Dicen que el Presidente es un jugador de
póker, pero no se profundiza en ello. Debió ser evidente que las conversaciones
de paz, además de destacar su imagen afuera, son un bluf para callar a los que aquí creen en la paz hablada. Si logra
firmar algo, le dan el Premio Nobel y es reelegido, no importa que el
narcotráfico, la delincuencia común, la violencia intrafamiliar y los
accidentes de tránsito en las ciudades continúen causando muchos mas muertos
que el conflicto armado en el campo, aunque solo sea por que cerca del 80% de
los colombianos habita en ellas.
Pero
si a los comandantes de las FARC les toca levantarse de la mesa al fracasar en
sus exigencias, hasta los que hablan de la paz hablada tendrán que aceptar que
se intensifique la guerra -la que nunca se suspendió- lo que es un claro
indicio de la “jugada” de Santos. Lo reelegirán y tendrá cuatro años mas para
vencer finalmente a las FARC. No le darán el Nobel de la Paz pero será
recordado por haberla alcanzado, sin
importar que continúen las iniquidades en el campo y en las ciudades,
junto con su inseguridad, violencia, accidentalidad e intolerancia.
Pero
los “comandantes” alargaran las conversaciones en la Habana, y su propia cómoda
paz allá, ganando tiempo para que aquí continuen su terrorismo adolescentes
reclutados a la fuerza. Entonces quedara Santos supeditado a otra jugada
maestra, como la Operación Jaque, que los obligue a levantarse de la mesa,
poniendo su derrota militar de nuevo en el terreno de lo probable. Como para
todo jugador lo importante es ganar a la larga, las conversaciones de paz
serían para Santos ganar la guerra por otros medios, aprovechando el
resquebramiento interno de las FARC.
En
el póker se gana engañando a todos y siempre hay cartas ocultas, en este
caso operaciones, y si hay alguien que conozca bien esta guerra y que esté
familiarizado con los diferentes medios que se utilizan en ella, es el
eficiente Ministro de Defensa del gobierno pasado. Uribe y Santos lograron
demostrar que si es posible vencer a las FARC, así como durante el gobierno de
Pastrana hijo se demostró que a ellos no les interesa una paz que por lo demás
nunca han buscado de verdad. Solo que muchos de los que hablan tanto de ella lo
han olvidado.
Y
si Santos no intenta al menos otra jugada maestra, probablemente será elegido
un nuevo candidato del uribismo –él ganó por serlo-, es decir, un candidato de
la guerra y con el mismo fin: ganarla. Estar contra la guerra es hoy
políticamente correcto pero casi tan inútil para evitarla como estar en contra
de la muerte. Se dice que de la Paz de Aquisgrán de 1748, que tanto le costo
Francia, quedó el dicho "tonto como la paz". En Colombia podría
quedar el de “tonto como la guerra a medias” por esa que así aquí se ha
adelantado durante mas de medio siglo.
Pero
mientras uribistas y antiuribistas se insultan, el
narcotráfico, la delincuencia común, la violencia intrafamiliar y los
accidentes de tránsito continúan causando mas muertes. Y la iniquidad ya está
también en las ciudades donde sus Planes de Ordenamiento Territorial son tan
inocuos como las conversaciones de paz, y de consecuencias mas graves. Durante
ese medio siglo de guerra en el campo, se pasó a habitar en las ciudades pero
aun no se ven las arbitrariedades debidas a su rapidísimo crecimiento y tamaño,
como ya lo saben en Brasil.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 16.07.2013