Columna publicada en el Diario El País de Cali 15.09.2005
15.09.2005 El gusto
Como diría Karl Popper, preguntar qué es el
gusto es tan inoficioso como preguntar que es la vida. Lo importante son los
hechos y las hipótesis que, mediante su critica y la experimentación, poco a
poco dan cuenta de ellos. Se dice del gusto (del latín gustus ) que es la
"facultad de sentir o apreciar lo bello o lo feo" o, “la cualidad,
forma o manera que hace bella o fea una cosa” pero también es la "manera
de apreciar las cosas cada persona". El mal gusto, por ejemplo, imposible
de definir, tiene que ver probablemente con lo falso, el desorden, la
promiscuidad, la redundancia y el facilísimo; también con el horror al vacío,
la soledad, el silencio, lo blanco, lo sencillo o liso, a lo recto,
equilibrado, vertical u horizontal, a lo continuo...en general, lo contrario
del buen gusto… pero no siempre.
Hasta donde sabemos, el hombre es en el universo
conocido el único ser auto conciente y por eso hace ciencia. Pero tambien crea
arte, lo que no es tan claro, si bien comparte con otros animales el gusto en
el sentido de que elige ¿todos quizás? Prácticamente todas sus decisiones, a
excepción de las científicas, y eso, están determinadas en buena parte, si no
totalmente, por el gusto (los matemáticos y físicos teóricos hablan de simetría
y belleza). Cuantos no escogemos las cosas por el empaque: desde las mujeres y
hombres hasta los remedios y carros; en eso se basa la trampa de la publicidad
y el mercadeo. Detrás de nuestras vestimentas (en realidad la mayoría son
disfraces), comida, costumbres, muebles y adornos, casas y ciudades está
agazapado nuestro gusto particular.
Hace unos 35.000 años cuando el hombre actual
sustituyo en Europa Occidental al de Neanderthal, comenzaron a aparecer objetos
de joyería y pinturas en cavernas en lo que actualmente es España y Francia,
patrón que se repitió por todas partes (The Economist: The biology of art.
Abril, 1999). La aparición del homo sapiens coincide con la del arte lo que, de
diversas maneras, implica el gusto. Algunos piensan que se trata de un mero
accidente en el proceso del conocimiento humano que permitió que estos nuevos
hombres, ya erguidos, vieran el mundo de una manera diferente lo que les hizo
posible aumentar considerablemente las posibilidades de seleccionar y escoger,
y de hacer representaciones mágicas de ese mundo, las que lo llevaron a crear
arte. Es claro que cambios como estos explican el éxito de la especie, que dejo
atrás otros homínidos, y su predominio en el planeta.
Pero ¿como conciliar la libertad y el
individualismo, propios del arte, cuando se realiza en espacios públicos, por
ejemplo? Es fácil comprobar que las diferentes culturas no solo hablan
diferentes lenguas sino que habitan mundos sensorios distintos (Edward T. Hall:
La dimensión oculta, 1966); la tamización cultural selecciona lo que se percibe
a través de los sentidos evidenciando unas cosas y ocultando otras. El uso que
el hombre hace del espacio, y en consecuencia de las ciudades y edificios, se
debe a este proceso de selección que da forma al gusto participando de un
moldeamiento mutuo. Así lo percibió con lucidez Sir Wiston Churchill cuando se
opuso a la construcción de un nuevo edificio para reemplazar Las Casas del
Parlamento (1835), de Sir Charles Barry, muy dañadas durante la guerra; no
quería que la arquitectura modificara a la política.
Columna publicada en el Diario El País de Cali 15.09.2005
Columna publicada en el Diario El País de Cali 15.09.2005
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