30.01.2002 Trabajos en La Recta

Hubiera sido mejor una segunda calzada en la carretera Palmira-Buga o, desde luego, en la congestionada y peligrosa carretera Cali-Florida (ni siquiera tiene bermas) que hacer un tercer carril y una nueva berma en cada una de las calzadas de La Recta. Es evidente que la doble calzada Cali-Palmira no está congestionada y que es posiblemente la carretera menos peligrosa del Departamento. Si, por cualquier motivo extraño, de esos que abundan en el país, se tenía que hacer esa inversión solo ahí, es claro que lo correcto hubiera sido, ante todo, terminar las obras que se emprendieron hace un par de años cuando se ampliaron sus bermas. Por ejemplo, acabar el ensanche de sus puentes, o al menos retirar las grandes vigas que se prefabricaron con ese propósito pero que se abandonaron en las bermas recién construidas con gran peligro para la circulación. Al menos se hubiera podido terminar la demarcación y señalamiento de la vía, que hace años nunca la ha tenido completa.

Probablemente hubiera sido menos costoso terminar esos trabajos y hacer el cerramiento, de la vía, para convertirla en una autopista, que construir dos nuevos carriles y dos nuevas bermas a todo su largo. Pero al menos se ha debido aprovechar esta nueva obra para aumentar el radio de las curvas que se dispusieron en su diseño inicial, hace medio siglo, cuando se pensaba que no eran convenientes las largas rectas y se consideraba que sus escasos 28 kilómetros eran una barbaridad. También se hubiera podido aprovechar para rediseñar algunos trayectos para que no quedaran demasiado cerca de los bordes de la zona de la carretera, como va a pasar ahora, y para bajar la alta banca de la vieja vía, y no tener que rellenar más, ya innecesaria después de la construcción de Salvajina. Y desde luego, habría que haber remodelado las sorpresivas curvas que se inventaron a la entrada del CIAT y quitado las inexplicables construcciones que allí insistieron en terminar contra toda lógica y autoridad.

Con solo algunos de estos cambios, y por lo tanto con una inversión menor, hubiera sido posible aumentar la velocidad de la vía y con ella su capacidad, si este hubiera sido el problema.  Pero lo único que falta es que tampoco logren terminar estos terceros carriles cuya construcción se acaba de comenzar. Y quien sabe cuantos años más tocara esperar para que se resuelva el gran cuello de botella que son los puentes sobre el Cauca, uno de ellos, el colgante, ya hace años insuficiente. Por supuesto estas cosas a nadie interesan y vacas y burros seguirán pastando a lo largo de La Recta, y toda clase de animales de dos o cuatro patas y vehículos insospechados seguirán circulando por ahí como si fuera un Camino Real. Es como si las autoridades, los ingenieros, los conductores y los contribuyentes no hubieran circulado jamás por una autopista de verdad, o como si creyeran que a estas cosas solo tienen derecho los ciudadanos de otras partes. Como si nos contentáramos solo con las apariencias.

Muchos estarán orgullosos de esas calzadas de tres carriles, únicas en Colombia en esa longitud, pero que no pasarán de ser una seudo autopista incompleta y mal construida, como se puede deducir desde ahora de la actual capa de rodamiento, la que ya tuvieron que remendar, y mal, apenas un año después de que se hiciera casi toda de nuevo. Con la indisciplina de los conductores colombianos y la falta de controles por parte del tránsito, no es difícil prever que La Recta, con seis carriles, no será más rápida, pues aunque muchos no lo respeten continuará el ridículo tope de 80 kilómetros, ni tendrá mayor capacidad, pues no se harán completos, pero si que será más insegura. Si con la ampliación de las bermas aumentaron considerablemente los vehículos y animales en contravía ¿cómo será con tres carriles, previsiblemente sin demarcar totalmente, además de las bermas?

Columan publicada en el diario El País de Cali. 30.01.2002

10.01.2002 ¿Celebraciones?

Los hinchas del América tenían el derecho a festejar el campeonato de su equipo como se les diera la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás. De la celebración pasaron a la agresión. Al vandalismo, el saqueo, puñaladas y tiros. Se sabía lo que iba a pasar pero las autoridades no estaban suficientemente preparadas para evitarlo. Hubo un muerto, varios heridos, carros destrozados, robos.

Los que van a la cabalgata tiene todo el derecho hacerlo como les dé la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás. Pero lo único que se les ocurre a las autoridades es variar su recorrido cada año impidiendo que se cree una tradición y que los ciudadanos sepan que va a pasar y en donde para escoger si van o no y si viven cerca o prefieren hacerlo en otras calles y barrios. Y lo mismo vale para la Maratón del Río Cali, los circuitos ciclísticos y demás.

La gente tiene derecho a rezar como lo considere. A lo que no tienen derecho los creyentes es a imponérselo a los demás. A difundir sus cánticos a todo volumen en cualquier parte de la ciudad. Igualmente todos tienen derecho a hacer sus celebraciones familiares como quieran. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás; a que los vecinos tengan que soportarlas hasta mucho después de media noche: no nos interesan, ni tampoco sus equipos de sonido, ni su gusto musical, ni sus chistes, ni mucho menos sus risotadas escandalosas que no entendemos.

Los que son felices comiendo en las llamadas tascas tienen por supuesto todo el derecho a hacerlo. A lo que no tienen derecho sus organizadores es a imponérselo a los demás. A molestar con su ruido y su repentina presencia masiva a los que viven cerca ni a interferir el tráfico. Pero lo único que se les ocurrió a las autoridades ante la justificada protesta de los vecinos de Normandía fue mover el problema a otra parte. Como Simón el bobito.

Qué maravilla las ciclo vías pero que mal que se altere radicalmente el tráfico normal de las vías principales de la ciudad. ¿Cómo no se dan cuenta las autoridades que en la Calle Quinta, por ejemplo, solo es posible cerrarla los domingos, sin molestar a nadie, apenas en su largo trayecto en el sur en donde cuenta con cuatro calzadas? Estupenda la "calle del arte" en San Antonio si se limita a ciertas calles en donde no moleste la circulación ni los garajes y no se perturbe con su innecesario escándalo el barrio entero.

En Cali todos se toman el derecho a hacer lo que se les da la gana (lo que está muy bien)  pero se sienten con el derecho -como si fuera un deber- de imponérselo a los demás (lo que está muy pero muy mal), ante la impotencia de las autoridades para garantizar un mínimo de orden que permita la convivencia de los ciudadanos que las eligen y pagan precisamente para eso. En esta ciudad, aparte de tener que aguantar las celebraciones de los damas, no hay ante quien quejarse con esperanzas de un respuesta efectiva. Similar a la de años anteriores, esta vez fueron 16 muertos a puñal o bala y 30 heridos celebrando la noche de Navidad, noche de paz.

Crear tradiciones y mantenerlas es imprescindible: permiten a los demás saber a qué atenerse. Si a uno no le gustan los reinados pues no va (o se va de) a Cartagena. Y así. Se ha dicho que el derecho del individuo llega hasta donde comienza el de los otros, pero este solo es un límite claro cuando obedece a una costumbre, una tradición. Por eso es tan delicado establecer de pronto nuevos acontecimientos y por eso tan necesario volverlos pronto tradicionales. Pero las tradiciones evolucionan, rebasando sus límites, o si no se acaban. Por eso el hombre civilizado inventó la Ley, para que todos sepan hasta donde pueden ejercer su libertad, y también inventó las Autoridades, para que velen por que se cumpla la Ley.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002