18.01.2018 El poder del voto

Para poder cambiar el país, principiando por sus ciudades, en las que ya vive la mayoría de sus habitantes, y proteger sus muchos pequeños pueblos y campos, es preciso cambiar su política. Y para poder cambiarla es indispensable votar libremente y por propuestas. De ahí que sea inaplazable educar mucho mejor a sus ciudadanos, y por supuesto no basta con dar de nuevo clases de historia en los colegios. Para entenderlo basta con leer el libro de Sergio Fajardo: El poder de la decencia, 2017, breve y conciso, y ya en su segunda edición, o al menos lo que se comenta cada vez mas del mismo, por ejemplo en Las2orillas o Kienyke y columnistas de este y otros medios.

En Colombia no hay una preocupación colectiva por la educación y ese es el mayor obstáculo para solucionar sus muchas necesidades y viejos y nuevos problemas. Justamente por eso hay que educar en un sentido mucho mas amplio: “La educación integra ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura, todas esas actividades que giran alrededor de la inteligencia y las capacidades de las personas, y que las convierten en ciudadanos.” Y desde luego la cultura debe incluir el arte, y este la arquitectura, la que no es sólo una suma de técnicas, y por ende las ciudades en tanto que son obras de arte colectivo, lo que también lleva a que “tenemos que revisar nuestras raíces culturales.”

Hacer énfasis en la calidad y cantidad del espacio publico y el equipamiento urbano de las ciudades, en tanto cultura, educación, recreación, deporte, movilidad y salud, con “nuevos espacios públicos para que la gente volviera a encontrarse, en los que pudieran verse las caras otra vez para reconocerse, y conversar y jugar; lugares donde pudieran sentirse protegidos entre todos […] y con el mayor cuidado estético”, entendiendo la arquitectura en sus dimensiones políticas, como tanto insistió Rogelio Salmona, deduciendo de verdad el espíritu de la comunidad, sus aspiraciones y sueños, y no el ego de ciertos arquitectos ignorantes de las tradiciones y de la necesidad de lo contextual y sostenible.

“Por todo el país aumenta la conciencia de que nuestro gran patrimonio lo constituyen los recursos y bienes naturales. El agua, en particular.” Proteger la naturaleza, los recursos, la biodiversidad, el agua, el aire y, por supuesto, la gran diversidad de sus relievas, climas y paisajes, si que tiene que ver con una mejor educación y mas amplia, y con unas ciudades sostenibles y por eso mismo su arquitectura, principiando por el re uso de lo ya construido y el respeto por el contexto urbano inmediato y general de cada una de ellas, sin caer en las trampas de la “modernidad”, producto, precisamente, de la ignorancia generalizada sobre los temas del medio ambiente, el desarrollo sostenible y la arquitectura de la ciudad.

Pero no basta con votar por propuestas y hay que hacerlo por los que dan confianza en que si tratarán de llevarlas a buen término. Al fin y al cabo “la forma como se llega al poder, es decir, como se ganan las elecciones, define cómo se gobierna” y “gobernar es educar”. Y cada vez es mas claro que es mas difícil eliminar la corrupción que combatir las guerrillas y las bandas criminales que quedan alrededor del narcotráfico; además una parte importante de los recursos públicos termina en los corruptos. “Por lo tanto, para derrotar la corrupción antes que todo hay que votar” como concluye Fajardo; y si es del caso, votar en blanco, pero votar; es la democracia, “el poder de la gente”.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 18.01.2018

15.02.2018 Conformismo

Los chimpancés, las especies más cercanas al Homo Sapiens son, como lo llama Frans de Waal, conformistas: “Una cosa es copiar a otros en beneficio propio, y otra muy distinta es querer actuar como los demás” y concluye señalando que: “Los sesgos conformistas conforman la sociedad (y no sólo en los primates) promoviendo la absorción de hábitos y conocimientos acumulados por las generaciones previas [y] probablemente contribuye a la supervivencia. ”(¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? 2016, pp. 286 y 294). Sin embargo tal parece que el conformismo actual de la gente estuviera, por lo contrario, llevándola a su desaparición.

Ante la posibilidad de una guerra nuclear y el cambio climático, que ya es una realidad, y en los que insiste de nuevo Noam Chomsky, el conformismo de la gran mayoría es aterrador. “Si persisten las tendencias actuales, el resultado será desastroso en poco tiempo. Amplias partes del mundo se convertirán en casi inhabitables, y eso afectará a centenares de millones de personas, junto con otros desastres que ahora apenas percibimos” (Optimismo contra el desaliento, 2017, p. 172). Los que quieren tener hijos pese a todo lo que ahora amenaza al planeta, no piensan en el futuro de ellos, o simplemente se reproducen como cualquier animal, contribuyendo a una sobrepoblación creciente.

Conformismo de los habitantes actuales del planeta, que el sociólogo Juanma Agulles deja en claro: “Paralelamente, las ciudades crecieron tanto y de tal manera que su centro histórico se convirtió en un reducto marginal” (La destrucción de la ciudad, 2017, p. 90). “La vida social se subvierte en este universo artificial donde las máquinas tienden a humanizarse mientras los seres humanos adoptan comportamientos maquinales” (p. 93). Y no sólo los habitantes de las ciudades pues en estas ya se determina todo. “Por eso, limitar la urbanización es una forma de Lucha política de primer orden, porque en ella se juegan las condiciones no ya de cierto grado de libertad, sino de su posibilidad misma” (p. 55).

“Su “éxito” lo consiguió [la arquitectura moderna] a costa de reducir drásticamente sus aspiraciones y afrontar una vulgarización de sus preceptos que convirtió el Estilo Internacional en una repetición monótona y un simbolismo del poder ascendente.” (p. 63). Y por supuesto pasando por encima de climas, paisajes y tradiciones, los que precisamente proponía Le Corbusier como punto de partida. “Lo idéntico a si mismo brotaba en todas partes, extendiendo la mediocridad y la abulia, y el habitáculo funcionalista se convertía en el entorno natural…” (p. 64) Y mas tarde “…el juego de los lenguajes arquitectónicos se entregaba a la irresponsabilidad con un optimismo renovado.” (p. 83). Y así sigue.

En conclusión, es preciso seguir a Hannah Arendt en que: “Resulta fácilmente concebible que la época Moderna –que comenzó con una explosión de actividad humana tan prometedora y sin precedentes- acabe en la pasividad más mortal y estéril de todas las conocidas por la historia” (citada por Cristina Sánchez, Arendt / Estar (políticamente) en el mundo, 2015, p. 91). De ahí que sea perentorio tener la suficiente inteligencia para combatir el conformismo, partiendo de que “la política trata del estar juntos los unos con los otros, con los que son diversos” como señala Arendt (p. 66) y salvar las ciudades y su arquitectura, buscando que sean verdaderamente sostenibles y contextuales.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 15.02.2018