En El hombre que no fue jueves, 2014, encontramos de nuevo personajes conocidos, como los papas Alejandro VI, Pio XI, Juan XXIII, Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, y otros por leer como Gilbert Keith Chersterton, y con las mismas pederastia, homosexualismo y negociados que se entreveran con los muchos crímenes de la Curia Romana, y que el hoy Papa Francisco trata de controlar con peligro de su vida por supuesto.
Pero hay un nuevo crimen alrededor del cual Constaín arma su novela: la mentira. En este caso la de los santos, pues la verdad es que la Iglesia Católica, como todas las religiones, está levantada sobre un andamiaje de mentiras. A la pregunta de que cómo se origino el universo ya se acepta que fue el Big Bang, pero de inmediato preguntan los dogmáticos que quien lo creó, y a la respuesta de que aun no se sabe, sin pensar dicen que fue Dios ¿Cuál? pues cabe igualmente la misma pregunta ¿Quién los creo? ¿Cuál es el único si los demás también dicen serlo?
Por su parte Chersterton (1874-1936), como lo retrata Constaín, tan bien que nos convence, “era la especie más extraña y peligrosa y excepcional que pueda darse dentro del cristianismo, es decir, un cristiano de verdad. “ En fin, como lo pone en boca del historiador vienés Fritz Saxl (1890-1948), “Hay momentos en no decir nada es la peor manera de decir las cosas.”
Y lo que hay que decir ahora es que las religiones se basan en expresiones o manifestaciones contrarias a lo que se sabe, se cree o se piensa, y hacerlo constituye un delito grave en contra de su propia ley como es el caso de la Iglesia de Roma: “No dirás falso testimonio ni mentirás”. Sin embargo, al diablo lo que es del diablo, en ¿Por qué soy católico?" Chersterton afirma que:
“No hay ningún otro caso de una continua institución inteligente que haya estado pensando sobre pensar durante dos mil años. Su experiencia naturalmente cubre casi todas las experiencias, y especialmente casi todos los errores. El resultado es un mapa en el que todos los callejones ciegos y malos caminos están claramente marcados, todos los caminos que han demostrado no valer la pena por la mejor de las evidencias; la evidencia de aquellos que los han recorrido”.
Pero como dice Juan Esteban Constaín en la dedicatoria de su novela, esta es también “sobre el milagro de quererse”. Y tambien, se podría agregar, es igualmente sobre el milagro de Venecia a la que el nos lleva a querer de nuevo. En fin, como nos recuerda que lo recordaba Casanova en sus memorias, Agustín de Hipona advertía que: “Cuidado con aquel que no ha leído más que un libro”.
Esta “coda” agrega un cuarto libro a este alegato sobre los crímenes de la Iglesia, y otra gota a Marca de agua, 1992, el bello libro de Joseph Brodsky sobre Venecia. Einstein reclamaba que si él estuviera equivocado con un solo libro bastaría para demostrarlo, pues se trataba de la verdad demostrable de la ciencia, y el punto es que muchísimos crímenes propiciados por la religiones se han demostrado.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 17.06.2014
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