Por ejemplo, es tan pequeña la vírgula de la coma en la tipografía moderna, que evidentemente lo que permite diferenciarla del punto es que la coma está seguida de una minúscula, en tanto que el punto lo está de una mayúscula. Es decir que se podría eliminar la coma, no como signo de puntuación, sino simplificar su símbolo. Sería como el punto y aparte, ¡que se sabe que es aparte pues no esta seguido de nada! Eliminar una tecla en millones de teclados significaría un ahorro considerable de energía en su producción y uso, y, como se debería saber, brevis ipsa vita est.
Vale la pena, y se hará en algún tiempo. Así sucedió con el sistema decimal, en el que el valor de un numero depende de su posición a la izquierda o derecha del punto (o la coma, opción inútil en este caso que de paso se eliminaría), que reemplazó, junto con los mas sencillos números arábicos (que originalmente contaban ángulos), al engorroso sistema de numeración de los romanos, haciendo posible el desarrollo de las matemáticas por los Árabes que, precisamente, inventaron -o descubrieron- el algebra ¿o también vino de India?.
Igual pasó en la música con las cuerdas, que pasaron, en el siglo XIX, a ser apenas cuatro, interpretadas por solo tres instrumentos, pues el segundo violín es igual al primero y ni siquiera esta afinado de manera diferente. Y hoy, sin el supersimplificado y racionalizado sistema binario (uno o cero) que usan los computadores, no es posible la vida, o por lo menos tal como es ahota. Pero la simplificación y racionalización también pueden significar mejor calidad de escritura, o de vida, y eso es más importante.
En los años 30 y 40, la Bauhaus, uno de los cimientos del diseño moderno, eliminó las mayúsculas en sus textos. Si existe el punto ¿para que la mayúscula después? Se eliminaban 32 posibilidades (todas las mayúsculas) pero se ahorraba tan solo una tecla o si mucho dos, (los teclados las tienen a lado y lado). Por eso esta iniciativa fracasó, como fracasó el esperanto y la ciudad moderna, o al menos su vulgarización, que es lo que se hace aun en Cali. Quedó la posibilidad de hacer bellos títulos en solo minúsculas, pues sería un error eliminar la coma y no solamente simplificar su símbolo.
Pero, como Octavio Paz pensaba, “nada le gana a uno más animadversiones que haber tenido razón antes que los demás” (Fernando Savater: Las ciudades y los escritores, 2013. p. 176). Y Marguerite Yourcenar fue mas lejos cuando puso en boca del Emperador que tener razón antes de tiempo es igual que equivocarse (Memorias de Adriano, 1951). Espero estar equivocado, es decir, tener razón, y El otoño del patriarca, sin un solo punto y aparte - o casi-, por supuesto no es una excepción. Para no hablar de las tildes, muchas innecesarias pues todo el mundo sabe que uno no come Papas ni papas, solo papas. “Be, or not to be”, simplemente.
De otro lado, la forma de usar la puntuación evidentemente califica contenidos, estilos y autores, como las larguísimas pero impecables frases de Proust, contrarias a la recomendación de Humberto Eco en el sentido de poner todos los puntos que se pueda (Como se hace una tesis, 1977). Claro, una tesis es una cosa y una novela otra, pero entonces ¿es que las novelas no son “precisas” o que son los puntos los que hacen “falseable” una teoría y por lo tanto científica?. ¡Claro que no! Además, como dice Julio Cesar Londoño, “a los artistas no los sorprenden los sucesos extraordinarios; es la realidad la que siempre los toma desprevenidos.” (Los geógrafos, 1999. p.79)
Y faltaría hablar de los signos de interrogación y admiración, los guiones y paréntesis –hay varios- las comillas, los dos puntos, y el punto y coma; y……los puntos suspensivos, que son tres. Como dice Juan Leonel Giraldo, ”…solo los buenos escritores saben que poner una coma es todo un arte, un arte absolutamente personal…” que para Giuseppe Tomasi di Lampedusa, (18961 -1957), por ejemplo, era un asunto musical y no gramatical (en E. Santos Calderón, y, A. Caballero: Mano a mano, 2004, p. 15). Al fin y al cabo, "plus ça change, plus c’est la même chose" escribío Alphonse Karr en Les Guêpes, en 1849, frase a la que el Principe de Lampedusa le cambio lengua y musica para su citada cita: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi".
En fin, se trata del conjunto de los signos que sirven para puntuar, es decir, usarlos con intención, y cuyo análisis debería ser mas usual en la critica literaria si no fuera por que los críticos literarios lo que quieren en el fondo es escribir; escribir sobre lo escrito, lo que justamente consiste en representar ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. Lo que quiere decir que la culebra se muerde la cola en el ciclo eterno de las cosas, y que es un esfuerzo inútil, ya que vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo. Inútil no, sirve para escribir un ensayo sobre como se escribe la escritura, y no apenas sobre ella: “sacanagem mesmo”.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 10.09.2013
Vale la pena, y se hará en algún tiempo. Así sucedió con el sistema decimal, en el que el valor de un numero depende de su posición a la izquierda o derecha del punto (o la coma, opción inútil en este caso que de paso se eliminaría), que reemplazó, junto con los mas sencillos números arábicos (que originalmente contaban ángulos), al engorroso sistema de numeración de los romanos, haciendo posible el desarrollo de las matemáticas por los Árabes que, precisamente, inventaron -o descubrieron- el algebra ¿o también vino de India?.
Igual pasó en la música con las cuerdas, que pasaron, en el siglo XIX, a ser apenas cuatro, interpretadas por solo tres instrumentos, pues el segundo violín es igual al primero y ni siquiera esta afinado de manera diferente. Y hoy, sin el supersimplificado y racionalizado sistema binario (uno o cero) que usan los computadores, no es posible la vida, o por lo menos tal como es ahota. Pero la simplificación y racionalización también pueden significar mejor calidad de escritura, o de vida, y eso es más importante.
En los años 30 y 40, la Bauhaus, uno de los cimientos del diseño moderno, eliminó las mayúsculas en sus textos. Si existe el punto ¿para que la mayúscula después? Se eliminaban 32 posibilidades (todas las mayúsculas) pero se ahorraba tan solo una tecla o si mucho dos, (los teclados las tienen a lado y lado). Por eso esta iniciativa fracasó, como fracasó el esperanto y la ciudad moderna, o al menos su vulgarización, que es lo que se hace aun en Cali. Quedó la posibilidad de hacer bellos títulos en solo minúsculas, pues sería un error eliminar la coma y no solamente simplificar su símbolo.
Pero, como Octavio Paz pensaba, “nada le gana a uno más animadversiones que haber tenido razón antes que los demás” (Fernando Savater: Las ciudades y los escritores, 2013. p. 176). Y Marguerite Yourcenar fue mas lejos cuando puso en boca del Emperador que tener razón antes de tiempo es igual que equivocarse (Memorias de Adriano, 1951). Espero estar equivocado, es decir, tener razón, y El otoño del patriarca, sin un solo punto y aparte - o casi-, por supuesto no es una excepción. Para no hablar de las tildes, muchas innecesarias pues todo el mundo sabe que uno no come Papas ni papas, solo papas. “Be, or not to be”, simplemente.
De otro lado, la forma de usar la puntuación evidentemente califica contenidos, estilos y autores, como las larguísimas pero impecables frases de Proust, contrarias a la recomendación de Humberto Eco en el sentido de poner todos los puntos que se pueda (Como se hace una tesis, 1977). Claro, una tesis es una cosa y una novela otra, pero entonces ¿es que las novelas no son “precisas” o que son los puntos los que hacen “falseable” una teoría y por lo tanto científica?. ¡Claro que no! Además, como dice Julio Cesar Londoño, “a los artistas no los sorprenden los sucesos extraordinarios; es la realidad la que siempre los toma desprevenidos.” (Los geógrafos, 1999. p.79)
Y faltaría hablar de los signos de interrogación y admiración, los guiones y paréntesis –hay varios- las comillas, los dos puntos, y el punto y coma; y……los puntos suspensivos, que son tres. Como dice Juan Leonel Giraldo, ”…solo los buenos escritores saben que poner una coma es todo un arte, un arte absolutamente personal…” que para Giuseppe Tomasi di Lampedusa, (18961 -1957), por ejemplo, era un asunto musical y no gramatical (en E. Santos Calderón, y, A. Caballero: Mano a mano, 2004, p. 15). Al fin y al cabo, "plus ça change, plus c’est la même chose" escribío Alphonse Karr en Les Guêpes, en 1849, frase a la que el Principe de Lampedusa le cambio lengua y musica para su citada cita: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi".
En fin, se trata del conjunto de los signos que sirven para puntuar, es decir, usarlos con intención, y cuyo análisis debería ser mas usual en la critica literaria si no fuera por que los críticos literarios lo que quieren en el fondo es escribir; escribir sobre lo escrito, lo que justamente consiste en representar ideas con letras u otros signos trazados en papel u otra superficie, como dice el Diccionario de la Real Academia Española. Lo que quiere decir que la culebra se muerde la cola en el ciclo eterno de las cosas, y que es un esfuerzo inútil, ya que vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo. Inútil no, sirve para escribir un ensayo sobre como se escribe la escritura, y no apenas sobre ella: “sacanagem mesmo”.
Columna publicada en el portal de opinión www.programalallave.com. 10.09.2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario