Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002
10.01.2002 ¿Celebraciones?
Los
hinchas del América tenían el derecho a festejar el campeonato de su equipo
como se les diera la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los
demás. De la celebración pasaron a la agresión. Al vandalismo, el saqueo,
puñaladas y tiros. Se sabía lo que iba a pasar pero las autoridades no estaban
suficientemente preparadas para evitarlo. Hubo un muerto, varios heridos,
carros destrozados, robos.
Los que van a la cabalgata tiene todo el derecho
hacerlo como les dé la gana. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los
demás. Pero lo único que se les ocurre a las autoridades es variar su recorrido
cada año impidiendo que se cree una tradición y que los ciudadanos sepan que va
a pasar y en donde para escoger si van o no y si viven cerca o prefieren
hacerlo en otras calles y barrios. Y lo mismo vale para la Maratón del Río
Cali, los circuitos ciclísticos y demás.
La gente tiene derecho a rezar como lo
considere. A lo que no tienen derecho los creyentes es a imponérselo a los
demás. A difundir sus cánticos a todo volumen en cualquier parte de la ciudad.
Igualmente todos tienen derecho a hacer sus celebraciones familiares como
quieran. A lo que no tienen derecho es a imponérselo a los demás; a que los
vecinos tengan que soportarlas hasta mucho después de media noche: no nos
interesan, ni tampoco sus equipos de sonido, ni su gusto musical, ni sus
chistes, ni mucho menos sus risotadas escandalosas que no entendemos.
Los que son felices comiendo en las llamadas
tascas tienen por supuesto todo el derecho a hacerlo. A lo que no tienen
derecho sus organizadores es a imponérselo a los demás. A molestar con su ruido
y su repentina presencia masiva a los que viven cerca ni a interferir el
tráfico. Pero lo único que se les ocurrió a las autoridades ante la justificada
protesta de los vecinos de Normandía fue mover el problema a otra parte. Como Simón
el bobito.
Qué maravilla las ciclo vías pero que mal que se
altere radicalmente el tráfico normal de las vías principales de la ciudad.
¿Cómo no se dan cuenta las autoridades que en la Calle Quinta, por ejemplo,
solo es posible cerrarla los domingos, sin molestar a nadie, apenas en su largo
trayecto en el sur en donde cuenta con cuatro calzadas? Estupenda la
"calle del arte" en San Antonio si se limita a ciertas calles en
donde no moleste la circulación ni los garajes y no se perturbe con su
innecesario escándalo el barrio entero.
En Cali todos se toman el derecho a hacer lo que
se les da la gana (lo que está muy bien)
pero se sienten con el derecho -como si fuera un deber- de imponérselo a
los demás (lo que está muy pero muy mal), ante la impotencia de las autoridades
para garantizar un mínimo de orden que permita la convivencia de los ciudadanos
que las eligen y pagan precisamente para eso. En esta ciudad, aparte de tener
que aguantar las celebraciones de los damas, no hay ante quien quejarse con
esperanzas de un respuesta efectiva. Similar a la de años anteriores, esta vez
fueron 16 muertos a puñal o bala y 30 heridos celebrando la noche de Navidad,
noche de paz.
Crear tradiciones y mantenerlas es
imprescindible: permiten a los demás saber a qué atenerse. Si a uno no le
gustan los reinados pues no va (o se va de) a Cartagena. Y así. Se ha dicho que
el derecho del individuo llega hasta donde comienza el de los otros, pero este
solo es un límite claro cuando obedece a una costumbre, una tradición. Por eso
es tan delicado establecer de pronto nuevos acontecimientos y por eso tan
necesario volverlos pronto tradicionales. Pero las tradiciones evolucionan,
rebasando sus límites, o si no se acaban. Por eso el hombre civilizado inventó la
Ley, para que todos sepan hasta donde pueden ejercer su libertad, y también
inventó las Autoridades, para que velen por que se cumpla la Ley.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002
Columna publicada en el diario El País de Cali. 10.01.2002
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