13.08.2013 Aborto, sobrepoblación y negacionismo

Parte del problema es que no es lo mismo abortar un ovulo recién fecundado que un feto a pocos días de nacer  (dónde se pasa la "línea" es otro problema). Pero desde luego lo "criminal" es dejarlo nacer si va a "matar" a la madre o no va poder vivir bien, o si no es deseado, porque la mayoría de las veces se convertirá en un adolescente conflictivo, cuando no criminal.

            De otro lado la sobrepoblación es una cierta densidad de habitantes que cuando alcanza niveles críticos provoca un empeoramiento del entorno, una disminución de la calidad de vida, o un desplome de la población por guerras o hambrunas. Ignorarlo como si fuéramos animales  es suicida, y si es a propósito, además es criminal.

            Generalmente el término se refiere a la relación entre la población humana y el medioambiente, y proviene de la superación, por una especie, de los límites de sostenibilidad del biotopo que habita. Es decir,  que una especie demanda más alimentos, produce más residuos y exige más espacio del que el biotopo puede darle sin sacrificar el futuro de otras especies que habitan en él.

            Pero no es tanto una cuestión de espacio, como de limitación de recursos y su renovación y, sobre todo, como consecuencia directa, de la extinción de las especies que cohabitan la región superpoblada junto con la especie humana, disminuyendo la biodiversidad, básica para la vida, incluyendo por supuesto la del hombre.

            Se estima que la gran mayoría de todas las especies que han surgido en el planeta desde el inicio de la vida en el, se han extinguido por una u otra causa, pero la principal actualmente es la actividad humana. Y cabe resaltar que sin estas extinciones la especie humana nunca hubiera llegado a ocupar todos los ecosistemas existentes.

            La sobrepoblación puede resultar de un incremento de nacimientos, una disminución de la mortalidad debida a los avances médicos, un aumento de la inmigración, o por un bioma insostenible o un agotamiento de los recursos. Incluso es posible que en áreas de escasa densidad de población se dé superpoblación porque el área en cuestión no pueda sostener su población, aunque esta sea pequeña.

            Es el principio de que todo territorio tiene una determinada capacidad de carga, determinada por la cantidad de recursos disponibles y por su tasa de renovación. La población de cualquier especie alcanzará su nivel óptimo cuando sea igual a la capacidad de carga. Si la población aumenta sobre la capacidad de carga, habrá sobrepoblación y, por consiguiente, los alimentos no alcanzarán para todos los habitantes, lo que provocará su muerte por inanición.

            Pero el negacionismo, esa distorsión de la realidad, ha impedido que se considere objetivamente la sobrepoblación del planeta o su cambio climático, además íntimamente relacionados. Se tala la selva amazónica para producir comida para el creciente consumismo de los mas de 1.345 millones de habitantes de China, y Tokio ya tiene mas de 36, cuando se estima que la población el mundo en el año 10 000 a.C. cuando se construyo Jericó, la ciudad mas antigua, era apenas un millón; y ya se sabe de los problemas con la energía nuclear en Japón.

            A diferencia de la propaganda, que apela a las emociones, el negacionismo acude al intelecto, usando técnicas ilegítimas para sostener un punto de vista. Como presentar documentos falsos, inventar razones ingeniosas pero no plausibles para desconfiar de los fidedignos, atribuir sus propias conclusiones a otras fuentes pese a que digan lo contrario, manipular estadísticas, y traducir deliberadamente mal textos en otros idiomas.


            Ejemplos notorios son el negacionismo del Holocausto y el turco del holocausto armenio. El negacionismo es también utilizado por grupos fundamentalistas en Internet, de manera similar al “Ministerio de la verdad” en  la novela 1984 de George Orwell, escrita en 1948 y publicada en 1949. Mentiras, como lo advirtió Konrad Lorenz en Decadencia de lo humano (1983), de las que hoy se encargan las multinacionales; y las religiones, por supuesto.

Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com

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