Se repite con razón que Colombia es un país
privilegiado. Uno de los que tiene mas agua dulce en el mundo y, por su
geología, con un gran potencial para generar electricidad mas limpia, y con
abundantes recursos naturales, y la segunda biodiversidad después de Brasil.
Sus climas benévolos y sin estaciones, con todos los pisos térmicos y doce
horas de luz natural todo el año, hacen que sus suelos sean óptimos para la
agricultura y la ganadería. Y además cuenta con dos costas y una localización
estratégica entre Europa y Asia, Sur y Norteamérica.
Pero
no sabemos explotar, comercializar ni consumir estos envidiables recursos y por
lo contrario estamos acabando con ellos generando mas pobreza. Nos comparan con
Suiza y Japón países muy pobres en comparación pero con la gente mas rica del
mundo. El problema está, se concluye, en que somos indisciplinados, incumplidos,
perezosos, mentirosos, exagerados e irrespetuosos con los demás (y sus bienes)
y con lo publico. Pero además vivimos muertos de la risa, y nos consideramos
los mas felices del mundo.
Un
país rico lleno de pobres que son felices así no es serio, como ya lo percibió
un diplomático inglés en el siglo XIX, y tampoco somos tan inteligentes, como
tambien suelen mentirnos. No vemos lo importante de considerar la realidad sin
engaños o disimulos antes de actuar o, por lo contrarío y “si Dios quiere”,
somos tan “vivos” que la ocultamos. Es un problema de nuestra cultura, la que
es una agregación heterogénea como ya lo vio Néstor García Canclini (Culturas híbridas
/Estrategias para entrar y salir de la modernidad,
1990).
Somos transculturaciones recientes y sucesivas. A las
culturas precolombinas- aquí varias y diversas-, los españoles sumaron su
propia multiplicidad de visigodos cristianos, y árabes y bereberes musulmanes, y
pronto la de otras culturas traídas del África negra, algunas tambien mahometanas.
Con la Independencia llegó la dependencia de lo inglés y lo francés, como lo ha
estudiado Frank Safford (El ideal de lo
práctico / El desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia, 1989),
y después algo lo alemán, pero desde la Segunda Guerra Mundial lo “in” es norteamericano.
Aquí casi todo
viene del exterior, principiando por la religión, la lengua y la arquitectura,
que como lo dijo hace años Fernando Chueca-Goitia (Invariantes castizos de la Arquitectura Española-Invariantes en la
Arquitectura Hispanoamericana, 1979), fueron los instrumentos de la
Conquista. Que a su vez generaron las
ciudades en las que hoy vivimos casi el 80% de los colombianos, cuyo rapidísimo
crecimiento a lo largo del último siglo sin duda contribuyó a que seamos indisciplinados
e irrespetuosos con los demás y sus bienes y sus derechos públicos.
Antes apenas nos dedicábamos a las
guerras civiles pues sin “polis” no es posible la política ni la democracia
pero sí el caudillismo, y hoy a la violencia rural sumamos la inseguridad
urbana. Todo acentuado por ser una población multiétnica y una incipiente
sociedad pluricultural e individualista, fundamentalista, burocrática y
clientelista, centrada en la felicidad familiar y no en la identidad con lo
público, permitiendo la creciente politiquería, corrupción e improvisación de
su gobierno. Pero ya estamos dejando de reír como tontos y a indignarnos.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 25.02.2013