16.07.2013 ¡Paz! ¿dónde?

Dicen que el Presidente es un jugador de póker, pero no se profundiza en ello. Debió ser evidente que las conversaciones de paz, además de destacar su imagen afuera, son un bluf para callar a los que aquí creen en la paz hablada. Si logra firmar algo, le dan el Premio Nobel y es reelegido, no importa que el narcotráfico, la delincuencia común, la violencia intrafamiliar y los accidentes de tránsito en las ciudades continúen causando muchos mas muertos que el conflicto armado en el campo, aunque solo sea por que cerca del 80% de los colombianos habita en ellas.

            Pero si a los comandantes de las FARC les toca levantarse de la mesa al fracasar en sus exigencias, hasta los que hablan de la paz hablada tendrán que aceptar que se intensifique la guerra -la que nunca se suspendió- lo que es un claro indicio de la “jugada” de Santos. Lo reelegirán y tendrá cuatro años mas para vencer finalmente a las FARC. No le darán el Nobel de la Paz pero será recordado por haberla alcanzado, sin  importar que continúen las iniquidades en el campo y en las ciudades, junto con su inseguridad, violencia, accidentalidad e intolerancia.

            Pero los “comandantes” alargaran las conversaciones en la Habana, y su propia cómoda paz allá, ganando tiempo para que aquí continuen su terrorismo adolescentes reclutados a la fuerza. Entonces quedara Santos supeditado a otra jugada maestra, como la Operación Jaque, que los obligue a levantarse de la mesa, poniendo su derrota militar de nuevo en el terreno de lo probable. Como para todo jugador lo importante es ganar a la larga, las conversaciones de paz serían para Santos ganar la guerra por otros medios, aprovechando el resquebramiento interno de las FARC.

            En el póker se gana engañando a todos y siempre hay cartas ocultas, en este caso operaciones, y si hay alguien que conozca bien esta guerra y que esté familiarizado con los diferentes medios que se utilizan en ella, es el eficiente Ministro de Defensa del gobierno pasado. Uribe y Santos lograron demostrar que si es posible vencer a las FARC, así como durante el gobierno de Pastrana hijo se demostró que a ellos no les interesa una paz que por lo demás nunca han buscado de verdad. Solo que muchos de los que hablan tanto de ella lo han olvidado.

            Y si Santos no intenta al menos otra jugada maestra, probablemente será elegido un nuevo candidato del uribismo –él ganó por serlo-, es decir, un candidato de la guerra y con el mismo fin: ganarla. Estar contra la guerra es hoy políticamente correcto pero casi tan inútil para evitarla como estar en contra de la muerte. Se dice que de la Paz de Aquisgrán de 1748, que tanto le costo Francia, quedó el dicho "tonto como la paz". En Colombia podría quedar el de “tonto como la guerra a medias” por esa que así aquí se ha adelantado durante mas de medio siglo.


            Pero mientras uribistas y antiuribistas se insultan, el narcotráfico, la delincuencia común, la violencia intrafamiliar y los accidentes de tránsito continúan causando mas muertes. Y la iniquidad ya está también en las ciudades donde sus Planes de Ordenamiento Territorial son tan inocuos como las conversaciones de paz, y de consecuencias mas graves. Durante ese medio siglo de guerra en el campo, se pasó a habitar en las ciudades pero aun no se ven las arbitrariedades debidas a su rapidísimo crecimiento y tamaño, como ya lo saben en Brasil.

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 16.07.2013

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