23.04.2013 Ateo mejor que agnóstico

Muy niño sospeché de las evidentes mentiras de la religión, dirigidas precisamente a esa temprana edad en que se aprende todo sin cuestionar nada: la lengua que da paso al conocimiento; la urbanidad; el gusto; la ética que conduce a la ley; y la religión. Y ya adolescente me volví ateo: niego la existencia de dios, de todos los dioses. Y cada vez menos puedo respetar unas creencias que ignoran el conocimiento científico y que están por detrás de muchos de los males que nos aquejan. Comenzado por la sobrepoblación que está acabando con todo de la mano de las guerras que se hacen a nombre de dios, mientras que todo lo que da placer es pecado o hace daño… o engorda, pues la medicina, por culpa de las religiones, se ha dedicado a que uno sobreviva mal en lugar de que viva bien y al final muera rápido.

Adoro, si, el Ars Sacra de Occidente, y las iglesias, mezquitas y sinagogas (si me dejen entrar) cuando están solas. No hay arquitectura mas esplendida que la de los templos y tumbas, precisamente por que sus entrañables espacios son para lo que no existe o ya dejó de ser. Solo se les acercan los palacios y castillos de los dioses-reyes o que lo son por la gracia de dios; y los teatros en donde se escenificaba la vida para demorar la muerte de los enfermos o, mucho después, para la solaz del pueblo; o los coliseos donde los emperadores decidían la muerte de los creyentes, igualmente sin pan; y las operas en donde se vuelve a hacer todo pero con música sublime, y ya no hay dioses sino diosas del Bel Canto; y las salas de música. Hoy el cine no precisa arquitectura y menos la TV, solo los museos de todo lo anterior.

A partir del socrático «solo sé que nada sé » se puede considerar inaccesible todo conocimiento de lo divino, o que trasciende o va más allá de lo experimentado. Mas el agnosticismo precisamente considera fútil toda manifestación metafísica y por lo tanto es licito pensar -que no creer-, que en la practica lo que no se sabe no existe, y atenernos a lo que sabemos y podemos comprobar todos los días en todas partes: que mientras morimos vivimos. No sabemos que hay mas allá del universo conocido, si es que hay un mas allá. Entonces, dejemos vivir a los demás para que nos dejen vivir a nosotros en nuestras viviendas, calles, ciudades y países; en el globo todo. Que nos dejen disfrutar la vida con la filosofía, la ciencia, las artes, los deportes, los espectáculos. Que no se metan hipócritamente con el sexo y hasta el amor.

Que no nos pidan respetar su tergiversación de los hechos, de la que habla Cristopher Hitchens en Amor, pobreza y guerra (2004). Es lo que nos mata dejándonos nacer cuando no hay posibilidad alguna de que después vivamos bien, o cuando nos censuran por decirlo los inquisidores de ahora, que es como si nos mataran. Por eso nos hace falta “gente peligrosa” que es como Philipp Blom llama a los philosophes de la Ilustración radical (Encyclopédie / El triunfo de la razón en tiempos irracionales, 2004), que como Diderot y D´Holbach escribían obras como  Le Christianisme dévoilé (1756). Por que es de eso de lo que se trata, de desenmascarar el engaño de que nos toca vivir en un valle de lagrimas mientras nos vamos al cielo o hacemos cola en el purgatorio, pues al infierno solo deberían ir los que mienten tanto; ¡lastima que tampoco exista!

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 23.04.2013

11.04.2013 Eco-ideas

El eco-pastoreo, es decir utilizar animales para mantener los espacios verdes, permite reducir el empleo de herbicidas y artefactos mecánicos, ruidosos y que consumen energía de origen fósil. París, por ejemplo, anunció la Alcaldía de la capital francesa recientemente, usará ovejas para cortar el césped (Panorama Diario, 25/03/13/05:00). Pero primero se realizará un experimento para estimar su viabilidad en un medio urbano denso.  El proyecto comenzó en un terreno baldío de 2.000 m2 que pertenece al servicio de los Archivos de París en el distrito 19º. Si los resultados son positivos se realizarán otros experimentos en los Bosques de Vincennes y de Boulogne. En todas las ciudades, demás de parques y zonas verdes, las unidades de vivienda, colegios y universidades podrían mantener así sus prados, contratando mas pastores y menos jardineros. Esta idea fue propuesta inútilmente por el arquitecto Álvaro Erazo, siendo estudiante, a las directivas de Universidad del Valle hace años, y algo similar intentó el autor de esta columna, cuando fue Director de su Escuela de Arquitectura.

            La huerta casera, por su parte, está al alcance de muchas viviendas y es una oportunidad para aprovechar espacios reducidos y utilizar todos los desperdicios orgánicos para hacer composta en lugar de sumarlos a la basura. En poco mas de 10m2, en una azotea o una terraza, o en un rincón del jardín, se pueden cultivar todos los vegetales que precisa una familia, los que pueden ayudar a proporcionar una dieta variada y suministrar vitaminas, minerales, hidratos de carbono y proteínas, que ayudan al cuerpo a resistir enfermedades, por lo que las huertas caseras ayudan a mejorar la salud de la gente. O, por que no, transformar todo el jardín en un vergel (El País, 22/07/2010). En el trópico se pueden regar con el agua de sus abundantes lluvias, la que se puede almacenar en estanques ornamentales, con peces y vegetación para que se mantengan limpios y sin que generen plagas. Huertas–jardín, al tiempo productivas y bellas, como existen en la Casa de la queja en San Antonio, en Cali, y se han propuesto reiteradamente en esta columna (El País, 27/05/2010, y 04/10/2010).

            Finalmente, las piscinas naturales (llamadas orgánicas, biológicas, ecológicas o biotopos) regeneran el agua gracias al efecto purificador de plantas acuáticas, y no necesitan el empleo permanente de cloro u otros productos químicos, de la misma manera que lagos y ríos se auto limpian gracias a la combinación de plantas y microorganismos que contienen bacterias capaces de transformar las materias orgánicas del agua en sustancias que las plantas pueden absorber directamente, pudiéndose utilizar gran variedad de vegetación acuática. Se componen de la piscina misma para nadar y un estanque de regeneración, comunicados entre si. Para impulsar el agua en el proceso de filtración es necesaria una bomba, pero esta puede funcionar con energía solar. El mantenimiento de este tipo de piscinas es muy reducido ya que basta con mantener un nivel de agua constante (por la evaporación), limpiar el fondo y podar las plantas de vez en cuando. Estas piscinas naturales están teniendo mucho éxito en Suiza, Alemania y Austria, lo que nos puede animar a imitarlas, pero considerando las diferencias climáticas.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 11.04.2013