22.12.2012 No más políticos (corruptos y clientelistas)

Siguiendo a Adrian Pierce Rogers (1931- 2005) pastor estadounidense, que sostenía que así como lo que recibe una persona sin haber trabajado para obtenerlo, otra deberá haberlo producido sin recibirlo,los politiqueros no puede entregar nada, si antes no se lo ha quitado a otro, pues no se puede multiplicar la riqueza dividiéndola. Y por su parte los narcopoliticos apenas se reparten la parte del león entre ellos dejándoles espejitos de colores y migajas a los que votaron por ellos.

Pero lo peor de la demagogia de dar servicios “gratis” y ni se diga casas, es que cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, es el fin de cualquier nación, dice Rogers. Y que es, precisamente, lo que ha generalizado la cultura mafiosa en el país.

De ahí que sea urgente la reforma a fondo de Congreso, Asambleas y Concejos, para que se entienda la participación en ellos como un honor y un deber, no como una carrera proclive a la corrupción y el clientelismo. De ahí que los congresistas, diputados y concejales deben cumplir sus mandatos por no más de dos legislaturas y después buscar otro empleo. Y por supuesto deben cumplir las mismas leyes que el resto de los colombianos, por lo que debe cesar su fuero.

Se ha propuesto también que sean unos asalariados mas, con su respectiva jubilación exclusivamente de su mandato. Que contribuyan a la Seguridad Social como todo el mundo. Que el fondo de jubilación del Congreso pase al régimen vigente de la Seguridad Social y que los congresistas participen de sus beneficios como todos los demás ciudadanos. Y que no tengamos que oír jamás el cinismo del “usted no sabe quien soy yo ni con cuantos votos me eligieron”.

Igualmente, que el fondo de jubilación no pueda ser usado para ninguna otra finalidad, y que los congresistas paguen su plan de jubilación, como todos los colombianos. Que no puedan votar su propio aumento de salario, y que participen del mismo sistema de salud que los demás colombianos. Y deberían tener sus propios vehículos y pagar la gasolina que consuman, o movilizarse en el transporte publico como todo el mundo, untándose de los problemas de todos.

Finalmente, así como solo hay un Concejo para cada ciudad y una Asamblea para cada departamento, debería haber un Congreso unicameral para el país, y la única forma de lograrlo es votar en blanco: solo elegir senadores o representare, habría que escoger cuales, pues nunca el actual Congreso se auto reformaría. Y no creer, siguiendo a Rogers, que sea posible que los criminales se auto condenen por mas arrepentidos que estén y mas promesas que nos hagan.

Como se viene diciendo hace años, al país se lo están robando, y ya comenzamos a gritar que cojan al ladrón, pero seguimos votando por ellos. De ahí la importancia del voto en blanco, pero tendríamos que comprarlos, como se compran los otros votos, pero no con un bulto de cemento o una promesa falsa, sino con criticas e ideas. Lo único que queda, aprovechando que el mundo no se acabó el viernes pasado, es educar, lo que nos iguala, para que, precisamente, no acabemos con él.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 22.12.2012

02.12.2013 Columnas

Las columnas de prensa son, no sobra repetirlo, artículos, firmados, en un periódico o revista, impresos o por Internet, que se renuevan cada cierto tiempo, siendo diarias (aquí no las hay como tales), semanales, quincenales o mensuales, ofreciendo una opinión o punto de vista sobre un tema de actualidad. Pero igualmente se debe considerar en ellas al menos también su oportunidad, escritura, brevedad y humor además de la pertinencia del tema.

Es decir, además de su conveniencia de tiempo y lugar, como lo son cada ocho días las columnas de Antonio Caballero o Daniel Coronell en la revista Semana, siempre pertinentes. Pero igualmente son oportunas las que dicen cosas nuevas de viejos sucesos, como las de Héctor Abad en El Espectador, y desde luego las que hablan de otros lugares y cosas como las de Umberto Eco en El Espectador o Jorge Ramos en El País, por ejemplo.

Su asunto o materia es básico y, como dice el famoso columnista inglés Paul Johnson (Al diablo con Picasso, 1996), en las columnas de opinión no se deben tratar intimidades ni problemas personales ni familiares ¡hay quienes hasta dan informes sobre su salud! pero solo muy de vez en cuando es pertinente decir algunas cosas del autor. Sin embargo a veces sí que es necesario decir algo de las columnas mismas, y de ahí esta, precisamente.

Su redacción y estilo, su poesis (no su poesía, en la que no deben intervenir los correctores de estilo, igual que en el “exceso” de erudición), es clave como en las impecables columnas de Caballero, o las de Daniel Samper Pizano en El Tiempo. O las de Julio Cesar Londoño en El País o El Espectador, que se pueden leer por el puro placer de hacerlo pues son como buenos cuentos, y uno termina por enterarse de cosas buenas o malas y de las sesudas criticas que el autor les hace a esas cosas. Incluso algunas son puros cuentos (como, Ernesto Roth, de Londoño en El País, 25/10/2013).

Y está la extensión de las columnas: como se sabe, lo bueno si breve dos veces bueno. Pero desde luego se precisa de tiempo para escribir breve; ya lo dijeron Descartes, Pascal, George Bernard Shaw y Don Juan de Austria después de Lepanto para no cansar al Rey “con una misma lectura tantas veces”. Porque hay columnas que además de largas parecen aun mas largas, como las de William Ospina en El Espectador, quien parece que se tomara su tiempo no para hacerlas breves sino mas largas; como lo son todas las de los economistas así sean cortas.

Igualmente, la jovialidad y agudeza es indispensable en una buena columna, por lo que siempre deberían tener algo de humor. O mucho, como las de Klim, o ahora las de Daniel Samper Ospina, en las que uno se entera rápido de lo que pasa en Colombia y además se ríe. Columnas de humor las llaman, pero lo que son es con humor . Aunque a veces en las de politiquería, no queda sino la burla, y en temas como la arquitectura y el urbanismo sólo cabría el sarcasmo.

Finalmente, en las columnas sobre farándula, espectáculo, cine, moda, etiqueta o deportes -las mas leídas-, desde luego se debe también considerar tema, oportunidad, escritura, brevedad y humor; inclusive en las de sexo, que son pornografía disfrazada de erotismo, en las que el tema no es lo que saca la cara. Como eran de buenas esas en El Tiempo que comenzaban con tiernas preguntas como “¿Doctora, Ud. cree que hay algo malo en que les haga el amor y después me las coma?” “ No se preocupe -contestaba oronda la ilustrísima Dra. Lucía Náder- tome Alka Zelzer”.

Columna publicada en el portal de opinion www.programalallave.com. 02.12.2013

04.10.2012 Iniquidades

Se habla mucho de la injusticia grande, que es lo que significa iniquidad (inequidad no existe, y equidad es justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva; o sea, nada que ver).  Pero se habla pensando apenas en los grandes latifundios del campo, pero no también de la propiedad privada del suelo urbano y urbanizable (conveniente o no), cuyo negocio especulativo ha sido nefasto para el buen crecimiento de nuestras ciudades, pese a que la gran mayoría de colombianos ahora habitamos en ellas. Y tampoco se habla suficiente de la propiedad privada de los bancos, cuyas perdidas se “socializan” para que las paguemos todos, ni de la propiedad monopolista de ciertas industrias, ni de las multinacionales del comercio que nos llevan a comprar lo que no necesitamos con el dinero que no tenemos.

            Justo al contrario de hace poco mas de medio siglo cuando Tirofijo se inventó las FARC, impulsado por el comunismo nacional e internacional, y apoyado posteriormente por Cuba y ahora tambien por Venezuela, cuyo origen se explica insistentemente, cuando no se justifica, aduciendo una iniquidad, la de la propiedad de la tierra, mientras se ignoran todas las demás. Y el que su existencia hoy sea posible sólo por el dinero y la corrupción del narcotráfico, debería hacernos repensar que pasaría si se legalizaran las drogas. El hecho es que hay países con historias de iniquidades semejantes a las de Colombia donde no hay guerrillas traficando, secuestrando, extorsionando, amenazando, boleteando, asustando, matando indiscriminadamente, y reclutando adolescentes…pero que tienen geografías muy diferentes.

            Colombia ocupa una localización privilegiada en plena línea ecuatorial justo en la mitad entre Norte y Sur América, y entre Asia y Europa, y África,  con los dos mas extensos océanos y la enorme selva del Amazonas de por medio. Estas condiciones obligan cada vez mas el tránsito de mercancías y personas por aquí, pero su provecho lo perdimos junto con Panamá hace ya casi un siglo, mas quedó su situación irremplazable para el tráfico de drogas y demás contrabandos. Además, las tres altas cordilleras que cruzan el país de lado a lado se prestan para evadir su control institucional y dificultan que el Estado “llegue” a todas partes, originando que en el último medio siglo la población de sus campos emigre o sea desplazada a unos pueblos grandes que de pronto se volvieron poblados asentamientos que no ciudades de verdad.

            Mas que en otras partes, aquí la geografía está detrás de la historia, incluyendo la destrucción de la naturaleza, en la que estamos empeñados con la minería (ilegal o no). Y sí que interviene en las ciudades pues la insalubridad de nuestras dos costas hizo que crecieran en los valles interandinos, como Bogotá, Medellín y Cali (con Palmira, Buga y Santander de Quilichao), pero también Bucaramanga, Cúcuta, Pereira, Cartago, Armenia, Ibagué y Neiva. Solo cuando se controló la malaria y el paludismo crecieron los puertos, primero Barranquilla y Buenaventura, el mas importante, y después  Cartagena. Y precisamente la dificultad topográfica para el desarrollo de vías de comunicación,  ha llevado al acelerado crecimiento de Cali y Medellín y recientemente muchísimo la capital, originando toda clase de iniquidades urbanas.


 Columna publicada en el diario El País de Cali. 04.10.2012

05.07.2012 Ser y no parecer

Solo el estudio de la geografía, historia y circunstancias actuales de nuestras ciudades, en tanto que artefactos, y su arquitectura, permitirá una teoría para mejorar su futuro. Su  critica y debate, en bienales razonadas y públicas, recuperaría el estatus de la profesión y un "trasfondo meditativo" sobre lo nuestro, hoy ignorado como si le tuviéramos vergüenza. Es urgente pues hay muchas funciones nuevas sin imagen en nuestra memoria colectiva, que además están en ciudades que hay que entender como obras de arte colectivo y no una suma de egos.

Nuestra geografía determinó sus paisajes y  climas según la altura de sus valles y montañas, pues aunque en el Nuevo Mundo se consolidó el Imperio Español, con la lengua, la religión y la arquitectura (Fernando Chueca Goitia, Invariantes…, 1979), climas y paisajes diferenciaron las nuestras de las del resto de Latinoamérica con el paso del tiempo. Sin embargo, si son similares a las tropicales y subdesarrolladas de otras partes del África y Asia, pero que desconocemos por nuestra dependencia cultural de Europa y Estados Unidos.

Su historia muestra como se diversificaron poco a poco sus pocas arquitecturas iniciales, y como últimamente se modificaron cada vez mas rápido, originando su caótica actualidad. Escenario sobre el que hay que actuar para mejorar su futuro, con una arquitectura contextual y sostenible además de funcional y segura. Y una estética emocionante pero pertinente, regresándoles el orden, la unidad y la belleza, ya necesariamente apenas consolidando barrios y sectores dado sus desmedidos tamaños presentes.

Su pasado es mas oriental que americano, pues las ciudades prehispánicas son posteriores y entre nosotros pocas y descubiertas recientemente. Las coloniales son de emplazamientos contundentes en sus paisajes, pocas funciones y sistemas constructivos y una sola estética derivada de ellos, a las que las nuevas Repúblicas privatizaron su suelo y agregaron nuevos elementos europeos y la tradición clásica. Pero con la modernidad pasamos a muchos materiales y sistemas, y de los artesanos a los arquitectos de universidad.

Su presente es el falso progreso de seguir sin saberlo a Marcel Duchamp, en que es la intención del artista lo que vuelve arte un objeto. Son formas novedosas pero sin sentido (Renzo Piano, Time, 11/10/2008) y limitadas por la geometría, y mas volúmenes que recintos o entornos. Penúltimas modas calcadas de ciudades diferentes, que todavía publicitan las revistas internacionales y las que aquí las imitan. Espectáculo ajeno allá a los centros tradicionales y que desaparece cada vez mas criticado, pero que interesadamente premian su imitación aquí.

Su futuro dependerá de que la arquitectura recupere para si la conformación de las ciudades (Jane Jacobs, Vida y muerte de las grandes ciudades, 1966), y que su estética surja de técnicas adecuadas y soluciones funciónales y sostenibles. Y que sus emplazamientos continúen lo pertinente del patrimonio construido, entendiendo sus patios recurrentes, y sin pensar en estilos para saber que conservar o agregar (Ernesto Moure, Espacios y formas residuales, 2007). En fin, en evitar la copia servil y sin imaginación, cultura ni conocimientos.

Columna publicada en el blog de opinión www.torredebabel.info. 05.07.2012

28.06.2012 Vote por usted.

En lo que seguramente estamos de acuerdo los que pensamos que la democracia es el menos malo de los sistemas, como dicen que dijo Churchill, es en que eso no puede significar que tenga que ser sistemáticamente el gobierno de los “menos malos”. De ahí que lo primero sea derrotar esa abstención que ha permitido que salgan elegidos con los pocos votos que las maquinarias electorales compran a base de promesas falsas, y de ofrecer puestos, dádivas y contratos que les garanticen recobrar su “inversión” pues no sólo el Estado les reembolsa lo “invertido”, sino que pueden obtener grandes “ganancias” cuando ganan, parte de las cuales “re invierten” de nuevo.
            Nos dicen que votar en blanco es botar el voto y que debemos votar por cierto candidato pero no nos convencen con sus cualidades y nos ocultan su pasado. Al tiempo se reconoce que la abstención mayoritaria ha sido una constante histórica en el país, pero dejan  de lado que si los que tradicionalmente se abstienen, votaran en blanco, se daría un significativo paso adelante en la participación de los ciudadanos en el destino de sus ciudades, departamentos y, por supuesto, del país. Las maquinarias electorales comenzarían a rebotar en el muro blanco de los inconformes con tanta mediocridad, politiquería y corrupción pues cada vez somos mas.

            Contra el voto en blanco se aduce que repetir las elecciones es muy costoso, pero es  dinero de los contribuyentes y en cambio la corrupción e improvisación de los “menos malos” es de lejos mas costosa y repercute en todos, y es muy tonto lo de que la encargada actual seguiría por un mes mas. También se dice que si se repiten las elecciones las maquinarias insistirán con otros de su misma calaña, mas tendrían que ser mejores so pena de ser eliminados de nuevo. Y, finalmente, que por no apoyar a los “menos malos” salen elegidos los “peores”, pero si así fuera no es tan preocupante pues hasta en este país tan corrupto terminan destituidos o en la cárcel.

            Es natural que algunos grupos políticos traten de seducir a los que votan en blanco pero lo tendrán que hacer con candidatos convincentes y avalados por partidos de verdad pues lamentablemente en Colombia son cada vez mas de mentiras. Y por supuesto cabe la posibilidad de un nuevo partido pero el auge y caída de “los verdes” debe llamarnos a tener precaución  y mas vale ocuparnos del voto de los jóvenes. Precisamente son los que mas se abstienen a pesar de que les tocará vivir en este país que les estamos dejando, o irse a otra parte como lo venían haciendo de todos los estratos socio económicos pero que ya no es tan atractivo como antes.


            Los que elegimos la cordura de votar en blanco en lugar de la locura de votar por los menos malos, debemos insistir que en Colombia es una forma de participación electoral válida constitucionalmente y no una insensatez. Es como si fuese por un partido más, que esta vez agrupa a todos los indignados y opositores a que sigamos eligiendo a los menos malos, a los que queremos que los politiqueros reboten con nuestro voto. Todo lo cual es hacer una reflexión a base de prudencia, buen seso y juicio,  que es como define el DRAE cordura, y no una simple locura “filosófica” pasajera, pues por supuesto no para ahí: hay que encontrar candidatos buenos.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 28.06.2012

24.05.2012 Perder el tiempo

Pasamos en promedio 45 horas a la semana en el trabajo pero 16 son “improductivas” de acuerdo con un estudio de Microsoft, America Online y Salary.com (L. Belkin,  El Tiempo 24/06/2007). Y Steve Pavlina (stevepavlina.com) un experto en desarrollo personal, afirma que sólo lo hacemos hora y media al día. “El trabajador promedio de tiempo completo ni siquiera empieza a trabajar de verdad hasta las once de la mañana  […] y comienza a relajarse a alrededor de las tres y media”.

            Tal parece que la gente trabaja un total de tres días a la semana y desperdicia dos. Por eso hay que trabajar, trabajar y trabajar diría Uribe y muchos hasta le creen pero no lo hacen. Para los andaluces, por ejemplo, la noche es para dormir y el día para descansar, y su sabiduría consiste en disminuir el “debe” no en aumentar el “haber”, y desde luego hay costeños en todas partes. De ahí que sea ese supuesto desperdicio lo que nos debería preocupar en primer lugar.

            Los conocedores discrepan en cuanto a cómo perdemos todo ese tiempo. La encuesta de AOL dice que es por navegar por Internet, y el sondeo de Microsoft culpó a las juntas innecesarias. Buscar algo en medio del desorden es otra distracción, afirma Peggy Duncan, entrenadora de productividad personal, quien sostiene que localizar cosas en un escritorio desordenado equivale a 1,5 horas perdidas al día. Pero si nos lo “ordenan” ya no las encontramos.

            La semana  promedio de trabajo profesional se ha alargado en los últimos diez años, de acuerdo con el Centro de Políticas de la Vida Laboral , y “trabajar” más de 70 horas ahora es lo normal en la cima. Entonces ¿cómo reconciliar estas tendencias aparentemente contradictorias: el hecho de que trabajamos más duro y perdemos más tiempo? Un jefe podría decir que trabajamos más porque perdemos más tiempo ¿O perdemos tiempo porque trabajamos más duro?

            “Entre más tiempo trabaja una persona, menos eficiente es “, dice Bob Kustka , fundador de Fusion Factor, una consultoría de administración del tiempo y productividad. Piensa que los trabajadores, como los atletas, son más eficientes en arranques de concentración, aunque después se cansan y pueden echar a perder los arrestos iniciales. Y algunas compañías estadounidenses ahora aplican aún más allá el concepto de “mira lo que produzco, no cómo lo produzco “.

            En las oficinas de Best Buy , en Minneapolis, por ejemplo, los empleados pueden llegar a las cuatro de la tarde ó salir a mediodía, ir al cine a mitad del día o ni siquiera presentarse. Lo que importa  es el trabajo, no el método. Y tanto el rendimiento como la satisfacción de los empleados se han incrementado en otras empresas en donde se ha ensayado este enfoque, cuidándose por supuesto de que la manera de trabajar de uno no interfiera con la de los demás.

            En otras palabras, lo que parece ser pérdida de tiempo desde un punto de vista, podría ser un torbellino de ideas creativas desde otro, lo que ignoran esas universidades donde importan mas las horas de clase que la calidad de lo que enseñan. Y parece ser que la verdadera pérdida de tiempo es toda la energía que se ha dedicado a intentar obligar a todos a trabajar al mismo ritmo y de la misma manera. Ya leído lo anterior póngase a trabajar, seguramente lo hará mejor.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 24.05.2012 


26.04.2012 Aeropuertos


Los aviones son cada vez mas rápidos y grandes pero entrar o salir de ellos es cada vez mas lento, ineficiente, incómodo y hasta degradante. Largas colas para todo. Desde la que hay que hacer para la entrega de los pasabordos, hasta la de la única puerta para pasajeros con que hoy cuentan los aviones, sin considerar su tamaño, pasando por el espacio para bajar el equipaje de los carros o taxis al llegar a los aeropuertos, y su entrega y peso, los controles de seguridad, los filtros de emigración al salir, el nuevo control en la sala de espera, el control de inmigración al llegar, la aduana, y la cola final para tomar un taxi o bus. En total, mínimo una hora y media, y mucho mas las mas de las veces, lo que es insólito en vuelos que duran lo mismo o menos, y demasiado para los que no duran mas de diez, y todo un irrespeto cuando son tres o mas horas.
            Por supuesto hay medidas que podrían disminuir y agilizar considerablemente todos estos procedimientos. Por ejemplo, el pasabordo se podría imprimir obligatoriamente al comprar el pasaje, y no apenas el itinerario. La revisión de seguridad podría ser simultánea con una aduana previa y no posterior. Lo mismo que realizar el control de emigración junto con el de inmigración, con la misma lógica, en este caso deseable, con que nos han impuesto (abusivamente) que aquí controlemos la producción y el tráfico de drogas en lugar de controlar su entrada y consumo allá, y con la misma confianza que les toca tener a todos los países en los controles de seguridad que se hacen en otras partes pues necesariamente tienen que ser previos a los vuelos.

            Los aeropuertos son cada vez mas grandes y complicados y finalmente inhóspitos, incluyendo los centros comerciales que se han apoderado de ellos. Las terminales deberían estar es dentro de las ciudades, desde las cuales se llevarían en buses a los pasajeros, con todos los controles y filtros ya resueltos, directamente hasta las plataformas junto a las pistas de los aeropuertos, necesariamente retiradas de las ciudades por problemas de seguridad y contaminación. Además se disminuiría el movimiento de los aviones en tierra y se facilitaría su abordaje por puertas a sus dos costados, mediante escaleras mecánicas cubiertas y móviles. Una operación similar a la cada vez mas frecuente en los aeropuertos mas grandes, que nunca disponen de sitios de parqueo suficientes, entre sus varias terminales y los aviones y entre ellas.


            También está el asunto de las conexiones y  rutas. Venir desde Madrid, pasar sobre Bogotá, aterrizar en Cali…y después de una hora devolverse a Bogotá. Ir de Cali a Bogotá, al norte, para llegar a Quito, al sur de Cali. Volar a Panamá, al oeste de Bogotá, para llegar a Caracas, al este, o a Buenos Aires muy al sur. Para pasar del calor de Cali al de Cartagena hay que llevar abrigo para la demorada espera en Bogota para cambiar de avión. Y estar dispuesto a que se cancelen los vuelos con la disculpa de una congestión que debería ser previsible. Y que tal las ridículas “comidas” a bordo, con sus vasitos de cartón que se arrugan con verlos, justo cuando el pasajero de adelanta recuesta bruscamente su asiento, y sus cubiertos transparentes que no se ven, pero tan letales como los metálicos que prohibieron.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 26.04.2012 

24.03.2012 Tenemos que conocer mejor nuestra cultura

Nuestros modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico e industrial, que es como el DRAE define cultura, son producto inicialmente de una religión, una lengua y unas ciudades y arquitectura traídas a América desde de la Península Ibérica por los conquistadores, muchos de ellos de Andalucía y Extremadura. Y de ahí su impronta mudéjar, estilo que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe. O se a que nuestra arquitectura colonial deriva de la hispano musulmana, tanto la culta como, principalmente, la popular, del Califato de Córdoba.

Aquí,  esas soluciones urbanas y arquitectónicas pronto se adecuaron a sus nuevas circunstancias de clima y paisajes, con comprobable éxito, generando nuevas tradiciones que se sumaron a las españolas, las que se fueron transformado incluso después de la Independencia, pese a su esfuerzo de mirar mas hacia la Francia de la Gran Revolución. Sin embargo todavía decimos “ojala” en lugar de “como Dios quiera”, comemos “manjar blanco” siendo manjar (dulce) una palabra de origen árabe, como también “azúcar”. Y nuestro edificio mas bello e interesante es sin duda la Torre Mudéjar, y La Merced y la Capilla de San Antonio igualmente de influencia mudéjar.

Pero para los Juegos Panamericanos de 1971, en Cali insistimos fue en terminar de acabar con su herencia colonial, llevados por nuestra dependencia cultural de Estados Unidos, la que se incrementó fatalmente después de la Segunda Guerra Mundial, al punto de que la ciudad “hermana” de Cali es Miami, de donde tomamos, masivamente, muchos conceptos y soluciones urbanas y arquitectónicas, que identificamos ingenuamente con la modernidad. Estas se sumaron a las primeras modernizaciones de principios del siglo XX, pero no las reinterpretamos ni adecuamos, sino que simplemente las copiamos y casi siempre mal.

Sin embargo, el urbanismo y la arquitectura coloniales siguen siendo el mejor ejemplo de lo que deberíamos buscar en términos de confort habitacional y sostenibilidad, pues se adecúan mucho mejor a nuestro clima, paisajes y tradiciones. Pero por supuesto, hay que adaptarlos y modernizarlos, de manera similar a lo que se está haciendo en Masdar, en Abu Dabi, ciudad en construcción que es todo un retorno a la vieja pero eficaz ciudad islámica, compacta, baja, y de patios y calles estrechas y sombreadas, tal como eran las nuestras, y que aun podemos constatar en Cartagena, Mompóx, Santa fe de Antioquia, Barichara, Villa de Leyva, Girón o Popayán.

Pero no se trata de imitar sus imágenes, tergiversándolas por lo demás,  sino de perfeccionar sus soluciones de frente a climas y paisajes tan diferentes al norteamericano, potenciando una nueva versión de una vieja tradición. De ahí que deberíamos retornar las viviendas abiertas a sus propios patios mas que al exterior, a las paredes con suficiente aislamiento térmico y acústico, y a los corredores y galerías mas que a los ventanales. El problema por supuesto es lograrlo en los edificios de apartamentos, mas hay ejemplos que son los que deberíamos seguir, y no limitarnos a copiarlos de países con otros climas, paisajes y modos de vida

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. fecha 24.03.2012 

02.02.2012 Ver María

La gran novela romántica de Isaacs, publicada en Santa Fe de Bogotá en 1867, sin duda es hoy de interés para los habitantes del valle del río Cauca, sobre todo para los nuevos, y las bellísimas descripciones de sus paisajes deberían ser estudiadas por arquitectos, profesores y estudiantes. Estos ya viajan a Europa o Estados Unidos pero poco conocen los paises vecinos ni, vergonzosamente, los climas, paisajes y tradiciones urbanas y arquitectónicas de su comarca. Podrían empezar viendo la reciente reimpresión de la edición de María ilustrada con fotografías de Sylvia Patiño (las anteriores se agotaron hace años), que además ha realizado otra con su primera traducción al ingles, hecha por Rollo Ogden en 1890 y completada en 2012 por José Spitzer-Uribe. Es interesante como resuenan esos panoramas al leer en otra lengua esas odas al paisaje y su papel en la vida de la gente, que Isaacs hace visible.

            “One afternoon, like those of my country, garlanded with the mist of violet colors and sudden bursts of pale golden tints, beautiful like María, lovely and transient as she was for me, she, my sister and I sat on a large stone of the slope, from which we could see to the right of the deep fertile plain, the bustling water of the river flowing, and having at our feet the silent and majestic valley,...” (Jorge Isaacs, María / A South American Romance, 1890, Cali, editorSPatino, 2012)

          Partir de un acuerdo entre el clima, el paisaje y la tradición, como recomendaba sabiamente Le Corbusier (Obra Completa,1938-46, 1955) es fundamental para lograr una arquitectura apropiada y por ende propia, con la que nos podamos identificar, enfocada a nuestros verdaderos requerimientos y no simplemente a copiar insulsas modas importadas. Lo nuestro lo es precisamente porque se basa en nuestros climas tropicales, que son varios pero todos sin estaciones, en nuestros paisajes, que son diversos, de montaña, piedemonte y planicie, y en nuestras tradiciones, que son tanto las coloniales y campesinas como las modernas, pero que nos llegaron de Brasil a mediados del siglo XX. Quien no lo entienda no puede componer proyectos arquitectónicos que valgan la pena y perduren conformando una mejor ciudad, y para entenderlos hay que estudiarlos y por consiguiente verlos y sentirlos primero.

          Y por supuesto ayuda a “ver” esos paisajes leer en María que al atardecer las plantas “exhalan sus más suaves y misteriosos aromas y en el fondo del valle arden en la sombra negra y húmeda luciérnagas fantásticas”. Ambientes que tenemos que recuperar pues aun hay aromas, nubes de colores,  guaduales, ceibas y samanes, pájaros diversos, sombras profundas y hasta luciérnagas en este valle entrañable, fértil y majestuoso: solo perdimos el silencio y quedamos en manos de la fantasía.


          Por eso tenemos que volver a tener una relación profunda con la alta cordillera que nos respalda y la amplia planicie que nos rodea, que ya envidiarían tantas ciudades, para recobrar una memoria que nos una e identifique pues, como dice Agustina Bessa-Luis, la imaginación es precaria y frágil (El campo, memoria de las artes, 2004). “¡Ah! Those who have never wept for joy as well: weep now in despair for fleeing adolescence, because nor you shall love again!” nos previene Isaacs.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 02.02.2012

08.01.2012 ¿Por qué aceptamos todo?

Circula por internet una presentación con fotos tontas pero verdades muy serias:

Dice que aceptamos que la felicidad sea solo consumir, finaciando un sistema que compromete nuestra verdadera calidad de vida. Que el valor de alguien depende de su dinero. Que se paga mucho a deportistas y actores, pero poco a científicos y profesores, pese a que de ellos depende el futuro de los hijos que tenemos sin pensar en eso.

Los viejos nos estorban y no valoramos la experiencia. Poco hacemos por los niños que trabajan y las mujeres maltratadas. Las multinacionales no aplican las conquistas sociales de occidente en los países mas pobres. Aceptamos la pena de muerte, la discriminación racial y la de origen que nos imponen los gobiernos.

Los bancos prestan nuestro dinero sin ver el impacto ambiental, social o económico que causarán. O a países que quieren armarse (con armas obsoletas), o reactivar su economía, pero se quedan con sus recursos cuando no pueden pagar. Los paraísos fiscales son para los que no pagan los impuestos que nosotros sí pagamos. Se especula con la vivienda, la salud y los alimentos.

Las multinacionales controlan la agricultura mundial, y se desecha comida para mantener los precios, en lugar de darla a los miles que mueren de hambre cada año. No nos importa comer alimentos sin conocer los químicos que contienen ni su proceso de producción. No esperamos a comprobar sus efectos a largo plazo con tal de que tengan el precio más bajo posible.

Destruimos árboles, bosques y selvas, contaminamos ríos, lagos y mares, envenenamos el aire que respiramos, aceleramos la desaparición de especies animales y vegetales. Para no hablar de la burda alteracion de los paisajes naturales –ni la de los pasiajes urbanos-, lo que ni siquiera les importa a los que les importa todo lo mucho que aceptamos.

Aceptamos la hegemonía del petróleo y sus derivados, una energía costosa y contaminante, e incluso que se hagan guerras por su control, y poco hacemos para reducir su consumo. Enterramos residuos radioactivos que no estaran a salvo en un gran terremoto. Y no privilegiamos suficiente otras formas de energía limpia.

Creemos todo lo que nos dicen los medios pese a que son de los grandes poderes económicos. Las noticias son lo peor que ha pasado en el planeta cada día. Y si aparece alguien en Tv, se toma como modelo. La publicidad nos cuenta mentiras y nos hace desear cosas que no necesitamos para que las compremos con el dinero que nos prestan los bancos.

Aceptamos políticos ambiciosos y sin escrúpulos en el poder, incluso dementes y payasos, que cada cuatro años prometan lo que no pueden cumplir. Que partidos y congresos aglutinen lo peor. Que los directivos de los organismos internacionales vengan de grandes corporaciones, a las que volverán ganando cantidades astronómicas. Que se cambien votos por contratos.

Que las autoridades guarden todos los datos sobre nosotros. Que nos obligen a sacar visas, dejar huellas y enseñar el contenido del portatil al entrar a otro país. Que los telefonos sean intervenidos y se guarden los e-mails, y que se de acceso a ellos para detener disidentes. En fin, aceptamos una burocracía metida e inepta.

Muchos saben que aceptamos todo esto y mucho mas pero poco les importa.

Columna publicada en el semanario virtual caliescribe.com. 08.01.2012