15.02.2007 El mundo se acaba


No se trata del planeta ni del fin de la especie humana. Apenas que está amenazada la vida “civilizada” a la que nos acostumbramos en el siglo XX. Y no se trata de adivinar el porvenir si no de conectar lo que de él se viene viendo. Como la disminución de la mortalidad infantil y el aumento del promedio de vida en todas partes, lo que llevó a un acelerado crecimiento demográfico, concentrado hoy en las regiones más sub desarrolladas. O el consumo exagerado de combustibles de origen fósil en países como Estados Unidos y el rápido aumento de la capacidad de imitarlos de otros muy poblados como India y China. Mucha más gente consumiendo muchísimo más ha disparado la contaminación de la atmósfera y del agua dulce, el agotamiento de esta, el aumento de las basuras, la deforestación, desertización y el deshielo, y la desaparición de muchas especies animales y vegetales. Los inviernos son ahora más fríos y los veranos más calientes, las inundaciones más fuertes y las sequías más prolongadas; aumentan los huracanes destructores y sería catastrófico si finalmente sube el nivel del mar.
De todo esto se ha hablado mucho y hace años se comenzaron a tomar medidas al respecto pero ninguna se ha generalizado lo suficiente. Como el Protocolo de Kyoto, que Estados Unidos, el mayor contaminante del mundo, se ha negado a firmar. Además hay otro tipo de situaciones cuyo efecto negativo sumado puede ser fatal. Que se agote el petróleo antes de que sean económicas otras fuentes de energía no contaminantes. O la amenaza de una pandemia facilitada por la globalización. O los desplazamientos forzados de la gente. O el terrorismo cada vez más internacional, con más jóvenes fundamentalistas dispuestos a inmolarse y con más acceso a más armas más letales y de mayor y más amplio impacto en la población. Y desde luego es cada vez mayor la posibilidad de “pequeñas” guerras con armas nucleares (para no hablar de la III Guerra Mundial). Y todo esto afecta en primera instancia a las ciudades, en donde ya no tenemos más remedio que vivir más del 50% de los seis mil millones de habitantes de La Tierra; y casi el 80% en el caso de Colombia.
            Paradójicamente este país, que es uno de los que tiene más agua dulce en el mundo, que comparte la extensa selva y biodiversidad de la cuenca del Amazonas, y que cuenta con climas benignos en los que todo crece y se puede habitar muy bien con un mínimo de energía, tendría más problemas. Sus recursos naturales pasarían a ser vitales para los que carecen de ellos. Sobre todo ahora que estamos rodeados por vecinos con gobiernos populistas o totalitarios, y que el narcotráfico se ha apropiado de parte de sus mejores tierras y penetrado, mediante su violencia y corrupción, nuestra sociedad, economía, política y cultura. Por eso en Cali, que para peor de males está en una zona de alto riesgo sísmico, necesitamos un Alcalde que se preocupe también por estos asuntos, que la mayoría ve suicidamente muy lejanos o como de ciencia ficción. Pero antes que proponer candidatos supuestamente ideales lo que deberíamos hacer es informarnos mejor para que todos aprendamos a votar bien antes de que el mundo acabe mal.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 15.02.2007 

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