Columna publicada en el diario El País de Cali 23.09.2004
23.09.2004 Terrorismo
Si entendemos la guerra en tanto que la extensión de
la política por otros medios, como bien la definió el general prusiano Karl von
Klausewitz en su celebre tratado del Siglo XIX (De la Guerra), quien luchando
contra su propio país no hacía mas que utilizar la guerra para liberarlo del
yugo francés, entonces el terrorismo vendría a ser el extremo de esos medios,
que por consiguiente son diferentes a los de la guerra y desde luego a los de
la política, pero no totalmente ajenos a ellos.
En
la medida en que busca precisamente aterrorizar a muchos para lograr un propósito
que no se puede lograr solo con la política ni aun con la guerra, es
necesariamente un hecho urbano. En el campo hay asesinatos y masacres pero por
su baja densidad habitacional no es posible aterrorizar a mucha gente, a menos
de que se realice en una cabecera municipal o en una sencilla vereda el día de
mercado con lo que comienza ha ser urbano. Es decir que afecta a la mitad de la
población del mundo, que es la que actualmente vive en las ciudades sin
posibilidad de volver al campo.
Y forzosamente moderno pues si bien se puede disparar
una guerra matando a un archiduque con una simple pistola, que mas que
terrorismo es un magnicidio, ahora unos cuantos terroristas, uno por cada
avión, digamos, pueden engañar a 15 fundamentalistas mas, diciéndoles que se
trata de secuestros masivos, y estrellar a gran velocidad y casi al mismo
tiempo tres grandes aviones repletos de combustible altamente explosivo contra
las Torres gemelas y el Pentágono.
Esto es lo aterrador del terrorismo actual: no mas de
25 terroristas (contando los que posiblemente no estaban suficientemente
enterados) pueden matar cerca de 3.000 personas, destruir varios edificios
entre los que se contaban dos de los mas grandes y altos del mundo y
aterrorizar a millones de ciudadanos gracias al enorme desarrollo de la
tecnología en el ultimo siglo. Con todas las consecuencias de las que llevamos
tres años quejándonos y que van desde la incomodidad y dificultad de viajar
hasta la guerra de Irak y la caída de Aznar.
Pero lo mas aterrador es que tal parece que los
terroristas, sobre todo los que se inmolan, encuentran su satisfacción mas en
el ejercicio de su poder que en sus logros, los que casi nunca obtienen. Son
como esos violadores que derivan su placer no en el sexo sino en el terror que
causan. En todo caso son personas enfermas, o, si se quiere, incivilizadas, si
se entiende que la ley y la política son inventos del hombre para controlar su
natural comportamiento animal al que desde el inicio de la humanidad su otro
gran invento, la tecnología, le ha permitido llegar a peligrosísimos extremos
ahora que sus posibilidades ya no son solo de película.
No se sabe bien que pasó con el cuarto avión, pero
algo parece indicar que los pasajeros decidieron no ir al matadero como ovejas.
Haya o no sido así, lo que es claro es que contra el terrorismo no se puede
luchar solo con los medios de la política y ni siquiera con los de la guerra.
Que lo decisivo es lo que hagamos los ciudadanos frente a él. O nos comportamos
individualmente metiendo la cabeza en un hueco para ignorar lo que nos amenaza,
que es lo que hacemos en Colombia, o nos unimos como ciudadanos modernos del
mundo. Pero el problema es que aquí y en muchas partes aun somos poco
ciudadanos y poco modernos-
Columna publicada en el diario El País de Cali 23.09.2004
Columna publicada en el diario El País de Cali 23.09.2004
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