Columna publicada en el diario El País de Cali 21.04.2005
21.04.2005 La trampa de Babel
Por lo visto hay quienes ya descubrieron que lo
que los nuevos nuevo-ricos del país quieren es vivir en el cielo, precisamente
en el de Cartagena, que cada vez es menos de Indias y mas de Miami, y piensan
que es un buen negocio. Las seis o mas altísimas “torres” de insulsos
apartamentos vidriados, con cocina integral y porcelanato (como si fuera la
gran cosa), que nada pueden tener que ver con el trópico, cuya venta se anuncia
en la prensa nacional con el reclamo de imágenes engañosas, así lo indica. Por
supuesto su innecesaria altura es inconveniente para su seguridad y comodidad
en una ciudad con graves problemas de servicios públicos, y una verdadera
amenaza para la intimidad del recinto amurallado, supuestamente protegido por
ser Patrimonio de la Humanidad. Pero no se trata solo de la avidez de los
comerciantes de propiedad raíz.
Para levantar cualquier edificio, aun el mas
pequeño, es impresindible un cliente que lo financie y entienda y comparta su
arquitectura; que le guste. Que responda a sus deseos, sueños y expectativas.
¿Qué clase de personas pueden encontrar digno, poético y placentero vivir entre
el piso siete y el cincuenta y siete, al lado del mar, como volando en un avión
quieto, si no es porque creen que están mas cerca de los dioses? Del dios
dinero y la diosa moda por supuesto. Gracias a la escasa gracia de nuestros
actuales hombres y mujeres ya no es Dios el supremo arquitecto si no la diosa
codicia-moda, y la arquitectura se volvió aquí y ahora la última de la artes
que aun quedan. Ojala ellos compraran su salvación en Las Vegas y no en nuestra
mas bella ciudad, periódicamente asediada en sus casi cinco siglos de
existencia por piratas de todos los pelambres.
¿Donde está el Consejo de Monumentos Nacionales?
¿Dónde la Filial de Cartagena? ¿Quién autorizó semejante despropósito? ¿Qué
dicen los que dicen querer y defender tanto su Corralito de piedra ? Nadie ha
señalado nada y menos, por supuesto, los curadores y las autoridades
municipales. Tal parece que la altura permitida en Cartagena depende de la
capacidad de cabildeo de los promotores de cada nueva “torre” que se intente
construir allá. Para nada parece tenerse en cuenta los conocidos problemas de
infraestructura de la ciudad. Y es evidente que el área de protección del
conjunto monumental es a todas luces insuficiente. ¿De que sirve conservar
integra la ciudad colonial si se la esta dejando sitiar por altísimos edificios
cada vez mas próximos al punto de que se roban su embrujo de siglos?
Como frecuentemente pasa en Colombia, estamos
sacrificando lentamente otra gallina de los huevos de oro, y no hay a la vista
un general que salve a Cartagena de las “torres”. En París lo logró Charles de
Gaulle hace años, pues allí tambien quisieron parecerse a Manhattan,
inventándose La Defénse, en donde los franceses acomplejados con que ya la Tour
Effiel no fuera la construcción mas alta del mundo pudieron satisfacer sus
pulsiones de altura, y salvando para todos nosotros la Ciudad Luz. Porque el
hombre siempre ha buscado a Dios en las alturas y cuando ha sido necesario
vivido en ellas, al menos desde las “insulae” romanas como la Casa de Serapide
en Ostia con sus cuatro altos pisos de viviendas, hasta Hong Kong la ciudad con
mas rascacielos en el mundo. Pero lo de Cartagena ya serían seis pecados sin
perdón posible.
Columna publicada en el diario El País de Cali 21.04.2005
Columna publicada en el diario El País de Cali 21.04.2005
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