21.05.2013 La batalla por la paz

En Colombia la violencia es la política por otros medios, similar a como dijo de la guerra el general prusiano Carl von Clausewitz (De la guerra, 1832); y para los subversivos la política después de la paz sería la guerra por otros medios. De otro lado, la sobrepoblación hizo que nuestras ciudades crecieran mucho con los desplazados del campo por guerrillas y paramilitares, o que buscan mas y supuestamente mejores oportunidades. Además afrontamos crecientes problemas con el narcotráfico y con el eminente cambio climático del planeta.

            Adelantar el proceso de paz sin considerar integralmente todo lo anterior es un error. Si se firma, no se acabará la violencia pues se ha trasladado a las ciudades, y si las FARC acceden a la política lo harían con una total ignorancia y falta de experiencia en lo urbano y medioambiental. Y si el Gobierno continua la guerra contra subversivos y narcotraficantes considerándola apenas un “conflicto armado”, no la podrá ganar militarmente pronto, además de que a muchos no les interesa, y seguirá dándoles largas a las ciudades y al medio ambiente.

            Sun Tzu, general chino que vivió alrededor del siglo V a.C., recomendaba facilitar la retirada del enemigo (El arte de la guerra). Pero, cómo lograr que encaremos la paz si no vemos que en nuestras ciudades, donde ya habitamos cerca del 80% de los colombianos, la inseguridad es su mayor problema, y donde las enormes ganancias del narcotráfico han corrompido todo, y además con problemas medioambientales y de agua y movilidad. O como ignorar que el campo ya no es dirigido desde el campo, como antes, sino desde las ciudades y para las ciudades, como sucede con la industria agropecuaria y minera.

            Todo esto tiene que ser analizado junto, y que aunque la paz con las FARC sin duda tiene un gran efecto simbólico, lo preocupante es lo que sigue. Principalmente por que la propiedad privada del suelo urbano imposibilita todo intento de planificación, sostenibilidad, contextualidad, control y seguridad en las ciudades. Manejadas, además, desde sus Concejos por politiqueros incultos, clientelistas y corruptos, elegidos por un electorado aun sin tradición urbana y democrática, que vende su voto o cree en las promesas falsas de los candidatos.

            Robert Greene (1558-1592), dramaturgo, poeta, ensayista y escritor inglés, nos recuerda que lo extraordinario se desprenda de lo ordinario (Las 33 estrategias de la guerra, 2006). En nuestro caso, de su geografía e historia, pues se trata de la manera de sentir de gentes diversas pues, como se sabe, este es un país de regiones separadas por altas cordilleras y anchos ríos, que por siglos fueron sus principales vías de comunicación, y aun muy centralista cultural, económica, política y administrativamente, y manejado desde la capital.

            Política, violencia, sobrepoblación, ausencia de lo urbano, narcotráfico y medioambiente son hechos ordinarios para varias generaciones de colombianos. Lo extraordinario es ver integralmente sus influencias reciprocas. Por ejemplo, que los accidentes de transito, delincuencia común y narcotráfico matan mas gente que el conflicto armado y paramilitarisno juntos, financiados, directa o indirectamente, por la prohibición impuesta e inútil de las drogas. Son pues varias batallas simultaneas, casi todas urbanas, y una sola guerra por la paz.

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 21.05.2013 

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