03.05.2007 Verdades incomodas


Hace apenas medio siglo se nos repetía que había que tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. 25 años después muchos se dieron cuenta de que habíamos talado muchísimos árboles, dejado de leer libros y tenido demasiados hijos (Laurence J. Peter: El plan de Peter, 1975). Entre todos, unos más que otros, dañamos el planeta pero, como siempre, los mayores responsables serán los que sufrirán menos. Se lo entiende con claridad viendo el impactante documental de Al Gore, “convenientemente” anunciado en los cines de Cali como “la película más terrorífica que jamás hayas visto” pese a que no es una película ni de ciencia ficción y menos de horror. Mucho de lo que allí se muestra es fácilmente comprobable: no es sino, por ejemplo, volar temprano a Bogotá y ver en lo que han quedado nuestros nevados. Y por supuesto lo que horroriza es la codicia y miopía de los que no se quieren dar por enterados, pues por ahora no les conviene, de que el calentamiento global es una realidad que nos afectará a todos más temprano que tarde, incluyendo a sus hijos.

Hoy lo que es urgente es sembrar muchos árboles y consumir solo madera cultivada, y recordar que, como lo dijo Borges, no somos lo que hemos escrito sino lo que hemos leído. Pero también ayudarían mucho unos pocos pequeños grandes cambios. Reemplazar los bombillos incandescentes por pequeñas lámparas fluorescentes de luz cálida. Escoger carros más eficientes y tener siempre sus llantas con la presión indicada, y usarlos menos caminando más y recurriendo al transporte colectivo. Reciclar más cosas. Clasificar la basura. No desperdiciar criminalmente el agua potable. Gastar menos agua caliente. Apagar los equipos electrónicos cuando no estén en uso. Rechazar los productos con un exceso de empaque (o que este sea usable para otra cosa o reciclable). Elegir vestidos y horarios acordes con el clima. Preferir productos locales. Y construir edificios bioclimáticos. En fin, ser parte de la solución y no del problema, como nos recomiendan en www.climatecrisis.net.

Pero lo más importante es de lo que menos se habla pues es inconveniente para las creencias y costumbres de muchos, o simplemente se desconoce. Después de milenios de crecer muy lentamente, la población humana del planeta se disparó en el último siglo de la mano del desarrollo tecnológico, y con ella la de unos pocos animales y vegetales domesticados, provocando que muchísimas otras especies estén desapareciendo rápidamente. Éxito que paradójicamente nos puede llevar al colapso. De unos pocos pasamos a más de seis mil millones, y la mayoría quiere consumir cada vez más. Todo un pecado, este si mortal, al que lleva todavía en buena parte del mundo el fundamentalismo de muchas jerarquías religiosas, como lo señaló Aura Lucia Mera en su columna sobre el Choco, y costumbres sociales suicidas. Hoy hay que tomar como un imperativo lo de tener solo un hijo pues por delante de todas las amenazas medioambientales está el exceso de población. Y, primero que todo, evitar los niños no deseados mediante una mejor educación sexual, facilitando el uso de contraceptivos y legalizando el aborto en donde aún no lo haya sido.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 03.05.2007

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