Recordaba Álvaro Camacho (El Espectador, 24/08/2008) el
importante trabajo de Orlando Fals Borda sobre la actualización de la división
político administrativa del país, al que dedicó sus últimos años. Y que los que
mas se oponen son los vallecaucanos y antioqueños pues los primeros no están
dispuestos a “perder” el Pacifico, y ahora a Sevilla, y los segundos el Urabá.
Pero también habría que incluir a los caucanos que no querrán que Santander de
Quilichao y demás municipios vecinos que están en el valle geográfico del Rió
Cauca pasen al Departamento del Valle del Cauca. Es lamentable que los
intereses clientelistas de los políticos colombianos impidan, casi veinte años
después, que se cumpla con este compromiso de la Constitución de 1991, pues lo
único que se ha logrado fue que se convirtieran en departamentos las
intendencias y comisarías. Nada les importa que se mantengan exabruptos como el
de que Cali este desparramada en siete municipios de dos departamentos, porque
el problema no son solo las regiones sino también los municipios dentro de los
departamentos.
El
(mal) ejemplo de Cali lleva a pensar que tendrían que definirse a partir de las
ciudades actuales, que es precisamente lo que remedialmente han buscado las
áreas metropolitanas. El mejor argumento de su acierto es la sub división del
viejo Caldas, y su urgencia quedo muy clara ahora que en Bogotá quieren hacer
un tren de cercanías, pues es imposible sin la participación del Departamento
de Cundinamarca. Si el del Valle del Cauca estuviera concentrado alrededor de
Cali, seguramente nuestro Tren ligero, inaplazable complemento del Mio, estaría
ya funcionando al menos a Yumbo, Jamundí y
Palmira. Y si existiera un departamento del Pacifico, probablemente ya
estaría la doble calzada desde Loboguerreo a Buenaventura, ciudad que hay que
repensar mas allá de su puerto pues, como cree Guy
Henry, ex investigador del CIAT, también podría ser un polo de desarrollo eco
turístico a partir de centros de investigación de la biodiversidad. Y el embeleco del puerto de Tibuyá no habría pasado de puro
regionalismo paisa impulsado desde el Ministerio del transporte.
Ahora que cerca del 80% de los
colombianos vivimos en las cabeceras municipales, es prioritario replantear su
estatuto político administrativo y su tamaño, y evidentemente es mas fácil
hacerlo que meterse primero o al mismo tiempo con las regiones. Y por supuesto
son las ciudades mas grandes las que mas lo necesitan. Como Bogotá hace medio
siglo con su Distrito Especial (hoy Capital) y años después Cartagena,
Barranquilla o Bucaramanga e incluso Pereira, que hasta en eso se ha
desempeñado mejor que Cali. ¿Qué es lo que esperamos para que al menos nos
convirtamos oficialmente en un área metropolitana? Da la impresión de que entre
nosotros pocos se han percatado del verdadero tamaño de Cali, atenidos a unos
censos que no consideran la ciudad real ni su población “flotante” y que nunca
han sido confiables, o que preferimos no ver hasta adonde se ha extendido para
beneficio de unos pocos. Y tampoco entendemos que sin un territorio claramente
definido y controlable es muy difícil lograr un mínimo de orden y dar mas seguridad
y calidad de vida a sus ciudadanos.
Columna publicada en el diario El País de Cali 09.10.2008
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