15.05.2014 Ecoasamblea

Le Parti de Gauche francés previene que para ser activos en las acciones de desobediencia civil y no violenta, los elegidos por su proyecto ecosocialista deben comprometerse con la coherencia de sus discursos con sus actos. Tomando medidas como la prohibición de la publicidad engañosa, el regreso a la gestión pública del agua, o la penalización del mal uso de los servicios públicos .
Temas de los que en Colombia ningún político se ocupa ni ningún candidato actual a la Presidencia dice algo, y como vemos todos los días no existe coherencia alguna entre sus discursos y sus actos. Ni por supuesto entre sus promesas y estos y por eso bienvenido que Peñalosa haya prometido no prometer nada (Cali al aire, 09/05/2014).
Dichos objetivos, propone Le Parti de Gauche, deben ser refundados por la vía de una asamblea constituyente que debe renovar profundamente las formas institucionales e instalar los medios democráticos que harán posibles la implicación ciudadana permanente y la soberanía popular en todos los dominios, puesto que la tarea revolucionaria es inmensa.
Aquí la Constituyente de 1991 fue presionada por el narcotráfico y ahora las Farc proponen otra. Por lo contrario Le Parti de Gauche induce el reconocimiento de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y la creación de un tribunal internacional de crímenes contra el medioambiente, que en Colombia ni siquiera se los considera tales.
De otro lado, el proyecto ecosocialista implica el reconocimiento de la responsabilidad de la Organización Mundial del Comercio, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial de cara a los países subdesarrollados. Y denuncia la competencia organizada en lugar de la cooperación, los efectos del productivismo sobre el clima, el saqueo de los recursos naturales, el acaparamiento de tierras cultivables, y la austeridad impuesta.
Esto les exige a las mayorías parlamentarias ecosocialistas que conjuguen su acción con los movimientos populares en todos los dominios de la vida social. Esta reapropiación de la iniciativa política y ciudadana por cada uno, con el objetivo de determinar en todos lados y en todos los temas cuál es el interés general, es a lo que Le Parti de Gauche llama revolución ciudadana.
Es una revolución, dice Le Parti de Gauche, pues se propone cambiar las formas de la propiedad, el sistema institucional y la jerarquía de las normas jurídicas, sociales y medioambientales que organizan la sociedad y la economía. Asuntos urgentes en Colombia por supuesto, especialmente el de la justicia.
Y es ciudadana pues quiere dar el poder a cada uno, no para usarlo en el interés de una categoría social en particular sino por el bien de todos, y porque se da formas institucionales y se somete al sufragio universal. Ni vanguardia iluminada, ni dictadura verde, ni repliego étnico, defiende la vía democrática de la revolución ciudadana.

El peor daño de la crisis actual de la civilización, concluye Le Parti de Gauche, la nueva izquierda francesa, sería que la humanidad sea incapaz de abrirse el camino de un futuro diferente. La Gran Revolución Francesa de 1789 nos abrió aquí el camino a la independencia de España; ¿Será que ahora, tan recientemente urbanizados, nos ayudaran a ver el camino a resolver la amenazas del futuro?
Columna publicada en el diario El País de Cali. 15.05.2014

13.05.2014 El Dictador

Era un ingenuo o un loco que creía haber encontrado la receta para un Dictador Bueno, lo que es altamente improbable pero posible, como diría Nassim Nicholas Taleb, admirador de Karl Popper, claro (El Cisne Negro, 2007). Garantizando, decía, que lo fuera sin remedio al amarrarlo a solo cinco grandes Ministerios, cada uno con solo cinco Viceministerios, es decir una minima burocracia estatal. Ministerio de Gobierno, conformado por el Consejo de Ministros, Planeación Nacional, Relaciones Exteriores, Asuntos Interiores y Ejercito Nacional. Justicia, encargado de la Seguridad, la Policía Nacional, las Policías Regionales, las Policías Locales, y las Penitenciarias. Cultura, que tendría que ver con la Educación, las  Ciencias, Artes, Espectáculos y los Deportes.  Hacienda, de la Industria, el Comercio, la Minería, el Agro y la Pesca. Y, finalmente, el Ministerio de las Ciudades: Planificación territorial, Comunicaciones, Vivienda, Equipamiento urbano y Servicios públicos, pues loco y todo si se había dado cuenta de que el suyo ya era un país urbano sin que nadie se diera cuenta de que había crecido muy rápido y mucho.

Y, como si fuera poco, pretendía que su Dictador Bueno compartiera el gobierno con apenas un Senado Legislativo de sólo un senador elegido por cada uno de los veinticinco departamentos en los que reorganizó el País: Cinco en la costa Norte, cinco en la Costa Oeste, cinco en la Zona Central, cinco en la altillanura del Este, y cinco en las selvas del Sur, pues como había leído a Friedrich Nietzsche pensaba con toda la razón que la democracia solo es posible entre iguales y definitivamente en cada una de esas regiones la gente es mas igual que en todo el país. Habría Cámara de representantes por cada región, con un representante por cada una de sus áreas metropolitanas, un Concejo por cada ciudad, una Junta Comunal por cada barrio y un Líder de cuadra por cada una. Sabia por Aristóteles, y lo había leído en griego clásico, que las ciudades ”surgieron para satisfacer las necesidades vitales del hombre, pero su finalidad es permitirle vivir bien...” (La política, s, IV, a.C.) lo que sus ingenuos campesinos compatriotas no tenían por que saber ni entenderlo.

El Poder Judicial, por su parte, lo había concebido con apenas con cinco niveles: Jueces de Barrio, Jueces de Ciudad, Jueces de Departamento, Jueces de Región y Jueces Nacionales. O sea que en el peor de los casos no cabrían mas de cuatro apelaciones y en el mejor ninguna pues las apelaciones tenían consecuencias para jueces y reos. El cuarto poder serían los medios de comunicación. Y el quinto poder seria el del pueblo mediante el voto calificado de acuerdo con cada elección, pero con capacidad de condenar a muerte a todos los funcionarios públicos  que cayeran en la corrupción, nada ingenuo él, lo que acordarían desde el momento en que se posesionaran, cosa que ellos aceptarían como verdaderos servidores del pueblo que siempre se dicen, los que serian ejecutados una vez terminaran su mandato para darles lugar a revindicarse y poder ser alabados como héroes por los que los eligieron, idea sacada de un célebre cuento de Italo Calvino  (La gran bonanza de las Antillas,1981). Y desde luego era la única propuesta cuerda de este loco que no ingenuo. Ingenuos los que se creen cuerdos y votan por el dictador menos malo.

Como asegura Moisés Naím (América - 0 9/05/ 2014, 8:07 pm) un político puede ser un dictador con los ingredientes adecuados: millones de pobres; mucha injusticia y desigualdad social; abundante corrupción a todos los niveles; partidos políticos desprestigiados; una clase media creciente pero desilusionada con esos partidos y la democracia; un Congreso, Cortes y Jueces corruptos y unas Fuerzas Armadas inoperantes; una comunidad internacional distraída con temas diversos; y habría que agregar la cultura mafiosa generada por la inútil prohibición de las drogas, que ha permeado hasta el gusto. Y si además ese político cuenta con brigadas de choque bien armadas, como dice Naím, está hecho y desde luego no será un dictador bueno: ninguno lo es. Todos son locos de atar, como Calígula que le otorgó el titulo de Cónsul  y el uso del púrpura imperial en sus mantas a su caballo preferido, Incitatus; pero por lo menos ganaba todas las carreras y la única que perdió fue culpa del auriga, al que el Emperador hizo ejecutar.

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com.13.05.2014