Sir Nicholas Stern, ex vicepresidente del
Banco Mundial, indica, que si no se actúa ya, el calentamiento global puede
suponer una reducción del 20% del crecimiento económico, mientras que hacerlo
de forma decidida sólo costaría el 1% del PGB mundial. Y el economista Joseph
Stiglitz, Premio Nobel de economía en 2001, señala que el tema no es si
tenemos los recursos, sino cuales son los costos de no hacerlo.
Por su parte, el economista y ambientalista
chileno Manfred Max-Neef (Economía
Descalza, 1986 y Teoría del
Desarrollo a Escala Humana, 2007), nos sigue recordando que "la
economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la
economía". Que progreso es si uno tiene mejor calidad de vida y no cuántos
edificios se construyeron; ni cuantos carros se vendieron.
El
calentamiento global se debe, al menos en parte, a factores
antropogénicos, (IPCC, ONU, 2007). Tenemos
que lograr un cambio profundo en nuestras costumbres, como proponen el
arquitecto estadounidense William McDonough y el químico alemán Michael
Braungart (Cradle to cradle, 2002). Repensemos
nuestras adquisiciones, reduzcamos los consumos, reutilicemos
lo usado, y reciclemos lo desechable.
Repensemos las nuevas obras. Que no
sean para la economía de los contratistas ni únicamente para los carros, sino
para la felicidad de los peatones, conductores particulares y pasajeros del
transporte público, siendo seguras, cómodas, eficientes, agradables y bellas.
Que tengan en cuenta a hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos. Que no
sean barreras arquitectónicas ni urbanas, especialmente para los
discapacitados.
Reduzcamos el consumo de
electricidad, agua, sobre todo la potable, y
de los combustibles, y que los servicios no sean un negocio, sino una
prestación pública subsidiada para los que consuman menos, al costo para los
que consuman el promedio establecido, y muy gravado para los que consuman mas.
Y hay que poner fuertes multas a los que
los desperdicien, incluso judicializarlos.
Reutilicemos lo ya construido, es
buen negocio además de ser clave para la identidad de los ciudadanos con su
ciudad. Hay que multar las edificaciones desocupadas, premiar su reciclaje y
gravar duro las demoliciones. Y lo mismo con los lotes, premiando su uso, y en
cambio gravar las nuevas urbanizaciones, y entre mas lejos estén del centro,
mas alto el impuesto predial. Y que poner peajes a los que duermen en las
afueras.
Reciclemos lo que mas podamos
escombros y basuras. Sus cada vez mas graves inconvenientes desaparecerán
cuando se conviertan en insumos para negocios rentables. Hay que eliminar los
escombros en su fuente, no demoliendo las construcciones, o utilizándolos en
las obras de remodelación como nuevos materiales y componentes de nuevos
elementos. Y multas fuertes para los que los depositan en las bermas de las
carreteras.
Para 2045 seremos nueve mil
millones, pero el problema es sobre todo el desmesurado aumento del consumo
(National Geografic, 01/ 2011). De nosotros depende nuestra calidad de vida y
la de los que nos siguen. Como dice Anna-Karin
Gauding, científica política sueca (Proyectamérica, 2007), la destrucción
global del medio ambiente es probablemente el desafío político más difícil que
la humanidad ha enfrentado.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 21.07.2011
Columna publicada en el diario El País de Cali. 21.07.2011