La novela de Rosero sobre la muerte de Albino Luciani en 1978 está basada en la investigación de David A. Yallop (In God's Name, 1984). Según las fuentes oficiales, el papa, de 65 años, murió de un infarto; pero como es costumbre tras la muerte de un pontífice, no se realizó autopsia. Y es claro que su muerte a los 33 días de ser consagrado con el nombre de Juan Pablo I (el papa numero 263 y en proceso de beatificación), favoreciera a ciertos Jerarcas y a la mafia italiana con la cual algunos mantenían negocios. Si la historia muestra que no hay Estado en el que no haya ocurrido un magnicidio, ¿qué nos hace creer que en la Iglesia Católica, un Estado teocrático y transnacional, no los hay? Al fin y al cabo, con dos mil años, es el mas largo desde el Antiguo Egipto.
En cuanto al libro de Vallejo, cualquiera puede comprobar, aleatoriamente, los hechos mencionados, consultando otras fuentes. Después de haberlos sufrido contra ellos, los crímenes del cristianismo contra los no creyentes como contra los creyentes se suceden uno tras otro, o al mismo tiempo, a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento, y no terminan en el siglo XX. Las Cruzadas y la Santa Inquisición, por ejemplo, fueron instrumentos del poder del papado, pues no se trataba de asuntos de religión solamente sino de poder terrenal. “Praesentia corporales Christi” se auto denominaba Inocencio IV, sin inocencia alguna.
La ágil novela de Álvarez Gardeazabal, por su parte, trata de las ficciones paralelas de un cardenal colombiano que asciende en la jerarquía mediante sus relaciones homosexuales y la de un obispo de Buenos Aires que, al contrario, persigue la homosexualidad; más una historia de amor inspirada en el suicidio en Bogotá de dos curas, jóvenes amantes ellos, infectados con el VIH. Homosexualismo, pederastia y lucha por el poder, nada ajenos a los magnicidios y crímenes mencionados por Rosero y Vallejo ni a comportamientos propios de la naturaleza biológica y cultural del ser humano, y por lo tanto de las religiones monoteístas inventadas por él.
Recuerda Antonio Caballero que todas las iglesias han sido maquinas de hacer dinero y no pagan impuestos. Ron Hubbard, fundador de la Dianética y la Cienciología, fue condenado en Estados Unidos por evasión fiscal y en Francia por estafa (y recibió un doctorado honorario de la Universidad de la Secoya, luego cerrada por las autoridades de California por emitir títulos falsos); aquí la Fiscalía investiga a María Luisa Piraquive por enriquecimiento ilícito; y el Istituto per le Opere di Religione, IOR, el Banco del Vaticano (que fue accionista principal del Banco Ambrosiano, cuyo derrumbe en 1982 se vinculó con la muerte de Juan Pablo I) afronta problemas por lavado de dinero de la mafia (Semana, 17/02/2014).
El hecho es que de nuevo el arte, en este caso la literatura, revela mejor la historia, o, mejor aún, lleva a ella. Y aunque, como dicen que dijo el Conde Leon Tolstoi, sería maravillosa si fuera cierta, estas tres obras vuelven veraz una realidad que se prefiere ocultar. Pero no apenas se trata de la historia de La Iglesia –una historia urbana desde luego- sino la del Mundo Occidental. La de países como Colombia en donde todavía las cosas se hacen “si Dios quiere” y cuando se hacen es “gracias a Dios”. Las dos novelas son cortas, muy buenas y se leen con interés y asombro. Ojalá (Del árabe hispánico: law šá lláh, si Dios quiere) muchos las lean, y a pesar e que el libro de Vallejo agota, es imprescindible.
Al respecto dice Cathy Caruth, Ph. D. (1988) de la Universidad de Yale y actualmente profesora de la Universidad de Cornell, que “si Freud se vuelve hacia la literatura para describir la experiencia traumática, ello es porque la literatura como el psicoanálisis, está interesada en la compleja relación entre el conocer y el no conocer. Y es, en efecto, en el punto especifico en que el conocer y el no conocer se cruzan, en el que el lenguaje de la literatura y la teoría psicoanalítica de la experiencia traumática se encuentran.” (Citada por M. A. Garcés en: Cervantes en Argel/ Historia de un cautivo, 2005).
Columna publicada en el portal web de opinión www.programalallave.com. 04.03.2014