12.07.2001 Las ciudades y la economía

Jean-Jacques Rousseau, que simplemente no las quería, afirmaba en 1762 que las grandes ciudades son las que exprimen el Estado y causan sus pesadillas: "la riqueza que ellas crean es aparente e ilusoria". Muchos le creyeron, pero al parecer el crecimiento de las ciudades, que están hoy resurgiendo por todas partes, desafía todos los intentos de limitarlo y es económicamente saludable y culturalmente benéfico tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo. Tal parece que en siglo XXI la unidad más relevante de producción económica, organización social y generación de conocimientos será la ciudad, tanto si son viejas como recientes. Los estados nacionales seden terreno frente a las regiones y estas frente a sus polos urbanos; y el patriotismo dogmático frente a la pluralidad y lo cosmopolita.

El aumento de la población no es por supuesto la misma cosa que el desarrollo económico. La concentración de pobreza y problemas en las ciudades de Estados Unidos, un país que avanza rápidamente en la era posindustrial, lo confirma. De otro lado, las comunicaciones modernas disminuyeron la ventaja más obvia de las ciudades cual es la proximidad física de sus habitantes. Pero el hecho es que las ciudades no solamente están aumentando de población sino en importancia económica. En los países en desarrollo participan de una cantidad cada vez mayor del ingreso nacional, llegando a aumentar su participación a una rata el doble de la de su aumento de población. Lima, que tiene un poco más del 25% de la población del Perú, genera casi la mitad de los ingresos del país. Sao Paulo, que tiene apenas el 10% de la población del Brasil, contribuye con casi el 40% de sus ingresos. En las dos últimas décadas las ciudades se han visto ayudadas por el cambio de la naturaleza de su actividad económica, como es precisamente el caso de Bilbao. Y se han visto beneficiadas por el aumento en el gasto a partir de 1980 generado por el aumento del turismo en las áreas centrales de muchas ciudades, el que ya no se limita solamente a los cascos históricos de las ciudades tradicionales, sino que busca nuevas experiencias en nuevas ciudades como Las Vegas. Pero por encima de todo, las ciudades se han beneficiado de la expansión de la industria financiera mundial. Las finanzas y sus actividades laterales son negocios propios de las ciudades, y particularmente de tres de ellas: Tokio, Nueva York y Londres.

Por otro lado, algunos piensan que en los países subdesarrollados las megaciudades son un serio inconveniente para su desarrollo, ya que la agricultura, creen, es su única solución posible y que las ciudades (contra toda evidencia) han sobrevivido a su utilidad. Pero la realidad es que muchos países en desarrollo han gastado una gran proporción de sus recursos en proveer a sus grandes ciudades de comida barata y costosas infraestructuras para beneficiar a los trabajadores al servicio del Estado, pero también pensando que el desarrollo industrial en las ciudades es lo mejor para sus países. Otras críticas que se hacen a las ciudades es que son muy costosas, que incrementan el desempleo y el crimen y que desperdician enormes cantidades de dinero. Sin embargo Nueva York, que hace poco más de una década era la ciudad más peligrosa de las grandes ciudades de Estados Unidos hoy es la más segura. Y lo mismo paso con Nueva Orleans, y, entre nosotros, con Bogotá que, a partir de las medidas al respecto tomadas por Mockus hace seis años, no solo disminuye su inseguridad, sino que (al parecer independientemente de todo esto) mueve al menos la mitad de la economía del país. Por eso se vende allí más de la mitad de la gasolina y por eso la guerrilla no la afecta directamente pues es solo una cuestión de oferta de trabajo, de buen trabajo para los desplazados por la violencia o los que buscaban mejores condiciones de vida y ese "aire de la ciudad que hace que la gente sea libre" como ya se sabia en la Edad Media. En el campo, pueblos y veredas, los desempleados y los románticos son reclutados por la "subversión" muchas veces a la fuerza. Parece que este país no supiera lo que le debe a sus ciudades (¡y a Profamilia!) y eso que no son del todo ciudades.

Columna publicada en el diario El País de Cali. 12.07.2001

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