17.06.2010 Re-vote

Fraude, del latín, fraus, fraudes (DRAE), es una acción contraria a la verdad y rectitud, que perjudica a los ciudadanos contra quienes se comete, que es justamente lo que acaba de ocurrir en las elecciones. Prohibir las encuestas una semana antes es parte de un mal recurrente en la política colombiana, que siempre se ha movido entre el fraude y la guerra civil. Es claro que sería mas difícil hacer dolo de un día para otro pues no se podría “explicar” tan fácilmente una diferencia tan abultada echándole la culpa a los encuestadores, que por supuesto también la tienen, y a los que finalmente no votaron como dijeron que lo iban ha hacer, como desde luego también pasó, pues no todo fue producto de la maquinaría del partido de la U con la ayuda oficial, ni de los que a última hora se dejaron asustar.

Sin duda otra vez se configuró un acto tendiente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado y los ciudadanos, fraude que por lo demás era innecesario pues es claro que la mayoría de los colombianos votó por la continuidad del gobierno de Uribe, fundamentalmente porque nos demostró que las FARC si pueden ser derrotadas militarmente. Pero lo que está en juego es que debe y puede hacerse sin abusos ni ilegalidades, lo que con toda claridad debe llevar a los que votaron por Mockus a hacerlo de nuevo, pues justamente representa sobre todo el acato a la Ley, y de ahí el respeto a la vida y al erario. Mas que nunca necesitamos una oposición fuerte y organizada, que no se venda por puestos y contratos, como lo hicieron los políticos de “oposición” que de inmediato adhirieron a Santos.

Y precisamente son la inseguridad y la corrupción, junto con el desempleo, los mayores problemas actuales del país, y no apenas una subversión que ni siquiera ya lo es, pues hace años  está dedicada al secuestro, la extorsión y el narcotráfico, el que hoy financia su existencia y mantiene una guerra que ha resultado inútil, como ya lo reconocieron en Estados Unidos, en donde se avanza cada vez mas hacia la despenalización de las drogas y su control como un problema de salud pública. Sin el dinero del narcotráfico sencillamente no existirían las FARC, y los problemas sociales, por supuesto reales y preocupantes, con los que aun algunos pretenden justificar su existencia, dispondrían de mas recursos para su solución. Para construir mas bibliotecas comprando menos armas, convirtiendo espadas en arados.


De otro lado, las medidas que establecen los sistemas autoritarios en defensa de su propio régimen (o su continuación), como prohibir las encuestas en el momento en que se vuelven comprometedoras, puede constituir un delito (del latín delicto), como lo es eludir o burlar el pago de los impuestos o contribuciones, o el que cometen los encargados de vigilar la ejecución de los contratos públicos, confabulándose con la representación de los intereses opuestos. Es precisamente lo que ha pasado escandalosamente con muchas de las obras públicas del país en los últimos años, razón de mas para que necesitemos una oposición fuerte y organizada, la que ahora solo puede ser la del partido Verde y el Polo. Por eso hay que volver a votar por Mockus, y esta vez si que hay que contar los votos para evitar el fraude.

Columna publicada en diario el País 17.06.2010 

10.06.2010 Piénselo

Mockus no va a mejorar el país: lo tenemos que hacer los que volveremos a votar por él pensando en la próxima elección de alcaldes, pues aquí ya el 80% vivimos en ciudades. Y para mejorarlas primero hay que educar a sus ciudadanos, comenzando por el respeto a la Ley. Cultura urbana que sólo puede impulsar alcaldes cultos, honrados y con vivencias en otras ciudades del mundo, como fue Mockus en Bogotá. Con conocimiento de lo urbano como aprendió Peñalosa, que sepan, como Fajardo, para que sirve la arquitectura, y que se preocupen por la educación, salud, vivienda, trabajo y seguridad de su gente, como Garzón. Alguien dispuesto a hacerle entender a los que aun no saben nada de ciudades que es justamente por eso que viven mal en ellas y que eligen alcaldes ciegos y concejales que solo ven cómo sacar tajada del erario.

Qué futuro pueden tener unas ciudades en las que la mayoría de sus ciudadanos son recién llegados a la vida urbana y no conocen ciudades de verdad, que no declaran renta por lo que no realizan que el erario les pertenece, y que creen que es un buen negocio vender su voto. Y qué esperar de unos candidatos a sus alcaldías que cada cuatro años vuelven a ensuciar sus ciudades, como si no fueran de ellos, con vallas y pasacalles con vulgares lugares comunes pues no tienen nada que decir, y que por lo contrario deberían comprometerse a prohibir esa flagrante invasión del espacio público si salen elegidos. O cuya única experiencia es tener parientes y jefes ya presos por “parapolítica” como pasó con el Gobernador del Valle, o que pese a ser honrados y bien intencionados tampoco saben mucho de ciudades.

Ya vimos antes en Bucaramanga, Bogotá y  Barranquilla, cómo un alcalde bueno pude mejorar nuestras ciudades, pero también ahora en la capital uno malo que puede reversar el proceso, o comprometer su futuro, como pasará en Cali con sus mega obras que quedarán comenzadas y cuya terminación se dilatará quien sabe cuanto pues están llenas de ilegalidades. El hecho es que cuatro años son muy pocos para lograr cambios en el comportamiento ciudadano que permanezcan en el tiempo y obras publicas que se concluyan bien y rápido y no sean solo para los contratistas del Estado. Pero ni siquiera entendemos que no puede haber ciudades sin edificios, que éstos conforman calles, y que éstas se caminan por los andenes y se aprecian en perspectiva, por lo que su arquitectura es significativa y no un lujo.


Si vemos que el problema de Haití o Chile es ante todo la reconstrucción de sus ciudades entenderemos la importancia de tener alcaldes buenos, pues aquí el terremoto fue el rapidísimo crecimiento de las nuestras. Pero esquizofrénicamente esa mayoría de colombianos que están de acuerdo en que Uribe pueda ser reelegido, y por eso van a votar por Santos, no quieren que sus alcaldes tambien lo sean. No entienden eso de que la democracia es mas para quitar gobernadores que resultan malos que para poner presidentes que prometen ser buenos. Como nadie les ha mostrado como vivir mejor cada vez viviremos mas mal en las ciudades. Por eso hay que volver a votar verde y sin temores por una legalidad y una educación ciudadana que lleven a la convivencia social. La oposición es tan importante como el gobierno.

Columna publicada en diario el País 10.06.2010