, y los acuíferos confinados sin recarga. Las estimaciones más optimistas son las de las empresas, y las más pesimistas de los ecologistas y científicos. Los primeros tienden a presentar las reservas de hidrocarburos como todos los yacimientos conocidos más los que prevén encontrar, pero los segundos señalan el costo creciente de su exploración y extracción, que disminuye su valor de uso.

En conclusión, individual y colectivamente, tenemos que propiciar que nos reproduzcamos mucho menos, consumamos mucho menos, utilicemos mucho menos combustibles fósiles, y que protejamos mucho más la naturaleza y las fuentes de agua, y que volvamos a vivir en el centro de las ciudades y a caminar mucho más en ellas. Hay que pensar que el futuro de nuestros descendientes depende de nosotros y no de ellos, como sí en el pasado, y que estamos ante una inflexión en la vida de todos.


Columna publicada en el diario El País de Cali. 09.06.2016