31.08.2000 Made in Colombia

La ministra nos recuerda que Vivaldi no es colombiano, pero su música ¿es extranjera? Dice media verdad a medias cuando dice que el Jazz y la opera son extranjeros. Pero se engaña si cree que los vallenatos no lo son al menos en parte: se cantan en un idioma "extranjero" se acompañan con instrumentos de origen europeo, africano e indígena y  hablan de lo que le pasa a todo el mundo en todo el mundo; y los escuchan, comentan y escriben de ellos y hasta los bailan (lo que no es muy vallenato) muchos bogotanos que para la costa caribe, donde se originan y practican, vienen a ser casi como esos muchos otros extranjeros que los escuchan aquí y fuera del país. No; lo único colombiano en todo esto -aparte del insípido tejo y el universal ajiaco- son las desafortunadas afirmaciones de esta ministra, que parece serlo de Chávez, cuando antepone excluyentemente lo culto a lo popular y lo universal a lo regional, que confunde con el país, ignorando su pluralidad cultural -y no solo la de carácter regional- consagrada por la Constitución. El joropo ¿es colombiano o venezolano? La maravillosa música negra del Pacifico ¿es vallecaucana? De seguir así se tendría que prohibir la enseñanza de lenguas extranjeras en los colegios públicos y de las ciencias pues todas lo son. Y por supuesto solo historia y geografía de Colombia. ¿Solo colegios colombianos? ¿Solo colombianos?

Esta muy bien que el Ministerio de Cultura de Colombia solo financie la cultura colombiana: es decir los vallenatos hechos aquí... la opera hecha aquí, los festivales de jazz hechos aquí! Vivaldi interpretado aquí! los joropos de la parte de acá del Llano y que no continúe regalando a los extranjeros tesoros indígenas que ni siquiera son "nuestros". ¿Por que  la ministra no se ocupa de la repatriación del tesoro quimbaya (será porque no es colombiano) y de las tumbas precolombinas que se siguen sacando enteras al extranjero? Preocupa lo que piense de la arquitectura colonial --que ante la mirada ciega del gobierno desaparece todos los días (junto con la republicana y hasta moderna) de la cultura colombiana y con ella las ciudades tradicionales a pesar de que es, con la lengua y la religión, lo más antiguo, extendido y protuberante de ella-- cuando se entere que fue impuesta por el Imperio Español (y además) en toda América, como dijo hace muchos años Fernando Chueca Goitia (Invariantes castizos de la Arquitectura Española-Invariantes en la Arquitectura Hispanoamericana ) desafortunadamente para la ministra un extranjero para más señas español. Obviamente ignorara que incluso en sociedades con arraigadas tradiciones, el urbanismo y  la arquitectura de la ciudad occidental, hoy ya varias veces milenaria, evolucionan para bien o para mal con frecuencia a partir de influencias extranjeras. Así lo expresa Eduardo Mangada, otro español: "Como siempre ha sido, con sus compañeras la música o la pintura, para presentar la carta de identidad del invasor o colonizado o como respuesta educada del huésped que quiere recrear un ambiente próximo al visitante ilustre […] Ni demoníaca, ni angelical, ni importada, solo viajera y sin fronteras, como debe ser en un mundo cada vez más plano." (Viajera y sin fronteras.. A&V Nº 16)

¿Que es lo colombiano? Para la ministra es simple: es lo que es de aquí según ella (cuantos aquís hay en este país) que confunde sus opiniones personales con la política cultural del Estado. Su mentalidad es de esas que en Colombia han contribuido a su chauvinismo, intolerancia, atraso y aislamiento y en ultimas a su violencia. Es otra forma de violencia. La cultura no es para ella la gran variedad de cosas (la lista es larga) que se han hecho y se hacen en las muchas comunidades diversas del país, incluyendo a los que tienen que ver más con Vivaldi que con los vallenatos, sino lo que hay que hacer en él según la opinión desde el poder de un gobernante; como Pol Pot que abandonó los maravillosos templos antiguos de Angkor (patrimonio de la humanidad) simplemente porque odiaba las ciudades, según lo recuerda Jean-Louis Margolin (El libro negro del comunismo ) otro extranjero, esta vez francés. Menos mal que no ha dicho la ministra (todavía) que piensa que debe ser la cultura: cualquier señora (o señor) puede decir lo que piensa pero un ministro (o ministra) debería pensar lo que dice.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 31.08.2000 

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