Y, como si fuera poco, pretendía que su Dictador Bueno compartiera el gobierno con apenas un Senado Legislativo de sólo un senador elegido por cada uno de los veinticinco departamentos en los que reorganizó el País: Cinco en la costa Norte, cinco en la Costa Oeste, cinco en la Zona Central, cinco en la altillanura del Este, y cinco en las selvas del Sur, pues como había leído a Friedrich Nietzsche pensaba con toda la razón que la democracia solo es posible entre iguales y definitivamente en cada una de esas regiones la gente es mas igual que en todo el país. Habría Cámara de representantes por cada región, con un representante por cada una de sus áreas metropolitanas, un Concejo por cada ciudad, una Junta Comunal por cada barrio y un Líder de cuadra por cada una. Sabia por Aristóteles, y lo había leído en griego clásico, que las ciudades ”surgieron para satisfacer las necesidades vitales del hombre, pero su finalidad es permitirle vivir bien...” (La política, s, IV, a.C.) lo que sus ingenuos campesinos compatriotas no tenían por que saber ni entenderlo.
El Poder Judicial, por su parte, lo había concebido con apenas con cinco niveles: Jueces de Barrio, Jueces de Ciudad, Jueces de Departamento, Jueces de Región y Jueces Nacionales. O sea que en el peor de los casos no cabrían mas de cuatro apelaciones y en el mejor ninguna pues las apelaciones tenían consecuencias para jueces y reos. El cuarto poder serían los medios de comunicación. Y el quinto poder seria el del pueblo mediante el voto calificado de acuerdo con cada elección, pero con capacidad de condenar a muerte a todos los funcionarios públicos que cayeran en la corrupción, nada ingenuo él, lo que acordarían desde el momento en que se posesionaran, cosa que ellos aceptarían como verdaderos servidores del pueblo que siempre se dicen, los que serian ejecutados una vez terminaran su mandato para darles lugar a revindicarse y poder ser alabados como héroes por los que los eligieron, idea sacada de un célebre cuento de Italo Calvino (La gran bonanza de las Antillas,1981). Y desde luego era la única propuesta cuerda de este loco que no ingenuo. Ingenuos los que se creen cuerdos y votan por el dictador menos malo.
Como asegura Moisés Naím (América - 0 9/05/ 2014, 8:07 pm) un político puede ser un dictador con los ingredientes adecuados: millones de pobres; mucha injusticia y desigualdad social; abundante corrupción a todos los niveles; partidos políticos desprestigiados; una clase media creciente pero desilusionada con esos partidos y la democracia; un Congreso, Cortes y Jueces corruptos y unas Fuerzas Armadas inoperantes; una comunidad internacional distraída con temas diversos; y habría que agregar la cultura mafiosa generada por la inútil prohibición de las drogas, que ha permeado hasta el gusto. Y si además ese político cuenta con brigadas de choque bien armadas, como dice Naím, está hecho y desde luego no será un dictador bueno: ninguno lo es. Todos son locos de atar, como Calígula que le otorgó el titulo de Cónsul y el uso del púrpura imperial en sus mantas a su caballo preferido, Incitatus; pero por lo menos ganaba todas las carreras y la única que perdió fue culpa del auriga, al que el Emperador hizo ejecutar.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com.13.05.2014
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