Lo cultural abarca las artes visuales, incluyendo la arquitectura que lo es pero no solamente ya que también es técnica, varias, junto con la música, la literatura, y la información y la educación, que no son lo mismo como creen los mal informados. Lo social incluye el trabajo, la vivienda, la salud, el deporte y la recreación. Lo económico tiene que ver con la industria, el agro, la minería, el comercio y lo financiero. Lo político se ocupa, o debería hacerlo, de las leyes, la administración, la justicia, el control y la seguridad. Lo urbano abarca la región, el equipamiento, los servicios públicos, la movilidad y la arquitectura que las conforman., o mejor lo construido ya que cada vez su arte lo es menos.
La vivienda, en propiedad, alquilada, temporal, ocasional o definitiva (la tumba)es al tiempo un hábitat biológico y cultural. El trabajo, independiente, permanente, temporal, ocasional o voluntario, demanda sus propios espacios pero cada vez más se puede realizar en parte en las viviendas mismas. La educación es la preescolar, la primaria, el bachillerato, la técnica y la universitaria, con espacios diferentes pero apoyadas todas en sus respectivas bibliotecas, a las que se suman las públicas. La recreación no se resuelve apenas con salas para música y teatro, y escenarios para el deporte, ya sea ocasional, aficionado o profesional, sino que debe estar presente en calles , plazas y parques.
La salud no es, no lo debería ser, solamente la de los puestos de salud (que lo deberían ser todas las farmacias como antes lo eran las boticas y su de todo como en botica), ni los hospitales, acabando con esa dualidad social entre clínica particular y hospital público, sino principalmente la que inducen esos puntos, líneas, superficies y espacios de una arquitectura que conforma espacios urbanos públicos que se recorren en el tiempo sin atropellos físicos y visuales en las calles, ni ruidos y olores ajenos en los edificios, garantizando una mejor calidad de vida es decir: salud de verdad pues incluye la mental tan importante por lo demás para la del cuerpo.
Lo contrario es la corrupción y la inseguridad -mejor llamarla violencia- que asola las ciudades tolerada por un régimen presidencialista absurdo pues quienes deciden “el que” no pueden escoger “quien” se encargue. Hay que pensar en uno parlamentario, civil y laico; y en futuros candidatos a la presidencia como Sergio Jaramillo Caro, quien justamente por no serlo demuestra su seriedad de filosofo en contra de esa farsa apoyada en una retórica casual de los que pretenden ser ahora políticos sin saber nada de la polis, o la de los que están en contra sin saberlo tampoco. Solo existe un bien: el conocimiento, y un mal: la ignorancia, decía Sócrates, y la única verdad es la realidad puntualizó Aristóteles.
Columna publicada en la revista virtual caliescribe.com. 23.09.2017
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