20.11.2014 Columnas y premios

Sin duda es bien merecido el premio de periodismo Simón Bolívar, en la
categoría de Crítica de Periodismo Escrito, a Julio César Londoño.
Como el mismo lo dice, las ventajas de tener una población bien
informada son obvias, y gracias a las redes sociales las personas
pueden tomar mejores decisiones. Lo cual desde luego no quiere
significar que siempre sean las acertadas, y cita varios casos muy
conocidos en que no resultaron tales, pero advierte que el que la
primavera árabe “se haya marchitado con la celeridad de una rosa de
florero [es] harina de otro costal.” Como concluye: “Desconocer hoy el
peso de la opinión pública no es ético.” (Periodismo científico, El
País, 13/11/2014).

“Los objetivos del periodismo –escribe Londoño- son eminentemente
sociales: formar la masa crítica necesaria para la realización de
debates amplios sobre investigaciones polémicas, brindar al hombre de
la calle la oportunidad de satisfacer su pulsión natural de
conocimiento [y] si se logra que un buen número de personas tengan una
comprensión aceptable de [esos] temas, estas personas actuarán como
multiplicadores de información en sus comunidades. De esta manera […]
la opinión pública tendrá voz y voto en el debate. Si no, las grandes
decisiones seguirán tomándose a puerta cerrada, al arbitrio de la
ambición del industrial, la vanidad del científico y el ajedrez de la
política.”

De otro lado, en las columnas de opinión, como se decía en ¿Lectores o
“foristas”? (programalallave.com, Cali 05/03/2013): “Su redacción y
estilo, su “poesis” (no su poesía, en la que no deben intervenir los
correctores de estilo, igual que en el “exceso” de erudición), es
clave como en las impecables columnas de [Antonio] Caballero, o las de
Daniel Samper Pizano en El Tiempo. O las de Julio Cesar Londoño en El
País o El Espectador, que se pueden leer por el puro placer de hacerlo
pues son como buenos cuentos, y uno termina por enterarse de cosas
buenas o malas y de las sesudas críticas que el autor les hace a esas
cosas. Incluso algunas son puros cuentos” (como, Ernesto Roth, de
Londoño en El País, 25/10/2013).

Y como igualmente dice Londoño: “Frente al estilo que debe seguir el
periodista científico, hay por lo menos dos posiciones: la ortodoxa,
que es partidaria de abordar los temas con un lenguaje plano, y la
poética, defendida por los que prefieren que la divulgación científica
esté en manos de periodistas con buena formación en letras. A los
ortodoxos les preocupa la tendencia de los poetas a “sacrificar un
mundo para pulir un verso”. [pero] el ortodoxo [puede] falsear los
resultados de la ciencia […] por incapacidad verbal.”

Al respecto hay que comprender que la información bibliográfica que
suelen incluir cada vez mas columnistas, (autor, texto, fecha y hasta
pagina) no es apenas un elemental respeto por los responsables de las
ideas o de las frases citadas, textualmente o no, sino que constituye
una valiosa información para los lectores que deseen profundizar en el
tema respectivo o sencillamente verificar la información. Por lo
tanto, es necio decir que dificulta la lectura, cuando en realidad la
está enriqueciendo, o que es una demostración de erudición, como si
esta lo fuera per se. Y por supuesto es claro que hay que buscar
escribir con gracia: como Londoño, y de ahí la pertinencia del premio.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 20.11.2014
   

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