09.08.2001 La casa
"Otro paso interior / Que no he sido..."
confiesa Hernando Socarrás. "Mi casa", precisa Neruda. Con
Constantino Kavafis "Caminando ayer por las afueras / Pasé por la
casa..."
"No
conocen la nieve nuestras casas, / no nos guardan abrigos sus armarios, / el
invierno cae lejos, no las toca..." advierte Eugenio Montejo. Como la de
Pedro Gómez Valderrama "Era la misma casa, sin duda, sin ser la misma:
parecía más joven, y a la vez más antigua." En ella,
como dice Henri Michaux: "El que no tiene más que un pequeño patio,
le pone un techo rebosante de estrellas..." "Pintada, no vacía: /
pintada está mi casa / del color de las grandes pasiones y desgracias"
grita Miguel Hernádez. Igual que la de Hanni Ossott era "...una casa
crepuscular y nocturna / casa doliente / oscilante entre la melancolía y la
ebriedad." "Nos gustaba la casa -con Cortázar- porque aparte de
espaciosa y antigua guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo
paterno, nuestros padres y toda la infancia." "...recuerdos de un
patio de Sevilla..." recuerda Don Antonio Machado. Allí yo, como Roberto
Juarroz, "Dibujaba ventanas en todas partes. / En los muros demasiado
altos, / en los muros demasiado bajos, / en las paredes obtusas, en los
rincones, / en el aire y hasta en los techos." Invisibles en su frontispicio,
las palabras de Diderot: "A nadie pertenezco y a todos; antes de entrar,
ya estabas aquí; quedarás aquí, cuando salgas." "Que entre el que
quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios
pero si la quietud y la soledad." Invita Borges. Pero solo, advierte
Alejandra Pizarnik, "Si te atreves a sorprender / la verdad de esta vieja
pared; / y sus fisuras, desgarraduras, / formando rostros, esfinges, manos,
clepsidras," "Las casas entran por el agua, / la puerta del patio
abierta a la estrella / matutina, en flor / los espinos, " dice Eugénio de
Andrade. Entremos con Alfredo Silva Estrada por "la puerta más cercana: /
un bloque de comienzo que se abre...que sea la puerta / entre el cielo y la
tierra." Y, con Luis Cernuda, "Ir de nuevo al jardín cerrado, / Que
tras los arcos de la tapia, / Entre magnolios, limoneros, / Guarda el encanto
de las aguas." Adelante: "Los reyes no tocan las puertas"
conmina Francis Ponge.
"Las
verdaderas casas del recuerdo, -dice Gaston Bachelard- las casas donde vuelven
a conducirnos nuestros sueños, las casas enriquecidas por un onirismo fiel, se
resisten a toda descripción. Describirlas equivaldría a ¡enseñarlas! " "El que desde afuera mira por una
ventana abierta, nunca ve tantas cosas como el que mira una ventana
cerrada." Parece concluir Baudelaire. Sin embargo, "Siempre quedará
una ventana donde asomarse, / Promesas por mantener, / Un árbol donde
apoyarse." Acude Andrée Chedid.
Estos
(y otros) pedazos de mi casa -que es la suya- los encontró Felipe González-Pacheco
en "La casa leída", antología de Amparo Osorio y Gonzalo Márquez
Cristo, en la cual, es inexplicable, falta "Naos" de Lawrence Durrell
("Si uno se detenía a reflexionar, podía establecer los orígenes de cada
una de las partes de la finca. Evidentemente, en sus orígenes había sido la hacienda
donde Hesíodo apacentaba su ganado. Turcos, venecianos, franceses y griegos
habían continuado la obra sin volver la mirada ni una sola vez, ampliando la
edificación y confundiendo estilos y atmósferas. Durante el reinado de Otón se
había intentado remodelarla con refinamientos totalmente absurdos. Así,
mientras se edificaba un sector, el otro se derruía. Por último, los miembros
de la familia que habían tenido la buena suerte de educarse en Francia le
habían añadido los repugnantes cincelados de hierro colado y los chabacanos
ventanales que, presumiblemente, les hacían sentir nostalgia del San Remo de
los años veinte: baldosas de Marsella, mobiliario Segundo Imperio, querubines
de yeso, molduras regordetas y roñosas. No obstante, como cada rasgo era lo
peor de su especie y de su época, el conjunto tenía cierta homogeneidad; sí,
una nobleza agreste que hacía que todos los que iban a visitarla o a morar en
ella se encariñaran con la casa."), pero nunca confesó cómo supo del libro
ni cómo llego tan rápido a Cartagena el ejemplar de la biblioteca de su papá
que allí me entregó para siempre.
Columna publicada en el diario El País de Cali. 09.08.2001
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