23.05.2002 Los candidatos y las ciudades

Uribe sabe que para reactivar la construcción hay que devolverle capacidad adquisitiva a la economía. Cree que la vivienda facilita que los pobres accedan a la propiedad. Propone 400.000, cuyo costo no exceda de inflación más seis puntos. Aun cuando apenas son el 26% de la demanda, piensa que son muchas porque en 2000 solo se construyeron 19.000. Las cajas de compensación, que manejarán los subsidios para la población más pobre, deberán reducir sus costos de funcionamiento mediante alianzas. Extenderá la exención tributaria a la clase media para aumentar los recursos, ampliar los plazos y reducir los intereses. Canalizará las participaciones de las regiones a través de los bancos para bajar los intereses, y dará estímulos tributarios al crédito en materiales de construcción y a la construcción de vivienda para arrendamiento con opción de compra. Permitiría más crédito a más plazo y buscará que el subsidio favorezca a los que hoy no cumplen con los requisitos existentes.

Serpa promete 500.000. Para ello fortalecería los subsidios con el concurso de la nación, los departamentos, los municipios y las cajas de compensación familiar. Extendería su beneficio a los ciudadanos pobres, hoy excluidos, para dotarlos de activos representados en viviendas que incluyan talleres o locales. Propone una intervención más decidida del Estado frente al problema de miles de familias para cumplir con sus compromisos financieros de su vivienda. Actuaría sobre la viabilidad de los instrumentos financieros establecidos para darle al crédito hipotecario de vivienda más dinámica. Cree que la titularización de créditos de vivienda tiene la enorme ventaja de poder reducir substancialmente los costos para los deudores, pero asegurando una adecuada rentabilidad para inversionistas e intermediarios. Se trataría por este medio de reducir substancialmente las márgenes de intermediación. Cree que la informalidad de los títulos de los poseedores de predios urbanos y rurales es un factor de marginalidad social. Se compromete a triplicar el numero de títulos de propiedad que se han entregado desde 1995.

Garzón dice que mientras no se cambie la desregulación financiera actual es imposible la solución del problema. Cree que su financiamiento debe tener un tratamiento especial y no puede ser visto simplemente como un negocio financiero. Propone un sistema especializado, con recursos subsidiados, que le permitiría a cualquiera comprar su vivienda en condiciones adecuadas, lo que reactivaría la construcción, principal fuente de empleo a corto plazo. Con solo refinanciar una parte de la deuda pública piensa que contaría con recursos suficientes.

La construcción sería uno de los pilares de un gobierno de Noemí. Y un nuevo urbanismo y la vivienda sus ejes dinamizadores. Piensa en un millón, la mitad de interés social, en cinco años, que representarían el mismo porcentaje dedicado a la construcción en los periodos de boom económico. Para lograrlo propone un nuevo esquema financiero, tributario y de intervención del espacio público. Un crédito hipotecario eficiente para llegar a mas gente a menos costo, orientado a mejores desarrollos urbanos y sistemas de propiedad colectiva que representen una mejor calidad de vida. Propone, además, la intervención del espacio público con el fin de abaratar la disponibilidad de lotes con servicios y facilitar su uso eficiente.

Entre todos hacen un buen programa (ver: M. C. Alvarez: Los candidatos frente a la  construcción ): Uribe es consciente del impacto social de una vivienda digna; Serpa ve un hogar y no solo un techo para sobrevivir; Garzón señala que es responsabilidad de cualquier gobierno y un derecho social; e Ïngrid Betancourt (que sigue secuestrada) constata que sin ingresos no hay vivienda. Pero solo Noemí se preocupa algo por las ciudades; ojalá esté en el gobierno de Uribe (si el tiempo se lo permite ) pues aquí pocos parecen darse cuenta de que el problema no es el muy mal medido déficit de viviendas sino la precariedad muy ignorada de las ciudades.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 23.05.2002

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