Con
la aparición de las ciudades las mujeres dejaron de tener que estar recluidas
en sus hogares vigilando el fuego, cuidando hijos, tejiendo, ocupándose de
cocinar y recolectando frutos cercanos, es decir ocupándose de la vida mientras
los hombre iban de caza o a la guerra, de la
que si regresaban traían algún botín y nuevas mujeres. Con las ciudades
las mujeres pudieron además ir a mercados, ágoras, foros, plazas y bazares
recorriendo las calles, y lo hicieron cada vez mas a partir del siglo XIX
cuando se dejaron ver por los nuevos paseos, alamedas y bulevares, y para ir
también al teatro, la ópera y después al cine, o con la disculpa de llevar a
sus hijos al parque. Pero es apenas en el siglo XX cuando comienzan a hacerlo
deliberadamente pues en cuanto circulamos por las calles casi todos
ineludiblemente miramos a los demás y muchos aprovechan para mostrarse,
especialmente las mujeres, lo que en ciudades cono Rio de Janeiro o
Barranquilla tiene su cúspide en su carnaval, mientras que en otras como Cali es
casi lo único que queda para ver en sus maltrechas calles menos mal todos los
días.
Las caleñas, aunque muchas vengan de
otras partes, cada vez caminan mas desinhibidas como en Ámsterdam, mas rápido,
como las neoyorquinas, con mas propiedad, como las madrileñas, pisan mas duro
como las parisinas, y se destapan mas y mejor que las cariocas pero moviendo su
cuerpo como en ninguna otra parte salvo antes las huríes de la Alhambra en
Granada que tuvieron que ser así. Hecho que Humberto Valverde atribuye al culto
de las caleñas por la salsa, pero que ante todo es un asunto de carácter y de
actitud ante la vida, la vida en las ciudades y hoy en día desde luego Qué
importante sería para los arquitectos que diseñan, casi todos hombres pese a
que mas de la mitad de los estudiantes de arquitectura son mujeres, saber cómo
perciben la mujeres el espacio urbano arquitectónico. Y desde luego es penoso
lo poco que consideran las evidentes diferencias ergonómicas y proxémicas que
diferencian a las mujeres de los hombres en tanto usuarios de sus edificios; no
es si no entrar a cualquier baño público.
Las mujeres en la
calle, incluyendo a las mujeres de la calle, son un hecho puramente urbano poco
estudiado como tal, al punto de que los trabajos sobre la prostitución se desligan
de las ciudades en tanto artefactos, y con frecuencia hablar de mujeres es mal
interpretado pese a que son con el clima y el paisaje lo mas reconfortante de
esta ciudad. Su poca y vaporosa ropa o ahora sus “jins” muy apretados,
bajos y llenos de prometedores agujeros o deliciosamente cortos, o esas
minifaldas como mágicas, tienen que ver con la brisa que refresca la tarde
acompañando la cadencia de sus caderas mientras miran al frente adueñándose
eróticamente de la ciudad. Pero es que muchos en Cali ni siquiera ven el paisaje ni disfrutan del
clima. Las miran con morbo y creen que si las mujeres son bonitas no pueden ser
inteligentes y no se han dado cuenta de que son mas trabajadoras,
serias, estudiosas y eficientes. Pero por supuesto las hay que llevan botas de invierno y suben sus
carros a los andenes como cualquier “traqueto”; es la pérdida del buen
comportamiento en la ciudad y su relación simbiótica con el clima y el paisaje.
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