05.03.2013 ¿Lectores o “foristas”?

La mayoría de los comentarios que los medios de comunicación pasan olímpicamente por Internet -y que incluso publican- de los muchos que se hacen a sus respectivas columnas, aduciendo una supuesta libertad de opinión, ni son libres ni son opiniones. Son tonterías, dogmatismos y falsas interpretaciones, como si no hubieran leído bien ni completo lo que critican, cuando no exabruptos, groserías e insultos, que a veces ni siquiera tienen nada que ver con la columna respectiva; incluso asuntos religiosos o acusaciones a los columnistas, que comprometen su buen nombre y hasta su seguridad, y que habría que comprobar antes.

La principal razón de esta situación, sin duda anómala, es que los comentarios son anónimos para los que finalmente los leen, aunque sus responsables estén registrados en la red,  porque precisamente sus autores ocultan su nombre para poder ser soeces y atrevidos pese a su evidente ignorancia del tema que están “criticando”, lo que dificulta las acciones legales que a veces se deberían tomar. La segunda razón es que los medios no seleccionan los comentarios pertinentes y se hacen los de la vista gorda si no cumplen con los requisitos que establecen solemnemente, para que no los acusen de censura, con un facilismo insultante para sus columnistas.

Nada mas diferente  a un verdadero foro para discutir asuntos de interés actual ante unos lectores que a veces intervienen con sus comentarios, por la sencilla razón que no hay quien otorgue la palabra y llame al orden. Entonces, si mucho, termina siendo un conteo de quienes están a favor o en contra, constituyéndose en una falsa estadística sobre la verdadera importancia de la columna del caso. Se olvida que un columnista es un colaborador de un medio de información, al que contribuye regularmente con comentarios firmados. Como eran firmadas, y con cedula, las  “cartas al Director” de antes, que eran al menos párrafos y no apenas frases o simples palabras.

Finalmente, los auto denominados “foristas” son los mismos en cada medio, cinco o algo mas personajes anónimos, incluso cuando son nombres corrientes, que aprovechan el espacio para saludarse, aprobar lo de los otros o pelearse entre ellos, y que lo único que les interesa parece ser la politiquería local. Para peor de males, los lectores de verdad evaden ese inocuo ambiente y prefieren hacer sus comentarios directamente a los columnistas, con el supuesto implícito de que no se van a publicar, y raramente se dirigen formalmente al medio respectivo. Así, no hay quien opine seriamente sobre lo que opinan los formadores de opinión, para que lo hagan cada vez con mayor rigor.

Opinión es el dictamen o juicio que se forma de algo cuestionable, pero tambien la fama o concepto en que se tiene a alguien o algo, dice el DRAE, pero es un error garrafal confundir las dos acepciones. A columnistas y lectores lo que les debería incumbir en primera instancia son los hechos y no las personas. Fulano en tanto funcionario, por ejemplo, y no un funcionario en tanto persona aunque si, por supuesto, su experticia y su experiencia. La opinión pública es el sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados, y es en la que tratan de influir los columnistas…con la ayuda de lectores de verdad.

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 05.03.2013

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