Ante la posibilidad de una guerra nuclear y el cambio climático, que ya es una realidad, y en los que insiste de nuevo Noam Chomsky, el conformismo de la gran mayoría es aterrador. “Si persisten las tendencias actuales, el resultado será desastroso en poco tiempo. Amplias partes del mundo se convertirán en casi inhabitables, y eso afectará a centenares de millones de personas, junto con otros desastres que ahora apenas percibimos” (Optimismo contra el desaliento, 2017, p. 172). Los que quieren tener hijos pese a todo lo que ahora amenaza al planeta, no piensan en el futuro de ellos, o simplemente se reproducen como cualquier animal, contribuyendo a una sobrepoblación creciente.
Conformismo de los habitantes actuales del planeta, que el sociólogo Juanma Agulles deja en claro: “Paralelamente, las ciudades crecieron tanto y de tal manera que su centro histórico se convirtió en un reducto marginal” (La destrucción de la ciudad, 2017, p. 90). “La vida social se subvierte en este universo artificial donde las máquinas tienden a humanizarse mientras los seres humanos adoptan comportamientos maquinales” (p. 93). Y no sólo los habitantes de las ciudades pues en estas ya se determina todo. “Por eso, limitar la urbanización es una forma de Lucha política de primer orden, porque en ella se juegan las condiciones no ya de cierto grado de libertad, sino de su posibilidad misma” (p. 55).
“Su “éxito” lo consiguió [la arquitectura moderna] a costa de reducir drásticamente sus aspiraciones y afrontar una vulgarización de sus preceptos que convirtió el Estilo Internacional en una repetición monótona y un simbolismo del poder ascendente.” (p. 63). Y por supuesto pasando por encima de climas, paisajes y tradiciones, los que precisamente proponía Le Corbusier como punto de partida. “Lo idéntico a si mismo brotaba en todas partes, extendiendo la mediocridad y la abulia, y el habitáculo funcionalista se convertía en el entorno natural…” (p. 64) Y mas tarde “…el juego de los lenguajes arquitectónicos se entregaba a la irresponsabilidad con un optimismo renovado.” (p. 83). Y así sigue.
En conclusión, es preciso seguir a Hannah Arendt en que: “Resulta fácilmente concebible que la época Moderna –que comenzó con una explosión de actividad humana tan prometedora y sin precedentes- acabe en la pasividad más mortal y estéril de todas las conocidas por la historia” (citada por Cristina Sánchez, Arendt / Estar (políticamente) en el mundo, 2015, p. 91). De ahí que sea perentorio tener la suficiente inteligencia para combatir el conformismo, partiendo de que “la política trata del estar juntos los unos con los otros, con los que son diversos” como señala Arendt (p. 66) y salvar las ciudades y su arquitectura, buscando que sean verdaderamente sostenibles y contextuales.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 15.02.2018
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